Sentir estrés ante una prueba, una exposición oral o la incertidumbre por el futuro no significa necesariamente tener un problema de salud mental. Según Unicef, “pequeñas cantidades de estrés pueden ser buenas para motivarnos a lograr objetivos”, pero cuando se vuelve excesivo y difícil de controlar puede afectar el bienestar físico y mental.
En estudiantes, el estrés no puede analizarse solo como resultado de la presión académica: la edad y el momento del desarrollo también importan.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la adolescencia está marcada por cambios físicos, emocionales y sociales. También continúa la maduración neurológica, incluida la de la corteza prefrontal, vinculada con la regulación emocional, la toma de decisiones y la planificación.
Qué puede generar estrés
Desde Unicef Uruguay se advierte que las exigencias escolares, los exámenes, los cambios corporales de la pubertad, las dificultades en los vínculos y las transformaciones familiares y sociales se encuentran entre los factores que pueden perjudicar a niños, niñas y adolescentes.
Unicef diferencia ese malestar de una patología y señala que “no todo es un problema de salud mental”. Algunas manifestaciones forman parte del proceso adolescente, aunque es necesario prestar atención cuando requieren apoyo o tratamiento.
Algunas manifestaciones forman parte del proceso adolescente, pero la intensidad, duración y consecuencias del malestar requieren atención.
Uruguay y la salud mental
En Uruguay, la salud mental adolescente y juvenil ocupa un lugar visible dentro de las políticas públicas. El Ministerio de Salud Pública (MSP) plantea como objetivo “promover la salud, el desarrollo integral y el bienestar” de adolescentes y jóvenes, con énfasis en la equidad, la accesibilidad y su participación.
Según Unicef, “1 de 4 adolescentes y jóvenes” manifestó sentirse triste o desesperado. Otro estudio presentado por el organismo y el Instituto Nacional de la Juventud (INJU) señaló que esta sensación aumenta entre los 18 y los 24 años, etapa atravesada por nuevas exigencias educativa, laborales y expectativas sobre el futuro.
La Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) sostiene que los centros educativos son “espacios clave” para construir entornos seguros e inclusivos y actuar como factores protectores mediante el sentido de pertenencia, las habilidades socioemocionales y los vínculos.

“Compartir nos cuida”
En esa línea, ANEP, junto a INJU, MSP y Unicef presentó la campaña “Compartir nos cuida”, que promueve la escucha y la contención como herramientas para fortalecer las redes de apoyo de adolescentes y jóvenes.
En diálogo con Diario La R, Eugenia Godoy, directora del INJU, dijo que el organismo tiene “distintas acciones para acompañar”, desde la prevención, la promoción y la atención. Remarcó que la iniciativa busca ir más allá de la respuesta sanitaria y promover espacios cotidianos de escucha para fortalecer las redes de apoyo de adolescentes y jóvenes.
En este sentido, remarcó que la iniciativa busca ir más allá de la respuesta sanitaria e invitar a la comunidad a involucrarse desde el ámbito cotidiano, promoviendo espacios de escucha para contrarrestar el fuerte sentimiento de soledad e individualismo que atraviesa a los jóvenes hoy en día.
Preocupación internacional
Según la OMS, 1 de cada 7 adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental, entre los que se encuentran la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento. La adolescencia es una etapa decisiva para desarrollar herramientas como la gestión de las emociones y la resolución de problemas. El papel de los entornos familiares, educativos y comunitarios son fundamentales.
Abordar el estrés estudiantil implica considerar las exigencias académicas, la edad, el desarrollo y los recursos de cada estudiante para afrontar las presiones. El desafío es distinguir entre un malestar transitorio y una situación que comienza a afectar la vida cotidiana.

