Los 8 de marzo se han convertido en una fecha donde por un instante, el mundo se detiene para mirar las desigualdades que atraviesan la vida de las mujeres. En Uruguay, esa mirada aún tiene deudas profundas con las mujeres indígenas, históricamente relegadas al silencio, la negación y la invisibilización. En diálogo con Diario La R, Noelia Lagos, vicepresidenta del Consejo de la Nación Charrúa (CONACHA), pone palabras donde durante siglos hubo castigo, miedo y negación para acercarnos a esta parte de nuestras raíces.
Desde una perspectiva profundamente humanizada y política, Lagos reconstruye la historia de las mujeres charrúas como sobrevivientes de un genocidio, guardianas de la memoria y protagonistas activas del presente. Sobre la invisibilización de la población indígena en nuestro país, aclara que “no fue un exterminio, porque exterminio significaría que ya no existimos. Fue un genocidio, un intento de exterminarnos en Salsipuedes, que no se logró porque seguimos acá”.
CONACHA: organización, memoria y acción política
El Consejo de la Nación Charrúa fue fundado en 2005 y se ha convertido en una de las principales referencias del movimiento indígena en Uruguay. Actualmente, Noelia Lagos ocupa la vicepresidencia y cumple un rol clave en la articulación con instituciones nacionales e internacionales. “Una de nuestras funciones es visibilizar el movimiento indígena y también generar intercambios con instituciones del territorio y a nivel internacional”, explica.
Entre esos vínculos se destacan espacios como la CEDAW, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial y organismos de la ONU. A nivel interno, CONACHA impulsa la Escuela Itinerante ESICHAI, donde se desarrollan talleres y cursos vinculados a la temática indígena.
Uno de los principales objetivos políticos del Consejo es la ratificación del Convenio 169 de la OIT. “En América solo dos países no lo tienen ratificado: Surinam y Uruguay. Seguimos luchando por eso”, subraya Lagos.
Mujeres charrúas: sobrevivir, resistir, transmitir
La historia oficial ha negado sistemáticamente la existencia indígena en Uruguay. Esa negación impacta de forma aún más cruda sobre las mujeres. “La primera discriminación que sufrimos como mujeres indígenas es la invisibilización. Decir que sos indígena todavía genera burlas, negaciones, comentarios como ‘los exterminaron a todos’”, señala Lagos.
Sin embargo, fueron las mujeres quienes garantizaron la continuidad del pueblo charrúa. “Ellas fueron las sobrevivientes del genocidio y las que transmitieron la cultura en silencio, porque hablar implicaba castigo”. Lagos recuerda relatos documentados donde a las madres se les cortaban las puntas de la lengua o se las torturaba para que los niños no hablaran lenguas originarias.
Los estudios de ADN mitocondrial, transmitido exclusivamente por línea materna, refuerzan esa memoria viva. “La mayoría del linaje indígena es femenino, porque a los hombres los asesinaban y las mujeres eran esclavizadas. Ellas tuvieron hijos y transmitieron la ancestralidad”, explica.

Salsipuedes y la historia que no se cuenta
Tras la matanza de Salsipuedes, la historia oficial intentó clausurar la existencia indígena en el territorio. Sin embargo, las mujeres charrúas tuvieron un rol central como sobrevivientes del genocidio y principales guardianas de la memoria y la cultura.
“Fueron ellas las que transmitieron la ancestralidad en silencio, porque ni siquiera podían hablar”, explica Lagos. Agrega que existen registros que dan cuenta de castigos brutales: en las escuelas, si los niños mencionaban algo vinculado a lo indígena, las represalias recaían sobre las madres, cortándoles las puntas de la lengua o pinchando sus ojos para que los niños no siguieran hablando otra lengua que no fuera el español.
Salsipuedes no fue el final de la violencia, poco se menciona una batalla protagonizada por las viudas charrúas. Luego de que el ejército de Rivera asesinara a los hombres, las mujeres se levantaron en armas y lograron derrotar a las tropas. “Las mujeres sobrevivieron, resistieron y vencieron al ejército”, afirma.
Tras la emboscada, se estima que unas 300 personas —entre hombres, mujeres y niños— fueron tomadas prisioneras. La mayoría de quienes llegaron a Montevideo eran mujeres, de las cueles, muchas fueron repartidas en el camino. A los hombres, se los distribuyó en embarcaciones para alejarlos del territorio. Las mujeres, en cambio, fueron retenidas en el Cuartel de Dragones, y luego entregadas a familias de la alta sociedad como esclavas o empleadas domésticas.
Hay documentos que revelan el nivel de crueldad de ese proceso. Una carta, escrita por una mujer de la élite que tenía a una indígena esclavizada, imploraba a Rivera que devolviera los hijos a esas madres. “No podían soportar el dolor, lloraban, se arrancaban el pelo de la desesperación”, recuerda Lagos. La respuesta en algunos casos fue cortarles las cuerdas vocales para silenciar su llanto.
Guyunusa y la resistencia
Hablar de mujeres charrúas es hablar de resistencia. Y Guyunusa es uno de sus símbolos más potentes. Vendida a Francia por el gobierno de Rivera, fue exhibida como un objeto exótico. “La deshumanizaron por completo. Parió en cautiverio, frente al público, y murió de tuberculosis. Incluso le hicieron un molde del cráneo estando viva”, denuncia Lagos.
Para el pueblo charrúa, Guyunusa y sus compañeros fueron los primeros exiliados forzados. “Los llevaron a morir solos, lejos de su tierra. Eso no se olvida”, afirma.
Cada año, las comunidades indígenas regresan a Salsipuedes. “Es un lugar sagrado. Vamos a honrar a nuestros ancestros. El dolor se transforma en fuerza, en resistencia”, expresa Lagos. “El silencio impuesto a nuestras abuelas hoy es nuestra voz”.
Esa voz se alza en múltiples espacios: sindicatos, conversatorios, luchas territoriales, defensa del agua, del trabajo y de la educación. “Estamos en todos lados. La cosa es que nos vean y nos respeten”.

Ancestralidad y presente
La recuperación de prácticas ancestrales también forma parte de la resistencia. Desde el acompañamiento en el embarazo y el parto hasta rituales de cierre postparto, las mujeres indígenas reconstruyen saberes que dialogan con la vida contemporánea.
“Fui madre en 2024 y tuve acompañamiento de una Inchalá. Mi parto fue en una mutualista, pero lo viví de forma lo más natural posible”, cuenta Lagos. “Humanizar el parto es fundamental. Nuestro cuerpo no es un territorio de conquista”.
Según el censo 2023, el 6,4 % de la población se reconoce indígena, con un aumento respecto a 2011. “No confiamos del todo en esos datos, porque la pregunta muchas veces se formula mal o directamente no se hace. Aun así, cada vez más personas se reconocen”.
Un hito reciente fue la declaración de Salsipuedes como sitio de memoria en 2022 y el trabajo con la IMM para colocar una placa en el Cuartel de Dragones, donde fueron llevadas mujeres y niñeces esclavizadas.
Además del 11 de abril, el 5 de setiembre es una fecha central: el Día de la Mujer Indígena, en homenaje a Bartolina Sisa.
8M: marchar, existir, encontrarse
Cada 8 de Marzo las mujeres charrúas están presentes en la marcha. A veces juntas, a veces dispersas, pero siempre visibles. “Marchamos con nuestras banderas, nuestras vinchas, las líneas azules que simbolizan los ríos, con caracolas y consignas propias”, relata.
Las consignas son claras: “Salsipuedes no se olvida”, “Nuestro cuerpo no es un territorio de conquista”, “Mujeres contra el capitalismo, el imperialismo y la colonización”.
Un mensaje para la sociedad uruguaya
“El primer paso es reconocerse”, afirma Lagos. “Si lo sentís, expresalo sin miedo. No estás sola”. Reconocer la identidad indígena no es mirar el pasado: es asumir una historia viva que interpela el presente.
En este 8M, la voz de las mujeres charrúas vuelve a ocupar el espacio que nunca debió perder: el de la memoria, la dignidad y la lucha colectiva por un país que se reconozca, por fin, en toda su diversidad.

