«Antes que nada»

Como todas las obras de Caparrós, es, además de sus memorias, un magnífico artefacto literario.

Todos los seres vivos tienen un tiempo limitado, pero el ser humano es único en su capacidad de contabilizarlo, tanto numéricamente como narrativamente: relatar los días que quedan y los que ya se fueron. Martín Caparrós en *Antes que nada* explora esta idea, narrando la historia de un hombre con la mirada fija en la muerte, que es también la crónica de una generación, varias ciudades (como Buenos Aires, Madrid, París) y un país, Argentina, en medio siglo de convulsiones. La obra refleja cómo los eventos históricos transforman vidas y cómo las decisiones esculpen caminos que podrían haber sido otros. Caparrós aborda el tema de la muerte como la fantasía de ser otro, el otro definitivo.

El título “Antes que nada”sugiere la idea de ser antes de convertirse en nada. En ese punto sin retorno, especialmente frente a un diagnóstico de ELA, Caparrós examina su pasado, ajusta cuentas y evita concesiones. El libro incluye recuerdos, reflexiones y poemas, y se estructura en temas como “La enfermedad” y “Mis muertes”, entre otros. Caparrós narra con lucidez, destacando su envidia hacia quienes planean un futuro que él ya no tiene.

Hay páginas memorables, de una ironía letal (no exentas, a veces, de injusticia): las diatribas contra Néstor y Cristina, el gobierno de Milei, la decadencia nacional; los viajes por África, por la India y, finalmente, el gran fracaso de Caparrós, que a su vez es su gran logro, La Historia (la novela intenta reconstruir los pormenores de una civilización perdida, de un país imaginario, tal vez, el nuestro): “Para decirlo sin el pudor que debería: creo que en La Historia hay más literatura que en la gran mayoría de los libros que se publican en estos tiempos —todos juntos”.Caparrós avanza, lentamente, con una inteligencia quirúrgica, como si la escritura, además de recordar, le sirviera para demorar la condena (menciona tres veces a Sherezade), como si se detuviera deliberadamente en una dialéctica interminable entre lo nimio (una comida que le gusta) y lo esencial (la caída del Muro); Caparrós posterga sin postergar, escribe, insiste en escribir, deja su marca, su legado, antes de que sea nada, sobre todo, como dice en la dedicatoria, A quienes me quisieron, no para que lo recuerden sino para que aprendan a olvidarme.

Las experiencias del escritor abarcan descubrimientos sexuales, políticos y literarios. Un momento crucial fue su encuentro con la literatura, gracias a una maestra que le mostró que un libro puede ir más allá de contar historias. Sin esta experiencia, no habría existido el Caparrós escritor. En “No velas a tus muertos”Caparrós vela a sus muertos y se vela a sí mismo, recordándolos y comprendiéndolos. A través de capítulos de ironía letal y reflexiones profundas, aborda temas como el amor, la escuela pública y la militancia. Caparrós fue un joven precoz y un hombre incansable, privilegiado por sus experiencias, encuentros y decisiones de vida. En una presentación en Madrid, Caparrós reveló su deseo de ser poeta, un deseo que nunca se extinguió. *Antes que nada* es quizás su confesión final: Antes que nada, poeta.

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