La participación de las mujeres en la política uruguaya ha sido el resultado de un proceso largo, atravesado por conquistas, disputas y transformaciones culturales que aún están en desarrollo. En ese camino, la militancia de base ha cumplido un rol central. En diálogo con Diario La R, Mercedes Romero, doctora en Derecho y Ciencias Sociales, militante de base del Frente Amplio (FA) e integrante de su Dirección Nacional a través de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales (CARIFA), compartió su recorrido personal, su lectura sobre el rol de las mujeres en la política y su mirada sobre los desafíos que atraviesan tanto Uruguay como la región. Aclaró que las opiniones vertidas corresponden a su mirada personal y a su experiencia militante, y no constituyen una posición institucional del partido.
Una vocación política temprana y el encuentro con la militancia organizada
Romero identifica su vínculo con la política como algo temprano. Su llegada a Montevideo en 1988, para estudiar Derecho en la Universidad de la República, marcó un punto de partida para lo que sería su futuro dentro de la política. Según explicó, fue en ese contexto donde encontró un escenario más propicio para la participación femenina activa.
Ese proceso la llevó primero a una militancia estudiantil incipiente y luego al Frente Amplio, espacio en el que se sintió identificada “no solamente por los valores y las convicciones que tiene, sino porque ahí además realmente exploramos y vamos profundizando” en la participación de las mujeres. Su identidad política está fuertemente ligada al trabajo territorial: “Yo milito en las bases del Frente Amplio, soy una mujer esencialmente de comité de base”.
El valor político de las tareas cotidianas
Al analizar la participación femenina dentro de la política, Romero enfatiza que el desafío no es solo estar presentes, sino ser reconocidas como actoras políticas plenas. “Tratamos de ir profundizando en diferentes temáticas, en diferentes formas de participación, que no se nos tenga en cuenta solamente a la hora de abrir el comité o de preparar el café para los invitados”, expresó.
Desde su mirada, todas las tareas militantes tienen valor político. “A mí me gusta tanto hacer la pegatina como hacer la cartelera, me gusta estar en las mesas, informar y también debatir”, afirmó, subrayando que la igualdad real se juega, sobre todo, en los espacios de decisión. “Es importante también que, a la hora de tomar decisiones, las mujeres seamos escuchadas”.
Paridad, representación y disputa de espacios
Consultada sobre los obstáculos que persisten, Romero expresa que la disputa por los espacios continúa. “Nosotros estamos siempre también peleando por los espacios. Eso es innegable”, sostuvo. Más allá de los avances normativos, como la conocida ley de cuotas, que establece criterios de representación equilibrada en órganos electivos y partidarios.
Desde su rol en la CARIFA, remarcó la necesidad de delegaciones diversas e intergeneracionales. “Hacemos hincapié de que haya una delegación que sea intergeneracional, que sea diversa, que lleve diferentes opiniones de sectores y de bases y también de varones y de mujeres”, explicó.
Por otro lado, valoró especialmente la incorporación de mujeres jóvenes a la política y el impacto de esa renovación. “En todos los lugares donde las mujeres llegamos, absolutamente en todos, aportamos desde una mirada y una sensibilidad que siempre es muy transformadora”, afirmó. En su opinión, la participación juvenil permite abordar problemáticas actuales —como las brechas digitales, los desafíos ambientales o los cambios en el mundo del trabajo— desde nuevas perspectivas.
Si bien reconoció avances en distintos partidos, consideró que en el FA la participación femenina es “activa y real”, y no meramente simbólica. En ese sentido, destacó el rol de mujeres jóvenes en el Parlamento “con contenido realmente muy profundo, muy responsables y comprometidas”; al igual que en organismos públicos, señalando que la representación debe estar asociada al contenido y al compromiso, y no solo a la imagen.
Una mirada regional desde los derechos humanos
Romero amplió su análisis al contexto latinoamericano, donde, según afirmó, la participación política de las mujeres es profundamente desigual. Reconoció a Uruguay como un país pionero en marcos normativos vinculados a derechos civiles y diversidad, aunque advirtió que esos avances implican también una responsabilidad regional. “La función como mujer política es no solamente tratar de incidir o de transformar tu propia realidad de tu país, sino también dar una mano de forma empática y sorora al resto de los colectivos y organizaciones sociales que se van manejando en toda Latinoamérica e incluso el Caribe para ir conquistando esos derechos”, sostuvo.
Desde su perspectiva, los derechos humanos “nos preceden” y deben ser defendidos de manera colectiva, más allá de las fronteras nacionales, a través de redes de organizaciones sociales y políticas.
Tensiones, bloqueos y disputa por la soberanía
Más allá del escenario uruguayo, Romero situó en el plano regional e internacional haciendo especial énfasis en Venezuela, Cuba y Palestina. Desde su perspectiva, América Latina atraviesa un momento de alta tensión geopolítica, marcado por lo que definió como “medidas coercitivas unilaterales”, bloqueos y una creciente militarización.
Sobre Venezuela, sostuvo que la situación actual no puede analizarse sin tener en cuenta el conflicto con Estados Unidos. “No es un ataque solamente a Venezuela y a Cuba, es un ataque a toda la región”, afirmó. En su lectura, las sanciones económicas y las acciones diplomáticas y judiciales impulsadas por Washington forman parte de una estrategia más amplia de presión sobre América Latina y el Caribe.
En relación con Cuba, describió el embargo como “criminal” y lo comparó con “un genocidio en cámara lenta”, al entender que el bloqueo económico, comercial y financiero asfixia al país desde hace décadas. “Si asfixio y ahogo a un país en donde el bloqueo es económico, comercial y financiero, no le permito hacer nada”, expresó.
Flujos migratorios
Otro eje central fue la migración. Romero reconoció el peso que han tenido los flujos migratorios venezolanos y cubanos en los últimos años, incluidos en Uruguay, y cuestionó el trato que reciben quienes migran hacia Estados Unidos. “Los tratan como criminales, separan a las familias, hemos visto vulneraciones de derechos humanos incluso contra niños y niñas”, señaló. Frente a ello, defendió la política uruguaya de protección de derechos y advirtió sobre la necesidad de “no enamorarse de quien los oprime”.
En su análisis, el escenario global se presenta como un “caldero bastante complejo”, con actores como China, Rusia, Corea del Norte y la OTAN en una dinámica de confrontación que trasciende a América Latina. A esto sumó la idea de una “guerra híbrida” y “cognitiva”, donde las redes sociales y los discursos de odio cumplen un papel central en la disputa política y cultural.
Finalmente, al referirse a Palestina, planteó que allí se configura un “genocidio” y un “etnocidio” ante la destrucción sistemática de infraestructura civil. Volvió a cuestionar la eficacia de los organismos internacionales y se preguntó: “¿Para qué tenemos un orden jurídico internacional si cualquier Estado va a imponer la fuerza bruta?”.
El 8M como espacio de participación y compromiso
De cara a una nueva movilización del 8 de marzo, Romero convocó a las mujeres a involucrarse activamente, más allá de pertenencias partidarias. “La voz de las mujeres como siempre ha sido transformadora de la sociedad”, afirmó. Para ella, la marcha no es solo una instancia de reivindicación sectorial, sino una expresión de compromiso frente a las desigualdades y las vulneraciones de derechos que persisten a nivel global.
En ese sentido, insistió en que la política atraviesa la vida cotidiana y que la militancia no se limita a los cargos formales. Desde el comité de base, la feria barrial o una organización social, la participación —sostiene— sigue siendo una herramienta fundamental para transformar la realidad y ampliar los márgenes de igualdad.

