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La interna del CASMU volvió a explotar.

El “CASMU normal”: denuncias de persecución, acomodos y deterioro asistencial sacuden a la mutualista

La interna del CASMU volvió a explotar. Esta vez, las acusaciones no llegan desde actores externos ni desde la oposición política: provienen de médicos y funcionarios que denuncian un proceso de “desmantelamiento institucional” marcado por persecuciones, acomodos, degradación asistencial y conflictos de interés que comprometerían el futuro de una de las mutualistas más importantes del país.

Circula un durísimo documento donde acusa a las actuales autoridades de destruir en pocos meses estructuras médicas, técnicas y humanas construidas durante años. El texto habla directamente de un “retorno al CASMU normal”, en referencia a viejas prácticas de favoritismo político, concentración de poder y deterioro sanitario.

Entre las denuncias más graves aparece la destitución de jefaturas obtenidas por concurso. Los casos mencionados son de alto perfil dentro de la institución: el Dr. Carlos Russi en Laboratorio, el Dr. Felipe Viacava y el Dr. Álvaro Córdoba, señalado como uno de los impulsores de la Sala Híbrida, una de las apuestas tecnológicas más importantes desarrolladas por el CASMU en los últimos años.

Según la denuncia, no se trata de cambios técnicos ni de evaluaciones de gestión, sino de una “purga interna” destinada a colocar personas alineadas políticamente con el nuevo esquema de conducción. La situación se agrava, sostienen, porque ya se estaría preparando el desplazamiento de otros dos jefes de reconocido nivel académico para beneficiar a “un nuevo par de amigos”.

La expresión no es casual. El documento acusa directamente la existencia de acuerdos entre sectores políticos y sindicales para repartirse cargos dentro de la mutualista. “Acuerdos entre amigos, cosa que en la historia institucional no se había visto”, afirman, al tiempo que cuestionan un presunto “acuerdo de oro” de 275 mil dólares para el Dr. Niggemeyer, cifra que genera indignación en momentos donde, denuncian, se recortan horas médicas y servicios asistenciales.

Pero el golpe más sensible parece estar en la atención sanitaria. La denuncia señala la pérdida de horas en Emergencia y CTI, reducción de camas y suspensión de intervenciones. A eso se suma el cierre de programas considerados estratégicos para la atención de pacientes vulnerables, como “Sendero de Vida” y el Sistema de Cuidados.

La crítica es especialmente dura porque el CASMU cuenta con más de 60 mil socios mayores de 65 años, un tercio de su padrón total. “Se cierran servicios esenciales para adultos mayores mientras se crean cargos administrativos con nombre y apellido”, denuncian desde el sector médico.

En el centro de las críticas también aparecen los llamados a concurso en distintos servicios y centros médicos. Se sostiene que los nuevos mecanismos tendrían como único objetivo desplazar a médicos capitalizadores, conocidos como “Código 1”, modificando equilibrios históricos dentro de la institución. Según denuncian, esa metodología no se aplica en otras áreas, lo que alimenta sospechas de persecución selectiva.

Otro de los capítulos más explosivos apunta directamente al interventor Wilser Briozzo. La agrupación cuestiona que haya sido designado por el Ministerio de Salud Pública, sea considerado hombre de confianza de la ministra Cristina Lustemberg y, al mismo tiempo, mantenga vínculos laborales con SEMM y SUAT, empresas que compiten directamente con el CASMU.

Para los denunciantes, se trata de un conflicto de interés incompatible con cualquier criterio de transparencia institucional. “Es inadmisible que quien interviene y toma decisiones estratégicas dentro del CASMU tenga simultáneamente relaciones con grupos privados competidores”, sostienen.

El trasfondo político también aparece con fuerza. El documento acusa el retorno de viejas estructuras de cogobierno junto a AFCASMU y sectores vinculados al oficialismo, en lo que describen como “el gran abrazo” entre intereses políticos, sindicales y corporativos.

Las denuncias exponen una crisis que trasciende lo administrativo y golpea directamente la credibilidad del sistema mutual uruguayo. Mientras las autoridades mantienen silencio frente a varios de los cuestionamientos, dentro del CASMU crece la tensión y la sensación de que la disputa por el control institucional ya dejó de ser interna para transformarse en una batalla abierta por el modelo de salud y de gestión.

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