De acuerdo con las denuncias, la secta en cuestión tenía una estructura jerárquica y piramidal.

«Decía que era Dios en la Tierra»

La captación de víctimas por parte de Rodríguez y Muñóz se dio en diversos contextos, incluidos ámbitos políticos y universitarios.

Nicolás Rodríguez y Silvia Daniela Muñóz, ambos empleados del Senado bonaerense, permanecen detenidos tras ser acusados de abusar sexualmente de al menos tres mujeres durante un período que abarca varios años. La pareja lideraba una secta denominada «La Orden de la Luz», que, según las denuncias, operaba bajo la fachada de una supuesta espiritualidad. Los testimonios de las víctimas revelan una serie de manipulaciones psicológicas, amenazas constantes y abusos sexuales que fueron perpetrados en nombre de una distorsionada creencia en el «poder divino» de Rodríguez, quien se presentaba como un «semidiós reencarnado».

La Secta «La Orden de la Luz» y sus Prácticas Abusivas

De acuerdo con las denuncias, la secta en cuestión tenía una estructura jerárquica y piramidal. Nicolás Rodríguez, quien ocupaba la cúspide, se hacía llamar “Dios Kiei” y se presentaba como un guerrero con poderes místicos que le otorgaban el derecho de manipular y controlar a sus seguidores. A su lado, Silvia Daniela Muñóz actuaba como «Sensei» o maestra espiritual, desempeñando el rol de facilitadora de los abusos cometidos por Rodríguez. Muñóz utilizaba su cercanía con las víctimas para persuadirlas de mantener relaciones sexuales con Rodríguez, afirmando que esto era parte de una «misión divina». De acuerdo con las declaraciones, la relación entre los tres, o lo que ellos llamaban la «trieja», no podía ser cuestionada, ya que la unión era vista como un acto de obediencia a un propósito más grande.

Manipulación, Amenazas y Personalidades Místicas

El testimonio de las víctimas ha revelado las complejas y aterradoras tácticas psicológicas utilizadas por los líderes de la secta para mantener a las mujeres en un estado de sumisión. Rodríguez no solo se presentaba como un líder espiritual, sino que también adoptaba diversas personalidades místicas para poder manipular y controlar a las víctimas. Entre las personalidades más destacadas se encuentran:

  • Skrull: Esta era la personalidad más violenta de Rodríguez. Se describía a sí mismo como una especie de «hombre primitivo», y utilizaba su agresividad física para someter a las víctimas. Una de las denunciantes relató que fue golpeada repetidamente por Skrull, quien incluso la levantó por el cuello contra la pared en varias ocasiones.
  • El Misterioso: Otra de las personalidades adoptadas por Rodríguez, conocida por su carácter más calmado y «sabio». En esta versión de sí mismo, Rodríguez se presentaba como un consejero espiritual, dando indicaciones sobre cómo las víctimas debían satisfacer sus deseos sexuales y espirituales. Esta identidad también se refería a Rodríguez como el “Buda” o el “Mesías”, ejerciendo una presión adicional sobre las víctimas para cumplir con lo que él pedía.
  • Kiei: Esta fue la personalidad más aterradora y dominante, especialmente durante los años 2018 y 2019. Kiei se manifestaba con una apariencia amenazante, con la cara pintada de negro y armado con objetos como catana o navajas. Según una de las víctimas, Kiei le amenazó varias veces, diciendo que mataría a sus familiares si no cumplía con sus demandas. En una ocasión, incluso le dejó una navaja en la almohada, como una clara amenaza de violencia.

Además de estos cambios de personalidad, las víctimas eran sometidas a rituales dolorosos, como el denominado “entrenamiento para domar el fuego”. Durante estas sesiones, se les obligaba a apagar llamas con las manos, vinculando el dolor físico a la «desobediencia espiritual». Según las víctimas, esta práctica buscaba doblegar la voluntad y someterlas a una disciplina mental y física que las dejaba completamente controladas.

La Captación de Víctimas: Política y Género

La captación de víctimas por parte de Rodríguez y Muñoz se dio en diversos contextos, incluidos ámbitos políticos y universitarios. La pareja formaba parte activa del Movimiento Ciudadano “La Capitana”, una agrupación política de La Plata vinculada al kirchnerismo, y su involucramiento en la militancia les permitió ganar la confianza de muchas mujeres que aspiraban a un cambio social. Rodríguez, además, trabajaba como ayudante en la Facultad de Ciencias Políticas, lo que le dio una plataforma para crear dependencias económicas y emocionales sobre algunas de sus víctimas. Varias mujeres denunciaron que Rodríguez les pagaba sus estudios, lo que las ponía en una posición vulnerable y dependiente.

Muñóz, por su parte, aprovechaba su influencia como referente de género en diversos eventos feministas para captar a mujeres que confiaban en ella y creían que luchaba por una causa justa. Sin embargo, estas víctimas pronto se dieron cuenta de que lo que inicialmente parecía una relación de apoyo mutuo, en realidad, era una manipulación disfrazada de “espiritualidad”. Muchas de ellas fueron convencidas de entrar en la «trieja» y, en algunos casos, se sintieron culpables por cuestionar la relación o intentar dejarla.

Amenazas de Muerte y Control Total

Las víctimas que intentaron abandonar la secta fueron sometidas a amenazas constantes, tanto a ellas como a sus familias. Los testimonios relatan cómo, si alguna de las mujeres intentaba huir o denunciar los abusos, Rodríguez y Muñóz las amenazaban con hacerles daño o revelar información íntima y comprometedora sobre ellas. En algunos casos, se les decía que tenían grabaciones de videos íntimos, lo que las mantenía en un estado constante de miedo y sumisión.

 

Una de las denunciantes relató que constantemente recibía correos electrónicos durante la madrugada, los cuales hablaban sobre fuerzas malignas o el fin del mundo. Estas amenazas psicológicas estaban diseñadas para mantener a las víctimas en un estado de ansiedad constante, siempre alertas y controladas. Una de ellas contó que, en varias ocasiones, fue instruida para esperar en la calle de madrugada con un bolso preparado, porque, según los correos, “algo iba a suceder”. “Recibía correos donde me decían que el Kiei estaba en peligro y que me alejara de las ventanas. Recuerdo estar atada de pies y manos en una combi, y al día siguiente amanecer con moretones en el cuerpo”, relató una de las víctimas.

La Investigación Judicial

La fiscal Betina Lacki, titular de la UFI N°2 de La Plata, ha procesado a Rodríguez y Muñoz por abuso sexual con acceso carnal agravado, basándose en las pruebas recabadas por las autoridades, que incluyen testimonios de las víctimas y otras evidencias corroboradas. La investigación ha sido particularmente complicada debido al poder que los acusados ejercían en sus respectivos ámbitos laborales y políticos. La fiscalía también ha solicitado allanamientos en las propiedades de los acusados y en sus oficinas del Senado.

Además de los hechos denunciados en su vida personal, existe una causa paralela en la que se investiga el abuso de las víctimas dentro de las oficinas del Senado. Esta causa está bajo la supervisión del Juzgado de Garantías N°4, a cargo del juez Juan Pablo Masi, y se encuentra en etapa de instrucción.

Repercusiones y Llamado a la Acción

El caso de Rodríguez y Muñoz ha provocado una gran conmoción en la sociedad argentina, especialmente por la implicación de figuras políticas y el uso que hicieron de su poder para manipular y controlar a las mujeres. Este escándalo ha generado un debate sobre la falta de regulación de las sectas en el país, así como sobre la necesidad de implementar medidas más estrictas para proteger a las personas vulnerables de estos grupos coercitivos y manipuladores.

Organizaciones de derechos humanos, feministas y de apoyo a las víctimas han expresado su solidaridad con las mujeres abusadas, exigiendo justicia no solo para ellas, sino también para que este tipo de abusos no vuelva a repetirse. “Lo que más necesitamos es que se haga justicia, pero también que se tome conciencia de la peligrosidad de estos grupos y de cómo pueden operar dentro de la sociedad”, declaró un portavoz de una de las organizaciones feministas.

El camino hacia la justicia será largo y complicado, pero las víctimas han demostrado una valentía notable al romper el silencio y contar su experiencia. Este caso es una advertencia sobre los peligros de la manipulación psicológica y sexual en contextos aparentemente inocentes. La comunidad espera que este caso impulse reformas legales y sociales para prevenir que otros, como Rodríguez y Muñóz, continúen operando con impunidad.

La sociedad debe unirse en la lucha por proteger los derechos de las mujeres y garantizar que las estructuras de poder no se conviertan en herramientas para la explotación y el abuso.

Comparte esta nota:

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Últimos artículos de Diario la R Argentina

Fuerte debate previsional

En el Congreso, legisladores de distintos bloques reconocen que cualquier intento de modificación genera resistencias inmediatas.