Uruguay presenta una combinación que define buena parte de su estructura económica: apenas el 4% de su población vive en áreas rurales, pero los sectores agropecuario, agroindustrial y forestal explican alrededor de dos tercios de sus exportaciones. Esa relación entre un territorio escasamente poblado y una elevada capacidad de generación de riqueza atraviesa el Reporte de Economía y Desarrollo (RED) 2026 de CAF, presentado el 22 de octubre en Montevideo.
Titulado “Raíces del futuro: el nuevo mundo rural de América Latina y el Caribe”, el documento examina las transformaciones de los territorios rurales y plantea una agenda que combina producción, infraestructura, capacidades humanas, inclusión laboral y sostenibilidad ambiental.
La presentación se realizó en la Oficina de CAF en Uruguay, con participación de autoridades nacionales y departamentales, representantes empresariales y especialistas. El encuentro puso sobre la mesa una cuestión central para el desarrollo territorial: cómo lograr que la competitividad de las actividades rurales se traduzca en oportunidades para quienes viven y trabajan en esos espacios.
La apertura estuvo a cargo de Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica de CAF, y José Manuel Arenas, coordinador de Descentralización de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP).
Asinelli destacó que el desarrollo regional también se construye desde los territorios rurales y presentó la experiencia uruguaya como una referencia por la continuidad de sus políticas. Expresó, además, la expectativa de que el reporte contribuya al trabajo conjunto entre el Gobierno, las administraciones departamentales y el sector productivo.
Arenas situó el debate en las condiciones de vida de la población. “No alcanza con que un territorio sea capaz de producir riqueza si quienes viven en él no encuentran las condiciones necesarias para construir allí su proyecto de vida”, sostuvo.
El jerarca vinculó la descentralización con la igualdad de oportunidades y la cohesión territorial. En ese marco, mencionó inversiones en caminería y electrificación rural, el fortalecimiento de los gobiernos departamentales y municipales y el nuevo Fondo de Inversiones Estratégicas, de 80 millones de dólares, cuyo diseño contó con cooperación técnica de CAF.

Productividad y adaptación climática
Los principales resultados del estudio fueron presentados por Juan Odriozola, economista principal de la Dirección de Investigaciones Socioeconómicas de CAF. Según los datos expuestos, Uruguay registra una de las productividades agropecuarias más altas de América Latina y el Caribe, con unos 29.000 dólares por trabajador, y el mayor capital por trabajador de la región, cercano a los 60.000 dólares.
Ambos indicadores permiten observar la importancia de la inversión y de la capacidad productiva del sector. Sin embargo, describen dimensiones diferentes: la productividad refiere al resultado de la actividad por trabajador, mientras que el capital expresa los recursos productivos disponibles. Ninguna de esas cifras equivale al salario o al ingreso que recibe cada trabajador rural.
El reporte también destaca la calidad, la trazabilidad y la sostenibilidad como componentes de la inserción internacional uruguaya. La carne aparece como uno de los ejemplos de esa estrategia, en la que las condiciones de producción y la información sobre el origen adquieren relevancia comercial. Otro dato presentado es que el 25% de las tierras agrícolas se encuentra bajo producción orgánica, la mayor proporción regional según el informe. Este indicador refiere a superficie y no debe interpretarse como una participación equivalente en el volumen total producido o exportado. La continuidad de estos resultados enfrenta el desafío del cambio climático. El documento identifica oportunidades en la incorporación de tecnología y en la ampliación del riego, que actualmente alcanza al 12% del área cultivada.
La adaptación requiere considerar tanto la capacidad de sostener la producción como el uso de los recursos naturales. En esa perspectiva, la inversión tecnológica y la infraestructura hídrica forman parte de una agenda orientada a reducir la vulnerabilidad de las actividades rurales.
El peso forestal y las nuevas actividades
El desarrollo forestal ocupa un lugar destacado en el análisis de CAF como ejemplo de una transformación productiva impulsada por políticas sostenidas. De acuerdo con el reporte, los productos forestales superan el 20% de las exportaciones uruguayas, la proporción más alta de América Latina y el Caribe.
Su participación muestra hasta qué punto esta actividad se incorporó a la estructura exportadora del país. Al mismo tiempo, coloca en el debate la relación entre las grandes inversiones, los proveedores, el empleo y las necesidades de infraestructura de los territorios donde se desarrolla la producción.
El informe amplía la mirada hacia otras fuentes de actividad e ingresos. Las energías renovables, la bioenergía y el turismo rural aparecen como oportunidades de diversificación para los hogares y las economías locales.
Esta perspectiva permite abordar el mundo rural más allá de la producción agropecuaria. La posibilidad de combinar distintas actividades puede ampliar las oportunidades laborales y empresariales, aunque su desarrollo exige capacidades, servicios e infraestructura adecuados a cada territorio.

Menor pobreza, con desafíos laborales pendientes
En el plano social, Uruguay presenta resultados favorables frente al promedio regional. Según el RED 2026, es uno de los dos países analizados donde la pobreza rural resulta inferior a la urbana.
Medida con la línea internacional de 6,85 dólares diarios utilizada por el estudio, la pobreza alcanza al 5,6% de la población rural uruguaya, frente al 6,7% en las ciudades. El promedio de pobreza rural de América Latina y el Caribe se ubica en el 34%.
La referencia metodológica es relevante: se trata de una medición internacional empleada en el reporte, que debe distinguirse de las estimaciones realizadas con la línea nacional de pobreza. Los porcentajes permiten observar la comparación presentada por CAF dentro de ese criterio específico.
En materia laboral, la informalidad afecta a cuatro de cada diez trabajadores rurales de Uruguay. Aunque la proporción es menor que el promedio regional —siete de cada diez—, el dato señala una dificultad que persiste en el acceso al empleo formal y a la protección social.
La comparación favorable con otros países convive, por lo tanto, con una tarea interna pendiente. Una mayor capacidad productiva necesita acompañarse de oportunidades laborales que permitan a la población participar de los beneficios del desarrollo.
De la conectividad a la calidad de los servicios
Uruguay también se destaca en infraestructura vial. El estudio señala que el 73% de la población rural vive a menos de dos kilómetros de una ruta pavimentada, lo que coloca al país al frente de la región en ese indicador.
La cercanía a una vía pavimentada constituye una ventaja para el traslado de personas y bienes. Sin embargo, ese dato no describe por sí solo el estado de toda la caminería rural ni las condiciones de acceso de cada localidad.
El reporte plantea que, tanto en Uruguay como en el resto de América Latina y el Caribe, el desafío se desplaza hacia la calidad de los servicios. La discusión incorpora así su funcionamiento efectivo y su capacidad para responder a las necesidades de la población, además de su disponibilidad.
Tras la presentación se desarrolló un panel de políticas integrado por Carlos Enciso, presentado en la jornada como intendente de Florida y presidente del Congreso de Intendentes; Federico Magnone, director nacional de Vialidad; Diego Wollheim, CEO de Montes del Plata; y Florencia Carriquiry, socia de EXANTE. La moderación estuvo a cargo de Verónica Amarante, directora de Investigaciones Socioeconómicas de CAF.
El cierre correspondió a Janet Rea, representante de CAF en Uruguay, quien destacó la agenda integral del documento y la necesidad de articular diversificación productiva, formación, infraestructura, inclusión laboral y sostenibilidad.
Los resultados expuestos muestran fortalezas relevantes del Uruguay rural, pero también permiten precisar el desafío que sigue abierto. La productividad, las exportaciones y la inversión adquieren una dimensión territorial más amplia cuando contribuyen a mejorar las condiciones de trabajo y de vida. El futuro del campo también depende de que sus habitantes puedan construir allí su futuro.


«El campo uruguayo produce riqueza»…
para unos pocos, y pobreza para muchos. Por eso se da el despoblamiento rural; de lo contrario se quedarían si fuese así. Así que no mientan, esta lleno de amish pobres en pueblitos anclados en los años 50 del siglo pasado. Los políticos tradicionalistas tienen en sus filas a estos terratenientes feudalistas que sostienen esas reglas de juego con la plebe en sus feudos. Riqueza que se la quedan y la guardan en paraísos fiscales con casi inexistente inversión en el país.
… tanta corbata me mata. Tanta cara chata me abatata… abreviemos:
jamás habrá trabajo en Uruguay (nunca): no se necesita tanta gente para cuidar vacas…
(un solo perro se sobra)