La tuberculosis sigue siendo la enfermedad infecciosa más mortal del mundo. Cada año enferman más de 10 millones de personas y mueren alrededor de 1,2 millones. La única vacuna disponible, la BCG, tiene más de un siglo de antigüedad y ofrece protección limitada, especialmente en adolescentes y adultos. Por eso el anuncio de Gavi, la Alianza para las Vacunas, genera tanta expectativa: las nuevas vacunas de próxima generación, previstas a partir de 2029, podrían salvar hasta 7,3 millones de vidas entre 2030 y 2050 y generar beneficios económicos de hasta 135.000 millones de dólares en países de ingresos bajos y medios.
Según el análisis publicado por Gavi a mediados de septiembre de 2026, estas vacunas tienen el potencial de convertirse en una de las herramientas de inmunización más impactantes de las últimas décadas. No solo reducirían muertes y enfermedad, sino que también ayudarían a combatir la resistencia antimicrobiana, un problema creciente asociado al tratamiento prolongado de la tuberculosis.
Varios candidatos se encuentran en fases avanzadas de desarrollo. El más destacado es M72/AS01E, una vacuna de proteína adyuvada que en ensayos de fase 2b mostró alrededor de un 50 % de eficacia para prevenir la enfermedad pulmonar en personas ya infectadas. Su ensayo de fase 3, con decenas de miles de participantes, espera resultados hacia 2028 y podría obtener licencia entre 2029 y 2030. Otro candidato prometedor es MTBVAC, una vacuna viva atenuada de origen español. Su ensayo de fase 2b en adolescentes y adultos ya completó el reclutamiento de 5.500 participantes en África oriental y austral, y se espera que aporte datos de eficacia en 2028. También avanza un candidato de ARNm de BioNTech (BNT164) y otros en fase 3, como GamTBvac.
Gavi publicó su “Early Market Shaping Roadmap” precisamente para anticipar los desafíos. La demanda potencial en países de bajos y medianos ingresos podría alcanzar un promedio de 86 millones de cursos de vacunación al año, con picos más altos en los primeros años, cuando los países de alta carga intenten cubrir a adolescentes, adultos y grupos de riesgo. Sin embargo, existen riesgos claros: posibles recomendaciones restrictivas de política, falta de financiamiento doméstico e internacional, e incertidumbre en la capacidad de producción si los fabricantes no invierten a tiempo.
Por eso la organización insiste en que hay que actuar ya. “Solo realizarán su potencial si logramos asegurar un suministro suficiente, predecible y asequible para los países con la mayor carga de enfermedad”, señaló Sania Nishtar, directora de Gavi. El organismo trabaja con la OMS, a través del Acelerador de Vacunas contra la Tuberculosis, para alinear financiamiento, acceso, fabricación regional y preparación de los programas nacionales.

