El director del Centro de Rehabilitación Tiburcio Cachón, Ignacio Cabrera, explicó a Diario La R que la iniciativa de crear un Laboratorio de Tiflotecnología Orientado a la Inteligencia Artificial es el resultado de un proceso de cinco años de estudio y análisis sobre el tránsito de la población con discapacidad visual por los procesos de rehabilitación del centro,. Así como del trabajo continuo del equipo en tiflotecnología. “A lo largo de los años, la demanda cambió en cuanto a los requerimientos y las necesidades para la rehabilitación. En la década de del 2000 lo prioritario era trabajar las habilidades diarias. Además de la orientación y movilidad -uso del bastón y desplazamiento independiente-, y la adquisición del sistema de lectoescritura Braille”.
En este sentido, Cabrera detalló que hacia 2010 los intereses se modificaron pues la mayor motivación pasó a ser una vida más independiente y los desplazamientos seguros. Por lo que la orientación y movilidad adquirió mayor relevancia. Las habilidades diarias quedaron en segundo lugar y comenzó a cobrar importancia la baja visión. Junto con la estimulación visual y el trabajo con ayudas ópticas.

“Ahora, en la década del 20, el cambio es bastante importante pues lo más relevante es la tiflotecnología, que se define como el conjunto de técnicas, conocimientos y recursos tecnológicos. Diseñados para facilitar la accesibilidad, la autonomía y la inclusión de las personas ciegas o con baja visión. En segundo lugar se ubica la orientación y movilidad, y en tercer lugar, como un tema que transversaliza toda la rehabilitación, el trabajo, la inserción y la reinserción laboral. Para abordar estas nuevas necesidades, el centro tuvo que modificar programas y ponerse a trabajar en cómo atenderlas”.
Hacia un mundo digitalizado
Junto a esto añadió que hoy, prácticamente todo es tecnológico y virtual desde pagar una factura, acceder a centros educativos o a programas de formación hasta solicitar hora para atención médica. Estas actividades requieren el uso del celular y la computadora, y además que las plataformas y servicios sean accesibles para que una persona, mediante un lector de pantalla o de texto, pueda utilizarlos.
El área de tiflotecnología investigó aplicaciones de celular, distintas plataformas y generó dispositivos que ayudarán a la utilización de diferentes equipos, kits y nuevos materiales para la formación. Sin embargo, eso no era suficiente. “Requerimos un espacio diferente, de investigación, intercambio, aprendizaje, elaboración y comunicación, que no estuviera conformado solo por el equipo del Centro Tiburcio Cachón, sino que integrara a otros actores de organizaciones o instituciones que trabajaran desde lo tecnológico, la inteligencia artificial y distintos dispositivos, para nutrir el espacio”.

Se trata del primer laboratorio de este tipo concebido con alcance nacional, que beneficiaría al 100 % de la población que transita los procesos de rehabilitación.“El Centro Cachón es la única institución del país que brinda rehabilitación integral para personas con discapacidad visual”, afirmó. Tiene su sede en Montevideo y unidades de rehabilitación en 14 capitales departamentales que atienden a la población de todo el departamento correspondiente, con la proyección de cubrir todos los departamentos mediante unidades de rehabilitación básica. Así, se alcanzaría a toda la población a nivel nacional.
Teniendo en cuenta el contexto, Cabrera señaló que aún persisten dificultades y limitaciones en el acceso a la información, la educación y las oportunidades laborales para las personas con discapacidad visual. “Por eso creemos importante integrar las tecnologías de la información y la comunicación con la inteligencia artificial, lo cual ofrece un gran potencial para mejorar la accesibilidad y la calidad de vida.
Directrices del proyecto
El objetivo central del proyecto es crear un laboratorio especializado que investigue, desarrolle y aplique tecnologías accesibles y soluciones basadas en inteligencia artificial, enfocadas en mejorar la autonomía y la participación plena de las personas con discapacidad visual en la sociedad.
Este laboratorio buscará proporcionar soluciones innovadoras en tiflotecnología, así como desarrollar competencias técnicas en inteligencia artificial aplicada a soluciones inclusivas y tecnologías de apoyo. De forma complementaria, se propone desarrollar aplicaciones basadas en IA que mejoren la accesibilidad de entornos digitales y físicos. Capacitar a distintos actores en el uso de tecnologías asistivas, dado el gran desconocimiento actual. Así como crear y probar nuevos dispositivos o software accesibles que respondan a las necesidades básicas de comunicación.
Cabrera explicó que estas herramientas abren la puerta a la accesibilidad. Actualmente se utiliza el celular y la computadora para múltiples gestiones sin necesidad de salir del hogar. Sin embargo, muchas personas, sobre todo del interior del país, no acceden al dispositivo o, si lo hacen, carecen de las herramientas para usarlo de forma accesible.
“A través de este laboratorio queremos generar dispositivos o aplicaciones que faciliten el acceso. Hoy, nuestros usuarios de Montevideo tienen aplicaciones diferentes. Cada una le resuelve algo, pero la persona debe poder desplazarse en el celular y llegar a la aplicación utilizándola de forma accesible con los lectores de pantalla”. ¿Se podrá generar una aplicación que resuelva varias de estas cuestiones en una sola y sea más accesible? Eso es lo que propone resolver el laboratorio con la investigación”.

Implementación de la IA
En cuanto a las habilidades diarias y la orientación y movilidad, la IA dispone de gran cantidad de información que podría ayudar. Por ejemplo, una persona puede preguntar cómo llegar de una esquina a un lugar determinado y la IA le responde con indicaciones precisas. Pero toda esa información está dispersa y es difícil que la persona pueda acceder a todo lo disponible. “El laboratorio buscaría generar herramientas más accesibles para la persona con discapacidad visual. Si bien está enfocado desde esa discapacidad, creo que en el futuro podría aplicarse a otras”.
Sobre las barreras de acceso a la tecnología en Uruguay, Cabrera mencionó varias dificultades. Acceder a un celular, que es lo más básico, muchas veces es costoso. Hay personas con discapacidad visual que viven únicamente con una pensión por discapacidad. Y a menudo sostienen una familia, pagan alquiler y otros gastos. Por lo que resulta difícil comprar un celular con datos o un plan que permita acceder a internet y a las plataformas.
Respecto a la formación y capacitación de los usuarios, aclaró que toda persona que pasa por un proceso de rehabilitación y necesita aprender a utilizar un dispositivo y las distintas herramientas lo hace con instructores del centro. Tanto en Montevideo y la zona metropolitana como en el interior, en este último caso de forma virtual. El principal desafío para la formación virtual es la conectividad, necesaria para llegar a la población del interior.
Otro aspecto que ha estimulado la creación de este espacio son los datos del último censo nacional, que indican aproximadamente 92.000 personas con discapacidad visual en todo el país. Informes internacionales proyectan que para 2030 esta población se triplicará. Cabrera observó un incremento significativo en las solicitudes de ingreso al servicio ya que mientras entre 2005 y 2010 se recibía en promedio una solicitud diaria, hoy se reciben cerca de cinco. “Esto indica un aumento de la población que, por lo menos, solicita acceder al servicio, y es un dato que debemos atender”.

