EL TRIDENTE | FIN DE SIGLO

Antonio Ladra: “No somos un país excepcional” y el narcotráfico encontró en Uruguay un terreno fértil

El periodista Antonio Ladra publica El Tridente, una investigación que recorre tres décadas del narcotráfico y el lavado de dinero en Uruguay.

Periodista Antonio Ladra, autor de El Tridente

El narcotráfico en Uruguay no comenzó con Sebastián Marset, ni terminará con su caída. Esa es una de las conclusiones centrales de El Tridente, la investigación periodística de Antonio Ladra que reconstruye tres décadas de evolución del crimen organizado, el tráfico de drogas y el lavado de dinero en el país.

La obra, publicada por la Editorial Fin de Siglo, toma como referencia a Marset, Luis Alberto “Betito” Suárez y Luis Fernández Albín, tres figuras que representan distintas dimensiones de una estructura criminal que fue cambiando con el tiempo. Pero el eje del libro no está en sus trayectorias personales, sino en las condiciones que durante años permitieron el desarrollo de estas organizaciones.

Ladra, de extensa trayectoria en medios uruguayos, explicó a Diario La R que el libro es la acumulación de años de trabajo, documentos y fuentes: “Esto es una investigación continua desde hace muchos años que vengo haciendo”. Recordó que ya había mencionado a Marset en un libro de 2014, cuando era un nombre prácticamente desconocido.

La presentación del libro, inicialmente prevista para el jueves 6 de agosto, fue reprogramada para el jueves 27 de agosto a las 19 horas en la Fundación Mario Benedetti.

 

Una estructura que cambió

Para Ladra, una de las claves para entender el narcotráfico uruguayo está en observar cómo evolucionaron las organizaciones durante las últimas décadas. Según explicó, en los años 90 comenzaron a aparecer organizaciones locales vinculadas inicialmente al contrabando. Esas mismas rutas fueron utilizadas posteriormente para el tráfico de marihuana y luego de cocaína.

Con el tiempo, además, el modelo de las organizaciones criminales internacionales también cambió: “Ya no son cárteles estructurados de la manera que las conocemos, con un jefe directo y una estructura vertical”, señaló. En su lugar, comenzaron a desarrollar estructuras más horizontales y a contratar capacidades específicas en los territorios según las necesidades de cada operación.

Esa transformación explica por qué Ladra organizó su investigación en torno a tres nombres que no comparten una misma jerarquía sino una pirámide: “Para entender cómo operan estos tres nombres no hay que pensar en una línea recta, sino en una pirámide”. En esa representación, Marset aparece en la cúspide asociado a los negocios y a una dimensión internacional; Suárez ocupa una posición vinculada al control territorial, mientras que Fernández Albín aparece relacionado con la logística.

 

Tres nombres, un fenómeno más amplio

La investigación tampoco comienza ni termina con las personas que aparecen en el título. Ladra insiste en que el narcotráfico debe analizarse como un sistema capaz de adaptarse y reemplazar a sus integrantes.

Esa mirada explica también por qué el libro recorre un período extenso. La intención no es reconstruir únicamente la historia de determinadas organizaciones, sino mostrar cómo las condiciones del país fueron cambiando y, al mismo tiempo, cómo el crimen organizado encontró nuevas formas de operar.

En ese proceso, las relaciones construidas dentro de las cárceles también adquieren relevancia. Ladra explicó que parte de la información que utilizó para reconstruir las trayectorias de los protagonistas provino de operadores carcelarios y posteriormente fue contrastada con documentación e informes oficiales.

El caso de Fernández Albín, según relató el periodista, permite observar cómo determinados vínculos construidos durante el encarcelamiento pueden tener consecuencias posteriores. Ladra lo describe como una figura que logró adquirir peso dentro de una estructura y que, aun encontrándose aislado, mantiene capacidad de influencia sobre otros presos.

 

Un Estado con leyes, pero sin músculo

Uno de los aspectos abordados durante la entrevista fue el papel del Estado uruguayo. Para Ladra, las dificultades para combatir el narcotráfico y el lavado de dinero no pueden atribuirse a una única causa: “Es una mezcla de todo”, resumió.

El periodista considera que Uruguay cuenta con herramientas legales importantes, incluso una legislación contra el lavado de activos que se encuentra entre las mejores del mundo. El problema, a su entender, aparece cuando esas normas deben aplicarse en la práctica: “Lo que pasa es que hay un problema: no tiene músculo, no tiene funcionarios para poder controlar todo”.

Ladra puso como ejemplo la cantidad de funcionarios disponibles en los organismos encargados de controlar la corrupción pública, y entendió que esa falta de recursos también refleja una dificultad política más profunda: “Todos tienen responsabilidad, todos tenemos responsabilidad”, sostuvo.

Esa observación trasciende el narcotráfico entendido únicamente como tráfico de drogas. El negocio, explicó, también necesita mecanismos para introducir el dinero obtenido de manera ilícita en la economía formal. Allí aparecen otras estructuras, actividades y actores que no necesariamente están en los barrios donde se produce la violencia más visible.

El Tridente será presentado el jueves 27 de agosto, a las 19 horas, en la Fundación Mario Benedetti

Una crítica al periodismo

La investigación contiene, además, una mirada crítica sobre el propio oficio. Para el periodista, Uruguay todavía no encontró una forma suficientemente profunda y sostenida de cubrir el fenómeno del narcotráfico.

Ladra cuestionó cómo se cubre el narcotráfico en los medios, concentrado en lo más visible —balaceras, ajustes de cuentas, homicidios— y no en el circuito del dinero: “Nos estamos quedando en lo episódico”. Reclamó mirar más allá de las periferias: “No analizamos qué es lo que ocurre en el World Trade Center, en la Ciudad Vieja, en los barrios de la costa, donde están las grandes empresas que habilitan para que haya lavado de dinero”. Para el periodista, el desafío consiste en pasar de la noticia del hecho a la investigación de sus causas.

Uno de los problemas está, según entiende, en la falta de recursos para desarrollar investigaciones de largo aliento: “Una investigación periodística en serio cuesta dinero, tiempo, no se puede hacer de un día para el otro”, señaló.

A eso se suma la transformación del ecosistema de medios, los salarios “magros”, la reducción de equipos y la presión permanente de las redes sociales, que llevan a las redacciones a priorizar la información inmediata por encima de investigaciones que requieren meses o años de trabajo.

Sobre la entrevista a Marset mientras estaba prófugo, uno de los episodios más discutidos del periodismo uruguayo reciente, Ladra consideró que dejó lecciones sobre los riesgos de perder la distancia con la fuente: “No hay que perder de vista todo eso: también es un criminal”. Su crítica apunta menos a la decisión de entrevistarlo que al tratamiento posterior, que a su entender privilegió lo anecdótico por sobre el contexto criminal.

 

El narcotráfico como estructura

Uno de los planteos centrales de El Tridente es que la caída de un líder no implica la caída del negocio. Ladra lo compara con “una especie de ameba que se va colando en las intersecciones”: las organizaciones se reconfiguran y reemplazan dirigentes, por lo que centrar la discusión en perseguir determinados nombres puede generar una falsa sensación de éxito.

El periodista sostiene que existe un mercado internacional de enormes dimensiones que décadas de políticas represivas no lograron eliminar, por lo que considera necesario discutir alternativas —incluida una eventual regulación de las drogas—, aunque reconoce que es un camino aún no probado. El impacto del narcotráfico remarcó, tampoco se limita a la seguridad: la violencia asociada golpea especialmente a los sectores más vulnerables.

 

Uruguay y la pérdida de la excepcionalidad

Uruguay conserva rasgos que lo hacen atractivo para el crimen organizado: estabilidad institucional y niveles de violencia menores a los de la región. Pero esa misma previsibilidad puede ser una ventaja para quien busca operar sin sobresaltos. “Uruguay sigue siendo dentro del panorama regional un país confiable, con leyes confiables”, planteó Ladra, a lo que suma una extensa frontera terrestre y espacios marítimos y aéreos difíciles de controlar.

Para el autor, parte del problema empieza en la propia percepción de los uruguayos: “No somos la Suiza de América; lo que pasa es que nosotros no creímos que éramos la Suiza de América. Ese es otro problema”.

 

Una discusión que va más allá del libro

Después de años dedicados a investigar el narcotráfico, Ladra espera que El Tridente no sea solamente una reconstrucción periodística del pasado reciente. Su principal expectativa está puesta en que la publicación ayude a modificar la manera en que Uruguay observa el fenómeno: “Me gustaría que este problema las autoridades, pero la sociedad en su conjunto, lo mire de frente”.

También agregó que busca que provoque en la sociedad “una discusión sobre dónde estamos parados y qué estamos haciendo como país”, y que se asuma que Uruguay “no somos un país excepcional ni mucho menos”, sino un país que tiene muchos problemas, como otros países de la región.

El objetivo, explicó, no es presentar a Uruguay como un caso excepcional ni reducir la explicación a determinadas organizaciones, sino reconocer que el narcotráfico lleva mucho tiempo formando parte de esa realidad.

La investigación funciona, en ese sentido, como una mirada de largo plazo sobre un fenómeno que suele aparecer en la agenda pública a partir de episodios concretos. Ladra busca desplazar el foco de los hechos aislados hacia las condiciones que permiten que las organizaciones sobrevivan, se transformen y vuelvan a ocupar los espacios que dejan quienes son detenidos o desaparecen de escena.

El Tridente será presentado el jueves 27 de agosto, a las 19 horas, en la Fundación Mario Benedetti. Allí, la investigación que reúne años de trabajo periodístico llegará formalmente al público con una pregunta que atraviesa buena parte de la conversación con su autor: cuánto conoce realmente Uruguay sobre el fenómeno que tiene delante y cuánto más está dispuesto a mirar.

 

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