La historia indígena del Río de la Plata no comienza ni termina en las fronteras de Argentina y Uruguay. Antes de que existieran ambos Estados, sus territorios formaban parte de una región habitada por pueblos diversos, con desplazamientos, intercambios y relaciones que atravesaban los ríos. Desde esa perspectiva, el Museo Autónomo de Gestión Indígena de Punta Querandí, en el partido bonaerense de Tigre, plantea una discusión que alcanza también a la otra orilla: quién cuenta la historia y qué lugar ocupan en ella las comunidades originarias.
Inaugurado en 2017, el museo surgió de la organización comunitaria para preservar un territorio ancestral frente al avance inmobiliario. Su creación convirtió la defensa del lugar en una propuesta educativa: conservar los testimonios del pasado y explicar las luchas que hicieron posible mantener ese espacio. La apertura fue documentada por la propia comunidad como una nueva etapa de su proceso de organización. Las piezas arqueológicas conviven con fotografías, documentos y registros de la resistencia territorial. La exposición reconstruye el campamento permanente instalado en 2010, el convenio de propiedad comunitaria firmado con la Municipalidad de Tigre en 2020 y la restitución de ocho ancestros en 2021, posteriormente reenterrados en Punta Querandí y La Bellaca. La recuperación de esos restos ocupa un lugar central. Para las comunidades, devolverlos a sus territorios significa reconocer una dimensión espiritual y colectiva que no puede reducirse al interés científico de una colección.
La tarea educativa amplía este enfoque. Las visitas de estudiantes recorren el museo y otros espacios comunitarios, donde la historia se vincula con las prácticas culturales, los saberes y el cuidado del ambiente. El territorio funciona así como lugar de aprendizaje y como escenario de una disputa sobre identidad, patrimonio y derechos.

El vínculo con la Banda Oriental
La conexión con Uruguay exige distinguir a los pueblos involucrados. Punta Querandí se define como una comunidad integrada por personas de culturas guaraní, qom, kolla y otras identidades. A su vez, identifica la región del río Luján y el Delta del Paraná como un espacio ancestral de presencia querandí, guaraní y chaná. La composición actual de la comunidad y la historia antigua del territorio son dimensiones relacionadas, pero diferentes.El vínculo histórico más claro con la Banda Oriental aparece en la presencia chaná y guaraní dentro de la cuenca del Plata. Un trabajo divulgado por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay señala el consenso existente sobre la presencia de chanás en el litoral y de grupos guaraníes a lo largo de los grandes ríos. Esa distribución permite comprender una historia regional anterior a las delimitaciones nacionales actuales.No corresponde, por ello, identificar automáticamente a los querandíes con los charrúas ni presentar a todos los pueblos originarios como una sola cultura. La relación entre ambas orillas se sostiene en territorios conectados y procesos históricos compartidos, dentro de una diversidad que debe conservar sus nombres y particularidades.
En la Banda Oriental, la participación indígena también formó parte del proceso revolucionario. Los charrúas acompañaron a José Gervasio Artigas en la revolución iniciada en 1811. Su intervención permite reconocerlos como actores de la historia política oriental, más allá de las representaciones que posteriormente los convirtieron en emblemas de resistencia.

Uruguay frente a su propia memoria
La experiencia de Punta Querandí ofrece un punto de comparación con las discusiones uruguayas sobre Salsipuedes. La matanza del 11 de abril de 1831 fue un episodio decisivo en la desarticulación de las formas de organización charrúa y continúa interpelando al país sobre la responsabilidad estatal y el reconocimiento de los pueblos indígenas. En 2021, Paso de Salsipuedes fue declarado Sitio de Memoria, tras una solicitud impulsada por organizaciones indígenas. Ese reconocimiento muestra que la recuperación del pasado también depende de la acción de quienes reclaman un lugar en el relato nacional.
La investigación genética aporta otra evidencia contra la idea de una desaparición absoluta. Estudios difundidos por el MEC identifican continuidades de linajes maternos indígenas en la población uruguaya. Ese hallazgo no permite asignar una identidad étnica a cada persona ni sustituye las memorias familiares y culturales, pero cuestiona el relato de un país construido exclusivamente sobre raíces europeas. Punta Querandí no representa institucionalmente a los pueblos indígenas de Uruguay. Su vínculo con la Banda Oriental es histórico y regional; su experiencia, además, permite comparar las formas en que ambas sociedades reconocen —o relegan— sus raíces originarias. Desde Tigre, el museo plantea una exigencia que atraviesa el Río de la Plata: reconocer a los pueblos indígenas como sujetos capaces de preservar su patrimonio, transmitir conocimientos y contar su propia historia. En Uruguay, esa tarea exige revisar los silencios que todavía condicionan la comprensión de nuestro pasado.

