El sabor migrante y su influencia en la gastronomía uruguaya

En los últimos años,la creciente inmigración de venezolanos, cubanos y dominicanos presentes en Uruguay tiene una presencia marcada en la gastronomía del país.

El cambio más visible es la irrupción de la arepa venezolana
El cambio más visible es la irrupción de la arepa venezolana

Uruguay tiene una tradición cárnica en su dieta que es muy sólida, esta incluye  asado, el chivito, la milanesa y el pan francés dominaron durante décadas la mesa local. Pero esa homogeneidad comenzó a fragmentarse con las oleadas migratorias del siglo XXI. El aumento de inmigrantes venezolanos desde 2018, y el auge de la migración cubana en 2025, sumado a la presencia dominicana, introdujo ingredientes y preparaciones que antes no existían en el menú de casa, ni en los menús de los restaurantes.

El cambio más visible es la irrupción de la arepa venezolana, un disco de maíz precocido, relleno de los más variados ingredientes, pasó de ser un producto exótico a una opción cotidiana para desayunar o cenar. Es por esto que la venta de harina de maíz, se disparó en supermercados y almacenes. Lo que antes solo se conseguía en tiendas especializadas hoy es un básico en grandes superficies. Los uruguayos no solo compran la harina, sino que también adoptaron la técnica de preparación y la adaptaron a sus gustos. En este aspecto se destaca su preparación rellenando la arepa rellenando las arepas con quesos locales, jamón, o incluso con ingredientes del chivito.

Los mercados integran frutas tropicales en sus estantes
Los mercados integran frutas tropicales en sus estantes

En la dieta uruguaya tradicional las legumbres no constituyen los protagonistas del plato como tampoco los sabores agridulces. La influencia venezolana y cubana introdujo las caraotas (frijoles negros) como acompañamiento frecuente, sobre todo en el pabellón criollo que combina arroz, carne mechada, plátano maduro frito y frijoles. El plátano maduro, antes casi inexistente, ahora se encuentra en ferias y verdulerías. La combinación de su dulzor con carnes saladas o quesos abrió un nuevo registro sensorial para el paladar local, acostumbrado a sabores más uniformes.

Además, el maíz comenzó a disputarle espacio al trigo. Aunque el pan francés sigue siendo el rey del desayuno, la arepa se posicionó como una alternativa sin gluten y versátil, apreciada también por quienes buscan opciones más livianas o celíacas.

Barrios como Pocitos, Cordón y Ciudad Vieja vieron florecer restaurantes y puestos de comida venezolana, cubana y dominicana. Las areperas, los locales de tequeños (palitos de queso frito envueltos en masa), y las ventas de guarapita (cóctel a base de ron y frutas) se multiplicaron. Aquí cabe resaltar que no se trata de pequeños puestos étnicos de forma aislada, sino que la fusión es cada vez más común donde un mismo restaurante ofrece arepas y chivitos, o combina ingredientes caribeños con preparaciones criollas. El concepto de comida rápida de calidad encontró en la arepa un vehículo ideal, desplazando en algunos casos a la tradicional empanada o al sándwich de miga.

Las góndolas de los supermercados se transformaron y comenzaron a aparecer especias como el ajo porro, el cilantro y el orégano, utilizados en las sazones caribeñas. El plátano macho, antes desconocido, ahora tiene su lugar en las fruterías. Las tiendas naturistas y los mercados barriales incorporaron productos que responden a la demanda de las comunidades migrantes y también de uruguayos que adoptaron estos sabores. Sin embargo, la influencia no se limita solamente a la comida, sino que la cultura del café también recibió un impulso de baristas venezolanos y colombianos. Lo cual elevó el estándar de las cafeterías de especialidad en Montevideo.

La gastronomía migrante no solo diversificó la oferta alimenticia, sino que también modificó los hábitos de consumo de los uruguayos. El maíz, los frijoles, el plátano y la arepa ya no son ajenos. La cocina local, anclada en la carne y el trigo, se abrió a nuevos sabores y texturas, enriqueciéndose sin perder su identidad. Este fenómeno evidencia cómo la migración transforma la cultura desde la mesa. Lo cual crea un espacio de encuentro donde lo extranjero se integra y termina siendo, también, un poco uruguayo.

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