Publicado en 2025, El fin del mundo común: Hannah Arendt y la posverdad, de la politóloga y ensayista española Máriam Martínez-Bascuñán, parte de un episodio de la primera investidura presidencial de Donald Trump. Al día siguiente, su jefe de prensa afirmó que había sido el acto con mayor audiencia de la historia. Ante una afirmación que podía ser contrastada, una asesora de la Casa Blanca, Kellyanne Conway, habló de “hechos alternativos”.
De acuerdo con la reseña del libro, para la autora aquel episodio marca el cierre de una etapa política y el comienzo de otra. El problema no es solamente la presencia de la mentira. Lo que se deteriora es el mundo común que permite a los ciudadanos mirar los mismos hechos, discutirlos y formar juicios distintos sobre una base compartida.
Durante su participación en octubre de 2025 en La noche en 24 horas, de RTVE Play, la autora explicó por qué recurrió a Hannah Arendt, una de las filósofas más influyentes del siglo XX. “Los clásicos nunca mueren porque están constantemente ofreciendo herramientas conceptuales para analizar lo que ocurre en la actualidad”.
Martínez-Bascuñán recupera los textos de Arendt sobre verdad y mentira en política, Los orígenes del totalitarismo y sus escritos sobre Sócrates y la opinión. También toma de ella la noción de mundo común: “aquello que nos une y que nos separa a la vez”.
Mentira y posverdad
Para Martínez-Bascuñán, la posverdad no consiste simplemente en hacer pasar una falsedad por verdadera. En la entrevista planteó que el cambio está en la capacidad de un líder para crear una realidad alternativa y conseguir que funcione como referencia para sus seguidores.
“Es la capacidad para crear una realidad alternativa, eso no es una mentira”, sostuvo al explicar el episodio de Trump y los llamados “hechos alternativos”. La diferencia está en que ya no se intenta solo ocultar o deformar un hecho: se busca construir otra realidad política.
Según la autora, para que ese mecanismo funcione antes deben debilitarse los intermediarios tradicionales. “Que la palabra del líder valga más que lo que dice un medio de comunicación”, explicó, y agregó que también puede valer más que la autoridad de la ciencia. La verdad pasa así de ser una cuestión de conocimiento a convertirse en una forma de pertenencia: si lo dice el líder de la propia “tribu”, se acepta como verdad.
Redes y pérdida de referencias
En la entrevista, Martínez-Bascuñán habló de una “confusión cognitiva” que puede llevar a desconfiar de instituciones e intermediarios. También señaló que “nunca había habido una concentración tan brutal de capital tecnológico, económico y de influencia por parte de una élite”, a la que definió como “una plutocracia”.
Ese escenario afecta el juicio individual. En su lectura de Arendt, la masa puede aislar a las personas y volverlas vulnerables a seguir una corriente. “De esa manera se pierde nuestro juicio individual”, hasta llegar a repetir lo que dice el líder o la tribu.

Medios de comunicación
Su respuesta es volver a los principios básicos: “Un medio de comunicación no es el garante de la verdad, sino que informa sobre los hechos”. Para la autora, ofrecer hechos permite que sobre ellos se construyan interpretaciones y opiniones.
Por eso reivindica el periodismo de investigación, el contraste de fuentes y la rendición de cuentas cuando un medio se equivoca. “Yo creo que pueden sobrevivir haciendo lo que han hecho siempre”, señaló. Por otro lado, plantea que recuperar la confianza ciudadana, depende de esas prácticas y de mantener un espacio compartido para la conversación.
La responsabilidad del ciudadano
Para la escritora, la responsabilidad no está solo en los medios. El libro está pensado también como un manual para la ciudadanía. En la entrevista explicó que “una opinión no es un hecho”. Que llueva o no llueva, dijo, es un hecho; a partir de ese hecho se puede opinar.
La dificultad aparece cuando desaparece el acuerdo sobre aquello que se está discutiendo. Por eso insiste en que el problema no debe pensarse solo como una disputa entre verdad y mentira. “Lo que se está erosionando es el mundo común, no la verdad”, afirmó. Ese espacio permite que personas con opiniones distintas miren el mismo objeto y discutan sobre él.

El rol de Donald Trump
Trump ocupa un lugar central porque, para la autora, representa de forma clara esta lógica. En la entrevista sostuvo que Arendt probablemente analizaría su comportamiento como el de un autócrata capaz de construir una realidad mediante la retórica y erigirse en líder de movimientos de masas.
Pese al título, Martínez-Bascuñán define el ensayo como “un manual de resistencia”. Su objetivo es ofrecer herramientas para enfrentar hechos alternativos, mentiras populistas, retórica engañosa y desinformación, con el foco puesto en la responsabilidad del ciudadano al emitir juicios.
El mundo que todavía puede compartirse
El fin del mundo común no presenta la posverdad como un problema que pueda resolverse únicamente verificando datos. Para la autora, el contraste de información es necesario, pero pierde eficacia cuando los ciudadanos dejan de reconocer fuentes comunes o convierten los hechos en señales de identidad.
La lectura de Arendt lleva a una pregunta política: qué condiciones permiten que personas con opiniones diferentes sigan viviendo en una misma comunidad. La pluralidad requiere diferencias, pero también un mundo que esas diferencias puedan mirar en común.
El título funciona así como una advertencia. No anuncia el final del mundo, sino el riesgo de perder aquello que permite reconocerlo como común. Frente a ese riesgo, Martínez-Bascuñán propone una tarea: no entregar el juicio propio al líder, a la tribu, al algoritmo ni al ruido de cada día.

