El aumento de incautaciones de cocaína en contenedores de exportación en distintos puertos del mundo volvió a poner en foco una modalidad que, aunque silenciosa, se ha convertido en una de las preferidas del narcotráfico internacional: el “gancho ciego”, también conocido como rip on/rip off. Esta técnica consiste en introducir droga en un contenedor de carga lícita sin que la empresa exportadora tenga conocimiento, aprovechando los puntos débiles de la logística marítima global.
El gancho ciego funciona a partir de dos decisiones estratégicas. La primera es elegir cargas con bajo nivel de control aduanero, especialmente aquellas que requieren despacho rápido para evitar pérdidas económicas. Productos perecederos, mercadería refrigerada o exportaciones de tránsito ágil suelen pasar por procesos de inspección más breves. Para las organizaciones criminales, este escenario reduce el riesgo de detección en el puerto de origen y facilita que el contenedor salga del país sin mayores revisiones.
La segunda decisión clave es la ruta del contenedor. El narcotráfico prioriza mercaderías que pasan por grandes puertos de transbordo, donde el volumen diario de operaciones dificulta realizar controles exhaustivos. En estos puntos —hubs globales que conectan rutas intercontinentales— los contenedores son descargados, almacenados temporalmente y reembarcados. Ese lapso, que puede durar horas o un par de días, es ideal para que los delincuentes introduzcan la droga (“rip on”) o la retiren (“rip off”) sin alterar la carga legal.
Para lograrlo, las organizaciones suelen infiltrar personal o cooptar trabajadores portuarios, desde operadores de grúas y estibadores hasta empleados con acceso a áreas restringidas. También utilizan precintos falsificados que replican con exactitud los sellos oficiales, de modo que la manipulación del contenedor pase desapercibida. En la mayoría de los casos, ni el exportador ni el importador tienen relación alguna con el delito.
El uso de esta modalidad no es nuevo, pero sí se ha vuelto más frecuente. Con el crecimiento del comercio internacional y la necesidad de puertos más eficientes, la logística marítima se ha vuelto un terreno fértil para estas maniobras. En América del Sur, países como Brasil, Argentina y Uruguay han experimentado un aumento de alertas y casos relacionados con contenedores contaminados, incluso en productos de exportación que tradicionalmente se consideran seguros.
Las autoridades aduaneras del mundo coinciden en que el desafío es mayor que nunca. La detección del gancho ciego exige una combinación de tecnología, inteligencia criminal, análisis de riesgo y cooperación internacional. Los escáneres no intrusivos, los precintos electrónicos, los algoritmos de selección de contenedores y el intercambio de información entre puertos son herramientas que se están expandiendo, aunque aún no logran cubrir la totalidad del flujo comercial.
Para los gobiernos, el riesgo no se limita al ingreso de drogas al mercado internacional. También implica daño reputacional, potenciales sanciones comerciales y mayores exigencias de seguridad impuestas por socios internacionales. Para los exportadores, la preocupación es doble: además del impacto económico, cualquier vinculación —aunque sea involuntaria— puede generar demoras, pérdida de contratos y controles adicionales que encarecen la logística.
En un escenario donde el narcotráfico se adapta rápidamente y perfecciona sus métodos, el gancho ciego se ha convertido en un desafío global. La clave, coinciden especialistas, está en fortalecer los sistemas de control sin frenar el comercio, blindar la cadena logística y construir mecanismos de vigilancia que estén a la altura de organizaciones criminales cada vez más sofisticadas.

