Se estima que una tercera parte de la población mundial y tres de cada cuatro habitantes de urbes industrializadas sufren algún grado de pérdida de audición como consecuencia de la exposición a sonidos de alta intensidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el ruido como un sonido desagradable y molesto que es potencialmente nocivo para la audición. Las principales fuentes de esta contaminación acústica son el tráfico, los transportes como el avión o el tren, así como las fuentes de ocio ruidosas, como conciertos o discotecas, todos ellos capaces de dañar los oídos y la salud en general.
En los últimos años, los otorrinolaringólogos han detectado un factor de riesgo adicional procedente del uso de reproductores personales de música con auriculares a volúmenes excesivamente elevados. Una práctica que se ha convertido en la actividad diaria más popular entre la población universitaria. La cual está adelantando la aparición del déficit auditivo asociado a la edad en aproximadamente 20 años. Según datos de la OMS, más de mil millones de jóvenes de entre 12 y 35 años en todo el mundo corren el riesgo de desarrollar pérdida auditiva debido a la exposición prolongada a sonidos fuertes.

Escuchar música a volúmenes superiores a 85 dB durante largos periodos puede causar daños irreversibles en las células ciliadas del oído interno, responsables de la percepción sonora. Por otro lado, si la exposición se repite en el tiempo por encima de 100 dB, el riesgo de pérdida inmediata es elevado. Aunque los dispositivos suelen tener un estándar de salida automático inferior a 85 dB al encenderse, muchos usuarios incrementan voluntariamente el volumen.
Para prevenir la aparición precoz de la pérdida auditiva, se recomienda a los jóvenes a estar informados y protegerse del ruido utilizando aplicaciones móviles con sonómetro y activando las prestaciones del móvil que ofrecen seguridad para la salud auditiva. Estudios recientes muestran que las aplicaciones que utilizan micrófonos externos calibrados pueden proporcionar mediciones de sonido útiles. Una fórmula práctica recomendada por los especialistas es la regla 60-60. Esta consiste en no utilizar los auriculares más de 60 minutos al día y no superar el 60% del volumen del dispositivo. Un hábito sencillo que puede marcar la diferencia en la salud auditiva futura.
La pérdida de audición inducida por ruido, conocida como traumatismo acústico, se engloba dentro del término contaminación acústica. Asimismo, puede manifestarse de dos formas. El traumatismo acústico agudo, que se produce por exposición a un ruido único de muy corta duración pero de muy alta intensidad, como explosiones. El traumatismo acústico crónico, que es la pérdida auditiva continua, permanente y acumulativa. Esta se desarrolla gradualmente tras años de exposición a niveles perjudiciales de ruido. Al principio, la lesión del oído interno y la pérdida de audición pueden ser temporales, afectando solo a frecuencias agudas y pudiendo revertirse. Pero si la exposición es repetitiva, el daño se vuelve irreversible. Lo cual afecta también a frecuencias medias y bajas hasta presentar una sordera severa.
El ruido dificulta la comunicación, y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, provocando insomnio, generando estrés y problemas psicológicos. Así como la dificultad en el aprendizaje al disminuir la capacidad de atención, concentración, memoria y motivación. Para proteger la salud auditiva sin renunciar al uso de auriculares, los especialistas recomiendan optar por modelos que aíslen el ruido exterior para no necesitar subir el volumen. Realizar pausas auditivas que permitan la recuperación de los oídos. Mantener una higiene frecuente de los dispositivos evitando compartirlos. Optar preferentemente por auriculares circumaurales que cubren toda la oreja y reducen la presión directa sobre el canal auditivo.

