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Expertos estiman que reducir el consumo de sal tiene múltiples beneficios

Alto consumo de sal ¿Cómo responde nuestro organismo?

Estudios científicos documentan que una dieta baja en sal es tan peligrosa como su consumo en exceso. 

Un alto consumo de sal en la dieta afecta de forma negativa la vasculatura, el corazón, los riñones, la piel, el cerebro y los huesos.
Un alto consumo de sal en la dieta afecta de forma negativa la vasculatura, el corazón, los riñones, la piel, el cerebro y los huesos.

Ante todo es preciso recordar los consejos de la abuela: “todo en exceso hace daño”. En este caso, el exceso de sodio proveniente de la sal dietética (NaCl) en la mayoría de los casos se relaciona con elevaciones de la presión arterial (PA). Sin embargo, la sensibilidad a la sal de la PA varía ampliamente entre individuos. Igualmente, existen datos que sugieren que la sal afecta negativamente a órganos diana (estructuras específicas en el cuerpo humano que reaccionan ante estímulos particulares. Como hormonas, fármacos, toxinas o enfermedades), independientemente de la PA. Como por ejemplo, un alto consumo de sal en la dieta afecta de forma negativa la vasculatura, el corazón, los riñones, la piel, el cerebro y los huesos.

Asimismo, puede aparecer la inflamación y el estrés oxidativo, por lo que estas alteraciones fisiológicas pueden contribuir al desarrollo de enfermedades con el tiempo. A pesar de los efectos adversos de la sal sobre la PA y varios sistemas orgánicos, existe controversia en torno a una menor ingesta de sal y las consecuencias cardiovasculares.

El exceso de sal es sumamente perjudicial, pero no debe eliminarse radicalmente de la dieta
El exceso de sal es sumamente perjudicial, pero no debe eliminarse radicalmente de la dieta

Investigaciones han demostrado que las dietas ricas en sal contribuyen a la hipertensión arterial y al daño a los órganos. De igual manera, afirman que una de las razones por las que los consumidores han tenido tantas dificultades para reducir la ingesta de sodio es que la mayor parte del sodio consumido en la dieta proviene de alimentos procesados. Seguido del sodio natural y, finalmente, del sodio añadido en el hogar. 

No cabe dudas que estamos obsesionados con la sal. Muchas son las advertencias de los expertos, pero casi toda la población mundial consume casi el doble de lo que debería, lo que perjudica nuestra salud. Al día de hoy, existen varias contradicciones, que ponen en duda años de investigación sobre este tema. El sodio como elemento es crucial para que el cuerpo mantenga el equilibrio hídrico. Así como transportar oxígeno y nutrientes, propicia que los nervios tengan latidos eléctricos.

Según la Organización Mundial de la Salud es preciso  reducir el consumo de sodio a menos de 2 g al día, lo que equivale a unos 5 g de cloruro de sodio. Lograr un consumo moderado puede reducir el riesgo de enfermedades cardíacas. También hay que destacar que sólo una cuarta parte de la ingesta diaria proviene de la sal que incorporamos a los alimentos. Pues el resto es complementario de los alimentos que adquirimos en el supermercado. Por ejemplo, pan, cereales, pizza, embutidos, aperitivos salados, pollo y hamburguesas.

Los expertos coinciden ampliamente en que la evidencia en contra del consumo de sal es contundente. Nuestro cuerpo retiene agua al consumir sal, lo que aumenta la presión arterial hasta que los riñones la eliminan. Expertos estiman que reducir el consumo de sal tiene múltiples beneficios. No obstante, mediante estudios observacionales se ha demostrado que es difícil separar por completo los efectos de consumir menos sal de otros hábitos alimentarios. Pues las personas son más conscientes de su consumo de sal y tienen más probabilidades de comer de forma más saludable en general. Incluye hacer más ejercicio, fumar menos y consumir menos bebidas alcohólicas.

Empero, la sensibilidad a la sal varía en cuanto a la etnia, la edad, el índice de masa corporal, la salud y los antecedentes familiares de hipertensión. Por este motivo, es que las personas que presentan mayor sensibilidad son las más expuestas a la hipertensión arterial asociada a la sal. En este caso el epidemiólogo nutricional de la Universidad McMaster de Ontario Andrew Mente concluyó, -según un artículo publicado en BBC-, que reducir la ingesta de sal de alta a moderada reduce el riesgo de hipertensión arterial, pero no ofrece más beneficios para la salud. Cabe señalar que el exceso de sal es sumamente perjudicial, pero no debe eliminarse radicalmente de la dieta.

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