La decisión anunciada por el Departamento de Estado de Estados Unidos de incluir a las organizaciones criminales brasileñas Primeiro Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV) en la lista de organizaciones terroristas internacionales marca un punto de inflexión en la estrategia de Washington frente al crimen organizado transnacional en América Latina. La medida, comunicada oficialmente por el secretario de Estado, Marco Rubio, entrará en vigor el próximo 5 de junio y supone un cambio sustancial en el tratamiento jurídico, financiero y operativo de estas estructuras criminales.
Según explicó a Diario La R el analista en seguridad Edward Holfman, la nueva clasificación tiene consecuencias concretas para los países de la región, incluidos aquellos que no son escenario directo de las operaciones de estas organizaciones. Entre ellos aparece Uruguay, tanto por su condición de plataforma logística regional como por su integración al sistema financiero internacional.
Un cambio de categoría
Hasta ahora, organizaciones como el PCC y el Comando Vermelho eran consideradas principalmente grupos criminales dedicados al narcotráfico, lavado de activos y otros delitos transnacionales. La nueva designación las ubica dentro de la categoría de organizaciones terroristas, un estatus que activa mecanismos legales mucho más amplios dentro de la legislación estadounidense y en los sistemas de cooperación internacional.
Este cambio implica que las actividades financieras vinculadas a estas organizaciones ya no serán tratadas únicamente como operaciones de lavado de dinero, sino que podrían ser consideradas financiamiento del terrorismo.
La diferencia no es menor. Mientras el lavado de activos apunta a ocultar el origen ilícito de fondos obtenidos mediante actividades criminales, el financiamiento del terrorismo incorpora sanciones más severas y permite la aplicación de medidas extraterritoriales por parte de Estados Unidos.
En términos prácticos, la decisión habilita el congelamiento de activos vinculados a estas organizaciones en cualquier sistema financiero conectado con Estados Unidos, obliga a un monitoreo más riguroso de transacciones sospechosas y aumenta las exigencias de cumplimiento para bancos, empresas y operadores financieros de distintos países.
Holfman señala que el caso del PCC y el Comando Vermelho no constituye un hecho aislado. En los últimos años Estados Unidos ha aplicado medidas similares a diversas organizaciones criminales de América Latina.
Entre ellas se encuentran el Tren de Aragua, el denominado Cártel de los Soles en Venezuela, así como organizaciones vinculadas al narcotráfico en México y Colombia.
La experiencia de esos casos permite observar algunas de las consecuencias que suelen derivarse de este tipo de designaciones: incremento de la cooperación internacional, ampliación de las capacidades de investigación financiera y una mayor presencia de agencias estadounidenses en operaciones conjuntas con países aliados. De acuerdo con el especialista, el fenómeno trasciende la mera persecución penal y adquiere una dimensión estratégica vinculada a la seguridad hemisférica.

El impacto financiero
Uno de los principales efectos esperados se concentra en el ámbito financiero. La nueva clasificación obliga a bancos, aseguradoras, corredores financieros y otros actores económicos a reforzar los controles destinados a detectar operaciones que puedan estar vinculadas directa o indirectamente con estas organizaciones. En países con economías abiertas e integradas a los mercados internacionales, como Uruguay, esto podría traducirse en mayores exigencias regulatorias y en una supervisión más intensa de determinados sectores considerados vulnerables al lavado de activos.
Los especialistas coinciden en que las actividades criminales vinculadas al narcotráfico suelen buscar mecanismos para introducir recursos ilícitos en circuitos legales mediante inversiones inmobiliarias, empresas comerciales, servicios financieros y otras actividades económicas.
La nueva condición de organizaciones terroristas incrementa el riesgo para cualquier empresa o persona que mantenga vínculos, aun involuntarios, con estructuras relacionadas con estos grupos.
Otro de los aspectos centrales de la decisión estadounidense es el impacto sobre la cooperación en materia de seguridad e inteligencia. La catalogación como organizaciones terroristas permite ampliar los mecanismos de intercambio de información entre países y facilita la participación de agencias especializadas en investigaciones transnacionales.
Holfman sostiene que este escenario podría traducirse en una mayor coordinación entre organismos como la Drug Enforcement Administration (DEA), el Federal Bureau of Investigation (FBI) y otras agencias estadounidenses con fuerzas de seguridad de la región.
Aunque cada país mantiene su soberanía y sus propios marcos legales, la nueva situación genera un contexto de mayor presión para fortalecer los sistemas de prevención, control financiero y persecución del crimen organizado.
Uruguay en el mapa regional
Desde la perspectiva geográfica y logística, Uruguay ocupa una posición relevante dentro de las rutas comerciales del Cono Sur. El Puerto de Montevideo ha sido señalado en reiteradas oportunidades por organismos internacionales como una terminal estratégica para el comercio regional debido a su conectividad con la hidrovía Paraguay-Paraná y con los principales mercados de exportación. Los especialistas en seguridad han advertido durante años que las mismas infraestructuras utilizadas por el comercio legítimo pueden ser aprovechadas por organizaciones criminales para el tráfico internacional de drogas y otras actividades ilícitas.
En ese contexto, Holfman considera que la decisión estadounidense incrementará la atención sobre corredores logísticos, movimientos portuarios y operaciones comerciales que puedan ser utilizados por redes criminales vinculadas al PCC o al Comando Vermelho. El experto recordó que estas organizaciones han mantenido históricamente presencia en distintas regiones de Brasil y conexiones operativas en países vecinos, especialmente Paraguay, uno de los principales centros de actividad del PCC.
Las implicancias políticas
Más allá de los aspectos financieros y operativos, la decisión también tiene una dimensión política y diplomática. Según Holfman, Estados Unidos podría promover en los próximos años una mayor armonización de las legislaciones regionales en materia de terrorismo, financiamiento ilícito y cooperación judicial.
Esto podría incluir nuevas exigencias de intercambio de información, fortalecimiento de mecanismos de extradición y actualización de marcos normativos nacionales. La discusión no está exenta de controversias. Algunos gobiernos de la región han manifestado históricamente reservas respecto a la utilización de la categoría de terrorismo para referirse a organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico.
Las objeciones suelen centrarse en la posibilidad de ampliar excesivamente las facultades de intervención internacional y en las implicancias que ello podría tener sobre la soberanía de los Estados.
Brasil y una relación compleja
Uno de los aspectos mencionados por Holfman es la posición que ha mantenido Brasil frente a esta iniciativa. Según explicó, el gobierno brasileño habría procurado durante los últimos años evitar que estas organizaciones fueran catalogadas formalmente como terroristas, privilegiando un enfoque centrado en el combate al crimen organizado. El analista entiende que detrás de esta discusión existen componentes jurídicos, políticos y diplomáticos.
En el ámbito internacional no existe una definición universalmente aceptada de terrorismo, lo que ha generado debates permanentes sobre los límites y alcances de esa categoría. La eventual aplicación de normas antiterroristas puede implicar mayores obligaciones de cooperación internacional y una participación más activa de organismos extranjeros en determinadas investigaciones.
Para Holfman, la principal transformación es conceptual. Mientras hasta ahora el PCC y el Comando Vermelho eran abordados como expresiones del crimen organizado transnacional, la nueva clasificación los incorpora dentro de un esquema de amenazas a la seguridad hemisférica.
Esa modificación amplía las herramientas disponibles para los Estados y para los organismos internacionales que participan en la lucha contra estas estructuras. El especialista compara este proceso con cambios ocurridos en la política de seguridad internacional después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando la agenda global comenzó a priorizar el combate al terrorismo mediante mecanismos de cooperación internacional más amplios.
Aunque los contextos son diferentes, Holfman considera que la nueva estrategia estadounidense busca incorporar parte de esa lógica al combate contra las grandes organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico.
Desafíos para Uruguay
En el caso uruguayo, el desafío principal parece estar asociado al fortalecimiento de los sistemas de prevención y control. Los organismos encargados de combatir el lavado de activos, supervisar operaciones financieras y controlar los flujos comerciales podrían enfrentar mayores exigencias en los próximos años. En resumen, para Holfman, la incorporación del PCC y del Comando Vermelho a la lista de organizaciones terroristas internacionales representa un cambio significativo en la forma en que Estados Unidos y buena parte de la comunidad internacional enfrentarán el fenómeno del narcotráfico organizado.

La ausencia de Marset y el reordenamiento de las rutas del narcotráfico
Durante la entrevista con Diario La R, Edward Holfman sostuvo que la captura y posterior detención de Sebastián Marset en Estados Unidos habría generado cambios significativos en las dinámicas del narcotráfico regional, con efectos que también se estarían sintiendo en Uruguay.
Según el especialista, Marset desempeñaba un papel relevante en las rutas de salida de cocaína hacia Europa, particularmente a través de la Hidrovía Paraguay-Paraná y del Puerto de Montevideo. Su ausencia habría provocado una reconfiguración de las estructuras criminales encargadas del tráfico internacional de drogas. Holfman afirmó que parte de esos cargamentos estaría siendo canalizada actualmente por el Puerto de Santos, en Brasil, donde operan organizaciones con mayor influencia sobre las nuevas cadenas logísticas. A su entender, este cambio habría reducido el flujo de droga que llegaba al mercado uruguayo y al mismo tiempo alterado los mecanismos de distribución interna.
El analista vinculó esta situación con el aumento de los enfrentamientos entre grupos criminales registrado en distintos barrios de Montevideo durante los últimos meses. A su juicio, la menor disponibilidad de estupefacientes en la plaza local estaría intensificando las disputas por el control de los puntos de venta y las rutas de abastecimiento. No obstante, estas apreciaciones corresponden al análisis personal del entrevistado y no han sido confirmadas oficialmente por las autoridades competentes.

