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La salud bucal empieza en la infancia

La enfermedad dental es una de las afecciones crónicas más comunes en la infancia, pero en gran medida es prevenible.

La salud bucal no comienza cuando aparecen los dientes permanentes, sino mucho antes

La salud bucal no comienza cuando aparecen los dientes permanentes, sino mucho antes. Los dientes de leche, también llamados dientes temporales, son fundamentales para que el niño pueda masticar correctamente, hablar con claridad y mantener el espacio necesario en los maxilares para la correcta erupción de los dientes definitivos. Cuidarlos implica tener una boca sana en la infancia, lo que se traduce en menos ausencias escolares, mejor rendimiento académico y una mejor calidad de vida en general.

La caries dental es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en la infancia. Casi uno de cada cuatro niños de 2 a 5 años presenta caries en sus dientes de leche. A los 3 años, la cifra asciende al 28%, y para los 8 años, más de la mitad de los niños ya ha tenido caries en sus dientes temporales. Las bacterias presentes en la boca convierten los azúcares de los alimentos en ácido. 

Con el tiempo, ese ácido perfora el esmalte y crea cavidades que, si no se tratan a tiempo, pueden provocar dolor, infecciones y complicaciones mayores. A esto se suman factores de riesgo como la higiene bucal deficiente, el consumo frecuente de azúcares y, en algunos casos, la falta de exposición al flúor, que es el principal aliado en la prevención.

La caries dental es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en la infancia

La prevención comienza con el cepillado y desde que aparece el primer diente es necesario comenzar a cepillarlo con un cepillo de cerdas suaves y pasta dental con flúor. Para los menores de 3 años, la cantidad recomendada es del tamaño de un grano de arroz; para los niños de 3 a 6 años, del tamaño de un guisante. El flúor es el principal aliado contra la caries, ya que fortalece el esmalte y ayuda a reparar los primeros daños. 

Su uso es especialmente importante en zonas donde el agua de consumo no contiene flúor de forma natural. Los padres deben supervisar el cepillado hasta que el niño desarrolle la habilidad motora adecuada, lo que suele ocurrir alrededor de los 7 u 8 años. 

Es importante que el adulto realice el cepillado o lo supervise para asegurar que se limpien todas las superficies de los dientes. Una recomendación que suele pasar desapercibida es no enjuagar la boca después del cepillado, ya que la pequeña cantidad de pasta que queda ayuda a proteger los dientes durante más tiempo.

El uso del hilo dental debe comenzar en cuanto dos dientes empiezan a tocarse. Los niños necesitarán ayuda con esta tarea hasta aproximadamente los 10 años. Los palillos de hilo dental con mango pueden facilitar el proceso cuando se debe acceder a la boca de un niño pequeño. Por otro lado, la alimentación juega un rol central.

Limitar los tentempiés entre comidas y optar por frutas frescas, verduras, queso o yogur en lugar de golosinas procesadas y pegajosas ayuda a reducir la exposición de los dientes al azúcar. Evitar acostar al bebé con un biberón que contenga leche, jugo o agua azucarada es otra medida fundamental pues el contacto prolongado con estos líquidos durante el sueño favorece la aparición de caries tempranas. 

La primera visita al dentista debe realizarse entre la aparición del primer diente y el momento en que todos los dientes primarios son visibles, antes de los dos años y medio. Estas primeras consultas, que muchos profesionales consideran “visitas de prueba”, permiten que el niño se familiarice con el entorno y sus sensaciones, y ayudan a detectar a tiempo cualquier anomalía. 

A partir de entonces, se recomienda acudir al odontólogo al menos una vez al año, o cada seis meses si el profesional lo indica. En estas revisiones, el especialista evalúa el desarrollo dental, aplica tratamientos preventivos como el flúor y orienta a los padres sobre las técnicas de higiene más adecuadas para cada edad. Los niños aprenden por imitación y si ven que sus padres se cepillan los dientes con regularidad, es más probable que ellos adopten el hábito como algo natural.

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