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CASMU y la Barra de Amigos: números que cierran, servicios que desaparecen

¿Cuánto tiempo puede sostenerse una mutualista cuya estabilidad depende, directa o indirectamente, de apoyos extraordinarios, contrataciones estatales o mecanismos de asistencia pública?

Cada vez que el CASMU presenta un balance positivo, la discusión pública parece detenerse en una cifra. Hoy la administración encabezada por el doctor Domingo Beltramelli exhibe un resultado favorable de 144 millones de pesos durante el primer semestre de 2026. La pregunta es si ese número refleja una recuperación genuina o si simplemente oculta una realidad mucho más compleja y preocupante.

Porque detrás de los comunicados oficiales existe otra historia. Una historia relatada por médicos, funcionarios y proveedores que describen una institución atravesada por conflictos internos, denuncias de persecución profesional, cierre de servicios, debilitamiento de estructuras asistenciales y una creciente dependencia de mecanismos extraordinarios para sostener su funcionamiento.

La conducción actual sostiene haber reducido significativamente el déficit operativo y haber ordenado las finanzas. Sin embargo, las preguntas centrales permanecen sin respuesta. ¿Cuánto de esa mejora proviene de una verdadera generación de recursos? ¿Cuánto responde a recortes asistenciales? ¿Cuánto surge de refinanciaciones, renegociaciones de deuda o apoyos indirectos del sistema público?

El problema de fondo es que una mutualista no se salva únicamente equilibrando planillas contables. Una institución sanitaria se salva cuando mejora su capacidad de generar ingresos genuinos, cuando atrae usuarios, cuando desarrolla servicios competitivos y cuando fortalece su calidad asistencial. Nada de eso parece estar ocurriendo con la intensidad necesaria.

 

Por el contrario, múltiples voces dentro de la institución denuncian una realidad diferente. Se reducen horas médicas en áreas sensibles, disminuyen camas disponibles, se suspenden procedimientos y desaparecen programas dirigidos a los sectores más vulnerables. El cierre de «Sendero de Vida» y del Sistema de Cuidados resulta particularmente difícil de comprender en una mutualista donde más de 60.000 afiliados superan los 65 años de edad.

La paradoja es brutal. Mientras se recortan servicios para adultos mayores, aparecen nuevas estructuras jerárquicas y concursos que  tendrían destinatarios previamente definidos en los acuerdos electorales entre la agrupación del Dr.Beltramelli y otras agrupaciones médicas. La percepción de favoritismos y alineamientos políticos comienza a ocupar el lugar que antes tenían los concursos de méritos y la excelencia profesional.

La situación adquiere una dimensión aún más delicada cuando se analizan las desvinculaciones de médicos y el desplazamiento de jefaturas históricas. Profesionales de reconocida trayectoria denuncian que existe un patrón dirigido contra quienes no comparten la línea de conducción predominante. 

Si estas percepciones son correctas, el problema trasciende el ámbito laboral: afecta directamente la independencia profesional y la calidad institucional.

A ello se agregan cuestionamientos vinculados a contratos rescindidos, tercerizaciones modificadas y litigios que, según distintas fuentes, podrían comprometer millones de dólares en reclamaciones judiciales futuras. Son contingencias que no siempre aparecen reflejadas en los balances difundidos públicamente, pero que pueden tener un impacto determinante sobre la salud financiera de la organización.

La controversia alcanza incluso a figuras que han reaparecido en la vida institucional. El acuerdo alcanzado con el doctor Niggemeyer, señalado por distintas fuentes como uno de los principales articuladores de la oposición a la administración anterior, ha generado fuertes cuestionamientos internos. Para algunos observadores, su creciente protagonismo refleja la consolidación de un nuevo esquema de poder cuyos efectos todavía están por verse.

El retorno del socio putativo del triunfo oficialista al costo de 275.000 dólares.

En ese contexto, también genera controversia el acuerdo alcanzado con el Dr. Niggemeyer, que habría significado para el profesional una compensación cercana a los 275 mil dólares, cifra que ha despertado cuestionamientos en distintos ámbitos de la organización.

Y que fue vital el lobby generado por el dr. Niggemeyer contra la anterior administración y camina a un sueño anhelado por el cardiólogo,LA SILLA DE LA PRESIDENCIA DE CASMU. 

LO QUE SE OCULTA

Desde la reestructura que puntualmente desde fuentes del MSP se nos indica que ha sido casi infantil lo planteado por CASMU debió ser corregido por el MSP e Interventores el plan .

Existen tercerizaciones que eran muy rentables para las arcas de CASMU pero fueron violados sus contratos dejando deudas que se arrastran por millones de dólares y tienen más de seis meses  acumulando juicios reclamatorios.Es de indicar que estas  tercerizaciones fueron en algunos casos readjudicadas por compra directa o sin pasar por el consejo directivo a la BARRA DE AMIGOS.

Sobre estas mejoras que indica el oficialismo hay versiones encontradas.

Existe una creciente persecución interna dentro de la institución. Jefaturas obtenidas mediante concursos de méritos han sido progresivamente desmanteladas, afectando a profesionales de reconocida trayectoria como el Dr. Carlos Russi, en el área de Laboratorio; el Dr. Felipe Viacava; y el Dr. Álvaro Córdoba, impulsor de la innovadora Sala Híbrida.Asimismo, se prevé el desplazamiento de otros dos jefes de alto nivel académico que accedieron a sus cargos a través de concursos públicos, para ser reemplazados por personas vinculadas a los actuales círculos de poder. Según diversas fuentes, estas decisiones responderían más a acuerdos personales que a criterios técnicos o de gestión, una situación que, afirman, no registra antecedentes en la historia reciente de la institución.

 

Pero el punto más preocupante no es financiero ni político. Es sanitario.

Porque cuando una institución comienza a ahorrar reduciendo prestaciones, debilitando servicios o postergando inversiones estratégicas, los números pueden mejorar en el corto plazo mientras la calidad asistencial se deteriora silenciosamente. El riesgo es que el ajuste termine trasladándose a los pacientes.

La pregunta que sobrevuela hoy al CASMU es incómoda pero inevitable. ¿Estamos frente a una recuperación auténtica o ante una administración que logra mostrar mejores balances a costa de erosionar gradualmente la estructura asistencial que hizo grande a la institución?

Y existe una segunda pregunta aún más importante para el conjunto del sistema.

La sostenibilidad real no se construye con comunicados ni con balances semestrales. Se construye generando ingresos genuinos, fortaleciendo servicios, reteniendo profesionales de excelencia y recuperando la confianza de socios y trabajadores.

Hoy CASMU depende de ingresos de caja  de los contratos de ASSE que de manera negociada con el MSP políticamente están siendo adjudicadas camas y servicios médicos de manera preferencial  a espaldas del resto de los prestadores de salud. 

Si CASMU no logra avanzar en esa dirección, el debate dejará de ser sobre balances positivos o negativos. Pasará a ser un debate sobre la viabilidad misma de la institución y sobre el costo que tendría para todo el Sistema Nacional Integrado de Salud seguir sosteniendo indefinidamente un modelo que no consigue resolver sus problemas estructurales.

Y cuando ese momento llegue, ya no habrá comunicado de prensa capaz de ocultar la realidad.

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