Las especulaciones sobre el fin de la civilización humana han transitado desde las profecías místicas hasta los modelos matemáticos rigurosos. A mediados del siglo XX, con el desarrollo de los arsenales atómicos, la posibilidad de una catástrofe global se transformó en una variable científica tangible. Sobre este escenario de vulnerabilidad expuso recientemente el físico estadounidense David Gross, galardonado con el Premio Nobel de Física en 2004 por su descubrimiento de la «libertad asintótica» en la estructura de los quarks. En declaraciones a la comunidad científica, Gross manifestó su honda preocupación por la sostenibilidad de la vida planetaria a mediano plazo, afirmando de manera tajante que las probabilidades estadísticas de que las actuales generaciones sobrevivan los próximos 50 años son alarmantemente reducidas.
El planteo de Gross se fundamenta en el análisis de sistemas complejos y la acumulación sostenida de probabilidades catastróficas a lo largo del tiempo. De acuerdo con sus proyecciones, el riesgo anual de que se desate un conflicto atómico —que durante la Guerra Fría se estimaba en un 1%— se ha elevado en la actualidad a un 2% debido a la fragmentación geopolítica y la disolución de los tratados de control de armamento, como el vencimiento del tratado New START entre Estados Unidos y Rusia. Bajo este cálculo probabilístico, la expectativa de supervivencia autónoma de la civilización frente a un desenlace bélico de estas características se estrecha a un horizonte de tan solo 35 años, condicionado por la existencia de nueve naciones con arsenales activos y miles de ojivas desplegadas.
El científico estadounidense identificó como el factor de riesgo más acuciante y desestabilizador la progresiva integración de la inteligencia artificial (IA) en los centros de comando militar y en los sistemas automáticos de toma de decisiones estratégicas. Si bien los algoritmos permiten procesar volúmenes masivos de datos a velocidades imperceptibles para el ojo humano, Gross advirtió que el fenómeno de las «alucinaciones» o fallos de interpretación lógica de la IA representa un peligro inaceptable. Mientras que en el ámbito civil un error algorítmico deriva en una recomendación defectuosa, en el ecosistema de la defensa nuclear las respuestas automatizadas ante falsas alarmas reducen el margen de reacción institucional a niveles intolerables para la seguridad internacional.


Que el Sr. David Gross explique el «incidente Malmstrom», y luego se ponga serio. No veremos ni una sola explosión ni siquiera una prueba atómica, Esto fué prohibido para este Planeta y esto será así.