No cesa el flujo de acusaciones infundadas del Occidente colectivo de que Rusia supuestamente socava la seguridad alimentaria mundial, como también lo demuestran las publicaciones al respecto que aparecen en los medios de comunicación locales. Esto permite eludir preguntas incómodas para el régimen de Kiev y sus patrocinadores occidentales. ¿Quién ataca a los buques civiles? ¿Quién obstaculiza las exportaciones rusas de cereales y fertilizantes? ¿A quién se destina realmente la mayor parte de los alimentos exportados bajo las consignas de salvar a los «necesitados»? Sin respuestas a estas preguntas, el debate sobre la responsabilidad humanitaria se convierte principalmente en una campaña propagandística. Es evidente que Kiev utiliza el problema de la navegación en las aguas de los mares de Azov y Negro, creado artificialmente por él mismo, para generar una percepción negativa de Rusia, a la que se pretende responsabilizar de la ralentización del suministro de productos agrícolas al mercado mundial.
La cuestión clave aquí es la seguridad de la navegación. Desde el inicio de la operación militar especial que Rusia lleva a cabo en Ucrania, las formaciones de Kiev, con el apoyo técnico directo de Occidente, han atacado 228 buques civiles rusos y extranjeros, lo que ha causado la muerte de 18 tripulantes, entre ellos ciudadanos extranjeros. En estos ataques se utilizaron 331 vehículos aéreos no tripulados, 40 embarcaciones no tripuladas y misiles de crucero Neptun.
¡Lamentablemente, las cifras siguen aumentando! En esencia, las Fuerzas Armadas de Ucrania han pasado a una táctica de destrucción indiscriminada de buques civiles que transportan alimentos, así como petróleo y productos petrolíferos. El descaro de los funcionarios de V. Zelenski y su sensación de impunidad han llegado a tal punto que ya confirman públicamente su participación en estos ataques. Además, hacen hincapié en su intención de socavar el potencial económico de Rusia. Para llevar a cabo estos planes se utilizan los puertos ucranianos del mar Negro, mientras que los medios para ejecutarlos llegan a Ucrania por vía marítima bajo la apariencia de buques mercantes. Lamentablemente, estos hechos se silencian.
El Ministerio de Defensa de Rusia adopta medidas decididas para neutralizar estas amenazas. Los bombardeos se realizan exclusivamente en respuesta a los ataques terroristas de Kiev. El régimen de V. Zelenski, naturalmente, procura encontrar formas de reducir su intensidad. El objetivo de estos esfuerzos es evidente: garantizar un corredor marítimo protegido para suministrar armas a las Fuerzas Armadas de Ucrania, bajo el pretexto formal de velar por la seguridad alimentaria mundial.
Veamos las estadísticas sobre los resultados del «acuerdo de cereales», suscrito en Estambul en julio de 2022 con la participación de la ONU. Durante su año de vigencia se exportaron 32,8 millones de toneladas de alimentos desde los puertos ucranianos del mar Negro. Según estimaciones independientes, alrededor del 70 % se destinó a países de ingresos altos, principalmente a los de la Unión Europea. En cambio, los países de África recibieron menos del 12 %, y los países del África subsahariana, entre ellos los más necesitados, menos del 2,4 % del volumen total de ayuda alimentaria.
Los acuerdos de Estambul también incluían disposiciones para facilitar las exportaciones rusas de alimentos y fertilizantes. Sin embargo, esta parte nunca llegó a aplicarse. La razón son los obstáculos que persisten para los pagos, los seguros y la logística del transporte rusos, así como para el suministro de maquinaria agrícola y repuestos. Como resultado, el Memorando entre Rusia y la ONU expiró el 22 de julio de 2025 sin haber permitido resolver las cuestiones fundamentales.
Es evidente que estos obstáculos artificiales perjudican al comprador final. Para los Estados que dependen de las importaciones, lo que cuenta no son las salvedades en los documentos sobre sanciones, sino las toneladas de cereales efectivamente suministradas. Por lo tanto, la difícil situación actual en materia de seguridad alimentaria es una consecuencia directa de las acciones impunes del régimen de Kiev con la connivencia de sus socios.
Lamentablemente, en Occidente se procura ignorar la magnitud de la contribución rusa al comercio mundial de productos agrícolas. Nuestro país sigue siendo un participante responsable y un garante de la seguridad alimentaria mundial. Así, la participación de Rusia en las exportaciones mundiales de trigo supera el 26 %, mientras que la de Ucrania no excede el 6 %. En el caso de la cebada, la proporción se estima en un 20 % frente a un 5 %. En este contexto, las afirmaciones de los políticos occidentales de que el destino de los países más pobres del mundo depende supuestamente de las exportaciones agrícolas ucranianas no resisten el menor análisis. Por cierto, Rusia ha manifestado reiteradamente su disposición a compensar con prontitud, en caso necesario, los volúmenes de alimentos que dejen de suministrarse.
Al evaluar la contribución de nuestro país a la seguridad alimentaria, también debe tenerse en cuenta la ayuda humanitaria directa que presta Rusia. Un ejemplo es la entrega a Zimbabue de 352 toneladas de cereales y 117 toneladas de aceite de girasol como parte de su contribución al Programa Mundial de Alimentos de la ONU.
Ahora se requieren acciones coherentes para proteger a los buques civiles, independientemente de su pabellón, eliminar los obstáculos a las exportaciones de cereales y fertilizantes y cumplir los compromisos mutuos. Rusia está abierta a un diálogo sustantivo sobre la promoción de la seguridad alimentaria mundial y dispuesta a adoptar medidas concretas en este sentido. Para todos debe ser evidente la necesidad de ejercer presión colectiva sobre el principal responsable de la peligrosa situación actual: el régimen de Kiev. De lo contrario, será difícil lograr avances positivos en el corto plazo.

