La segunda mitad de 1956 en Cuba fue convulsa. Luego de tiempo de preparación, líderes del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, exiliados, desembarcaron en la isla, noticia que despertó la preocupación y represión en consecuencia, del dictador Fulgencio Batista. Este señor, desde 1952, había instaurado un gobierno anticonstitucional, derogando elecciones y auto proclamándose presidente de la República.
Los revolucionarios arribaron al territorio por mar y se internaron en las montañas de la Sierra Maestra, complejo geográfico ubicado en la región Oriental. Las noticias especulaba sobre la localización exacta de los líderes; en el Palacio Presidencial, la respuesta del dictador ya estaba escrita no en estrategias, sino en masacre. Una orden secreta cruzó los cables telefónicos hacia el Oriente: aniquilar cualquier sospecha.
Así nacieron lo que el pueblo hoy recuerda como «Las Pascuas Sangrientas». No fue un combate ni una pelea, los jóvenes fueron cazados hasta ser asesinados. En la noche del 23 de diciembre, en la garita de la Nicaro Nickel Company, comenzó la cacería. El guarda jurado Proenza, que lo vigilaba desde la mañana, detuvo a Rafael Orejón (joven que había dado la noticia en Holguín de que el líder Fidel castro vivía) y le disparó en la garganta. Era el primer acto de una operación de exterminio diseñada para aterrorizar a la región. Las víctimas no eran guerrilleros del «Granma», que en esos momentos vagaban perdidos y diezmados por los manglares de Alegría de Pío. Eran jóvenes, en su mayoría estudiantes, obreros, campesinos, militantes del Movimiento 26 de Julio, personas señaladas por un rencor local, una delación infame o el simple «delito» de pensar distinto.
Según los testimonios de criminales batistianos juzgados posteriormente, el coronel Fermín Cowley, jefe del regimiento en Holguín, fue claro al transmitir las órdenes de Batista: “Los presos causan muchas molestias… los muertos son más económicos”. Esta consigna guio cuatro días de horror. No hubo detenciones legales ni juicios. Solo ejecuciones extrajudiciales, torturas y la exhibición pública de los cadáveres.
Los procedimientos fueron horriblemente similares en distintos puntos. Jóvenes eran sacados a la fuerza de sus casas, en plena noche o a la luz del día, frente a familiares aterrados. Otros eran detenidos en la calle con cualquier pretexto. No hubo juicios, no hubo cargos.
La prensa de la localidad guarda con celo los siguientes datos: “A Pedro Díaz Coello, jefe del M-26-7 en Holguín, lo colgaron de un árbol, la autopsia reveló que ya estaba muerto. Dos de sus contactos, Luis Peña y William Aguilera, fueron acuchillados y sus restos arrojados a un estadio; el líder sindical Loynaz Echevarría, apareció en un camino. En Banes, al no encontrar a Mauro Esperance, los esbirros asesinaron a su hermano Telmo y abandonaron su cuerpo en un parque infantil.
Gilberto González, baleado; Enrique Morgan, con un disparo en el cráneo; Héctor Infante y Alejo Tomás, baleados en Delicias; Antonio Concepción, cerca de Gibara”.
Durante las Pascuas Sangrientas y en poco más de 24 horas fueron asesinados 23 jóvenes.
El régimen buscaba silenciar y castigar las voces inconformes con la dictadura, en una región plagada de volantes, pintadas y huelgas. El golpe, brutal para las familias, fracturó momentáneamente la organización. Sin embargo, la operación fracasó en su objetivo central. La barbarie, lejos de sembrar el miedo, alimenta la indignación y fortalece el deseo de vivir en un lugar más justo. Dos años después triunfó la revolución.
Aunque la historia muchas veces pasa de prisa sobre páginas como estas, el Oriente recuerda. Están presente en la memoria de ancianos que recuerdan al amigo, hijo, vecino…, que un día se lo llevaron y



HORRIBLE DESCRIPCION, PERO NADA DIFERENTE A LO QUE HIZO ALGO DESPUES EL TAL FIDEL CON SU HERMANO GAY RAUL…. Y QUE ACTUALMENTE CUBA REPITE. AHORA.LOS MANDA A LA CARCEL LOS TORTURA Y LOS ENCIERRA POR 20 O 30 AÑOS….. ¿TOTAL?