Carnavales de Rosario y La Paz: entre viejos Mascaritos y nuevas Comparsas

Como todos los años, hace algunas semanas estuvimos presentes en el interior, esta vez en los Carnavales de Rosario y de La Paz, en Colonia, donde perduran, en relativa agonía, los Mascaritos y los Entierros del Carnaval.

Hay muchas formas en las cuales se expresa el Carnaval en el Uruguay: el “espectáculo” del largo Carnaval de Montevideo de murgas y comparsas organizadas en el Concurso de Carnaval y como el mayor negocio publicitario del país por encima del futbol; el Carnaval de la Frontera (Artigas, Rivera y Melo), donde predominan las escuelas de samba, las vedetes y batucadas con desfiles similares al estilo de Brasil; el de las Llamadas del Barrio Sur con comparsas de negros y lubolos; o el del Carnaval del interior caracterizado por sus Mascaritos y Entierros fúnebres irónicos. 

Como todos los años, hace algunas semanas estuvimos presentes en el interior, esta vez en los Carnavales de Rosario y de La Paz, en Colonia, donde perduran, en relativa agonía, los Mascaritos y los Entierros del Carnaval. 

Aun con tradiciones distintas, tienen huellas similares. Rosario es la única ciudad del Departamento fundada por la Corona Española, por Benito Herosa en 1775, con familias provenientes  de España, mientras que La Paz, a pocos kilómetros fue fundada en 1858 y es considerada la “Villa Madre” de la colonización de los Valdenses del Piamonte,  del norte de Italia en zona fronteriza con Francia y Suiza, en el Río de La Plata. En ellas sus Carnavales se caracterizaban por las tradiciones de Mascaritos, pero que han ido cambiando a medida que se han ido creando comparsas en las diversas ciudades de Colonia como en Rosario, Tarariras y Juan Lacaze, y que los gobiernos han  financiado incluso no solo el traslado y la presencia de las comparsas del Departamento, sino también de las agrupaciones carnavalescas montevideanas, más grandes, con mejores vestuarios y escenografías, más filas de tamboriles y más profesionales en su actuación. 

 

Junto a la Comisión del Carnaval de Rosario que coordina Ana Clara Salaberry, este año hemos promovido un premio a los mejores Entierros y Mascaritos, para contribuir a reflotar estas expresiones identitarias del Uruguay que a medida que el Carnaval se profesionaliza, se vuelve nacional y “espectáculo” han tendido a  desaparecer a escala nacional.

Rosario busca que la tradición de los mascaritos individuales o en grupo, e incluso los Entierros, no se pierdan frente a las grandes comparsas y escuelas de samba y las nuevas dinámicas sociales. En el  «Corso Pichonero» (como se llama al carnaval de Rosario), muy reglamentado y organizado por varios Clubes, el Municipio, la IMC y la Comisión del Carnaval, y que termina en un masivo espectáculo musical en la Plaza,  se pudo observar sin embargo la escasa presencia de Mascaritos y apenas un esbozo de Entierro del Carnaval, con su féretro, el cura, los deudos y algunos mascaritos festejando en el cortejo. Aquí era tradicional la presencia de Mascarito como personajes lúdico y festivo que se integraba al desfile principal (corso) interactuando con el público, e incluso se recuerdan los viejos entierros. Hoy apenas había unos 70 mascaritos, e incluso sorprendió la presencia de una agrupación de mascaritos “publicitarios” de una empresa local, que había contratado actores y alquilado máscaras profesionales para promover su marca. 

 

Donde era  común que grupos de amigos o familias se disfrazarán de  mascaritos integrándose al Corso de forma masiva, no para ver sino para participar y reírse y divertirse, irrumpe la lógica promocional del Carnaval “espectáculo”, esta vez inserta en la propia tradición de los Mascaritos. Igualmente se apreciaron grupos de mascaritos muy marcados por los temas del año, mofándose de los “Therians”, esos adolescentes que experimentan una identificación profunda (espiritual, psicológica o simbólica) con un animal no humano, o la Cumbre de la Paz con disfraces de Trump y otros presidentes abrazándose y festejando en medio de la guerra. 

A diferencia en la villa de La Paz, tal vez por su escala más pequeña, aquí el Carnaval tuvo un peso mayor de las tradiciones de Mascaritos e incluso una notable comparsa de no menos de 10 personas disfrazados de palmeras huyendo de los picudos rojos, con fumigadores persiguiendo picudos y palmeras e inspectores persiguiendo fumigadores en el corso, mientras el cargo arrojaba humo sobre todos los participantes. También hubo presencia de therians solos irónicamente con carteles o perseguidos por veterinarios así como de los tradicionales mascaritos transformistas, de las viudas plañideras, o los muertos entre otros. Frente a ellos tal vez miles de personas que se habían sentado en frente de sus casas en sus propias sillas buscaban reconocer a sus vecinos, entre las sofisticadas comparsas provenientes del resto del Departamento.

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