China: tecnología, poder y el nuevo orden global desde la mirada de Ignacio Bartesaghi

El académico uruguayo Ignacio Bartesaghi en entrevista con Diario La R analiza el ascenso de China como potencia tecnológica, su modelo de desarrollo y los desafíos futuros.

Doctor en Relaciones Internacionales Ignacio Bartesaghi.

China ha protagonizado una gran transformación económica, tecnológica y social sin precedentes en la historia moderna. Uno de sus logros más grandes: la reducción masiva de la pobreza hasta la consolidación de su rol como potencia mundial. El gigante asiático ha desafiado los modelos de desarrollo tradicionales marcando un nuevo compás en la geopolítica del siglo XXI. En un momento global marcado por tensiones geopolíticas, crisis ambientales y modelos económicos en disputa, la mirada de China aparece como una gran referencia.

Para profundizar en este tema, Diario La R conversó con el doctor en Relaciones Internacionales Ignacio Bartesaghi, profesor titular y director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), quien ha viajado y estudiado China durante años. Su análisis, expone una realidad que aún cuesta asimilar desde los marcos tradicionales de Occidente.

“China está creciendo a tasas inferiores, porque ya tiene un stock acumulado de inversiones, ha sacado a muchísimas personas de la pobreza, entonces tiene que cambiar las lógicas de consumo, del rol del Estado en la economía y de la importancia de los servicios”.

Para el especialista, China no solo ha reformulado su economía interna, sino que ha extendido su estrategia hacia el exterior, mediante iniciativas como la Franja y la Ruta, la cual está estrechamente vinculada al “con el going out de China en el sentido de invertir afuera”, señala.

Un país “fuera de escala”

Bartesaghi explica que uno de los mayores desafíos para comprender a China es la inmensidad de su escala, algo que desborda cualquier marco occidental. “Es un país fuera de escala, entonces nos cuesta entenderlo mucho desde las lógicas occidentales. Todo está fuera de escala”. Más allá de la magnitud demográfica y económica, el gran salto se encuentra en la tecnología con sus avances año a año.

Estos avances son visibles en diferentes rubros, desde las empresas públicas a las privadas, el sistema de salud y su educación. “El nivel de automatización es brutal a nivel empresarial; la incorporación de tecnología por los funcionarios es brutal; el sistema de pagos es brutal. No usan más billete, no usan más tarjeta de crédito”. Se refiere, por ejemplo, al pago facial y a aplicaciones conectadas que integran todos los servicios, desde compras hasta transporte.

En sectores como autos eléctricos, energías renovables, inteligencia artificial, drones o robótica, China también marca el paso. A su vez, en términos de propiedad intelectual, añade que “China ya patenta más que Estados Unidos, incluso, bastante más que Estados Unidos y Europa”.

“China ya patenta más que Estados Unidos”.

La batalla tecnológica y la independencia estratégica

El académico señala que la competencia con Estados Unidos ya no se juega sólo en los campos diplomático y militar, también está en el terreno de las innovaciones tecnológicas. “En todas las últimas innovaciones tecnológicas que te puedan venir en mente, está liderando China”, enfatiza. “Es una batalla que ya perdió Estados Unidos”.

La respuesta estadounidense ha sido endurecer el bloqueo de chips avanzados hacia China. Sin embargo, esta presión tiene un efecto inverso. “Si querés bloquear los chips y los insumos de Estado Unidos, lo que estás haciendo es acorralar al mercado chino y más rápido se mueve”, asegura Bartesaghi, poniendo como ejemplo los teléfonos de Huawei que ya no dependen de componentes occidentales.

Detrás de ese avance, dice, hay una cultura del esfuerzo, de planificación estatal y de aspiración cotidiana de progreso. “Todo esto tiene que ver con algo cultural que desde Occidente nos cuesta entender: la dedicación, el esfuerzo, el querer que tus hijos estén mejor que vos. Estás hablando de una nación que logró sacar a millones y a millones de personas de la pobreza, pero cientos de millones. Es un milagro de la humanidad”.

China, pobreza y libertades

Parte del desconocimiento occidental viene, según Bartesaghi, de aplicar marcos inadecuados para explicar a China. “Se dice mucho que China es una dictadura. Es realmente no entender. China nunca fue una democracia. China tiene otro régimen”, señala. “Entonces miramos con lentes occidentales, comparamos China con Cuba o con Venezuela”.

En ese sentido, subraya que los modelos comunistas no son comparables, y que en China siempre existió un fuerte componente capitalista en su desarrollo económico. “No hay nada más capitalista que los chinos en su desarrollo”, afirma.

Bartesaghi marca una diferencia profunda entre las expectativas de libertad en China y en Occidente. “Nuestra visión de la libertad es distinta. La libertad del chino es dejarme desarrollarme para que yo pueda tener mi crecimiento económico y mandar a mis hijos a la universidad”. Y agrega: “No tienen la necesidad de expresarse en contra de Xi Jinping. ¿Por qué no tienen la necesidad? Porque van bien. Ven el avance. Nadie es tonto”.

A esto se suma la capacidad adaptativa del sistema, que ha sabido integrar el desarrollo tecnológico con reformas sociales sin dejar afuera a millones. “La planificación del Estado les permite que los empleos que van quedando afuera por la robótica sean sustituidos en otras tareas”, explica.

“El gran aprendizaje es que China no cambió su foco hacia el 2049″.

China y Estados Unidos

Durante la entrevista, Bartesaghi se detiene en la relación entre China y Estados Unidos, marcada por tensiones, pero también por dependencias mutuas. “China ha demostrado que es el único país del mundo que puede sentarse a negociar sin saber mucho con Estados Unidos”, afirma. ¿Por qué? “Tiene los bonos, tierras raras, miles de millones de dólares de compra de alimentos y además, tiene un rol preponderante en la economía mundial y regional”.

Considera que se trata de “un actor clave en las cadenas globales de valor”, tanto en el sudeste asiático como en América Latina, países europeos, Asia Central y Asia-Pacífico.

Sin embargo, advierte que a China no le conviene una guerra comercial ni un conflicto global. “China gana con la paz, con la estabilidad, con la cooperación”. Ese pragmatismo, dice, viene de décadas atrás, cuando tras la Revolución Cultural y los años difíciles de Mao, Deng Xiaoping diseñó un camino propio que no siguió ni el modelo soviético ni el capitalista estándar, y que cimentó la apertura económica de la mano del Partido Comunista Chino.

Hoy, esa apertura se manifiesta tanto en inversiones globales como en la creación de instituciones multilaterales como los BRICS o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, estructuras que Occidente a menudo ignora o ridiculiza. “¿No será que algo nos está moviendo? Porque toman decisiones brutalmente importantes. Liberan visas a 90 países. Mientras tanto, Estados Unidos cierra fronteras”.

Para Bartesaghi, la historia no se escribe en un solo tablero y Occidente comete un error estratégico al subestimar los movimientos de China. “El gran aprendizaje es que China no cambió su foco hacia el 2049. Voy a llegar al 2049 siendo la potencia central. Y no lo van a parar”.

Asociación estratégica Integral: Uruguay – China

La relación entre China y Uruguay se presenta hoy como una oportunidad estratégica, pero también como un desafío para la diplomacia y la planificación económica del país. Para Bartesaghi, Uruguay ha observado de cerca el desarrollo chino, sin embargo, ese conocimiento no siempre se traduce en una visión clara de las potencialidades bilaterales.

Uno de los puntos críticos es el avance en las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China, un anhelo del gobierno uruguayo que se ha topado con obstáculos internos y externos, especialmente en el seno del Mercosur. Para Bartesaghi, la discusión refleja también las limitaciones del bloque: “Estamos hablando de miles de millones de euros de comercio… y nosotros seguimos discutiendo si se puede o no avanzar de forma bilateral,” dijo, recordando que el acuerdo, más allá de abrir mercados, podría tener un efecto dinamizador en sectores estratégicos, desde la energía hasta la tecnología. En ese sentido, el especialista remarcó que el modelo chino, con su planificación a largo plazo, contrasta con las demoras estructurales y la falta de consensos que caracterizan a la región.

Pese a este panorama, Uruguay aún no define con precisión qué quiere obtener de China. Bartesaghi sostuvo que el país carece de una agenda estratégica integral que le permita aprovechar plenamente las oportunidades de la cooperación bilateral. El especialista considera que “Uruguay no sabe lo que quiere de China”, y la falta de dirección no solo frena el potencial del vínculo, sino que debilita la posición negociadora del país en un escenario global marcado por grandes transformaciones tecnológicas y geopolíticas, donde China no solo crece, sino que profundiza su presencia en América Latina.

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