El silencio mentiroso

John Cage compuso una de las obras más polémicas del mundo de la música: 4 ́33”.

Cuando se estrenó la obra de John Cage , para muchos fue una broma de mal gusto.

Corría el año 1952 cuando el compositor estadounidense John Cage compuso una de las obras más polémicas del mundo de la música: 4 ́33”. Se trata de una pieza en tres movimientos, de cuatro minutos y treinta y tres segundos de duración -de ahí su título- en la que el intérprete no toca una sola nota. La partitura indica silencios de principio a fin.

Cuando se estrenó, para muchos fue una broma de mal gusto, para otros una provocación. La idea original venía gestándose desde algunos años antes, producto de sus investigaciones.

El compositor venía trabajando en técnicas de composición no convencionales, como la música aleatoria, en la que el azar interviene en diferentes aspectos de la creación. En todo ese marco el silencio era un elemento de interés. ¿Existe realmente el silencio?. El silencio es la ausencia de sonido, desde la perspectiva de la física. Si alguien nos pide hacer silencio eso implica quedarse callado. Pero una invitación al silencio puede ser también una invitación a un momento de reflexión. Hay tantos silencios como situaciones posibles: puede ser en señal de duelo o de aprobación. Puede representar tensión e incomodidad o la más absoluta indiferencia. Puede aparecer ante una duda o como estrategia para evitar un conflicto. En la cultura oriental es un signo de sabiduría y profundo respeto.

Se ha atribuido al filósofo Paul Masson la frase “con la palabra el hombre supera a los animales, pero con el silencio se supera a sí mismo”. En la música, el silencio es considerado tan importante como el sonido. Permite respirar y frasear. En una orquesta es importante el silencio de unos instrumentos para permitir la intervención de otros, al igual que sucede en un grupo coral con las diferentes voces. En las artes escénicas el instante de silencio antes de dar comienzo a la obra aporta gran expectativa a los espectadores.

Sin embargo, se ha dicho que no existe el silencio mientras exista la vida. John Cage se encerró en una cámara anecoica, un espacio cerrado diseñado para absorber casi el 100% de las ondas sonoras, no pudiendo percibirse ningún sonido del exterior. Una vez dentro escuchó dos zumbidos. Alarmado consultó sobre ello a los ingenieros de la Universidad de Harvard, que acompañaban la experiencia, quienes respondieron que se trataba de los sonidos producidos por su propio cuerpo: el del torrente sanguíneo y el de su sistema nervioso. El silencio absoluto no es perceptible para el ser humano vivo, parece haber concluido Cage, por lo que compuso su obra silenciosa para mostrar al público que lo que entendemos como silencio es en realidad falta de atención a los ruidos que están siempre presentes en el ambiente. En el escenario los músicos no tocaban ninguna nota, al interpretar su 4 ́33”, pero en la sala se escuchaba el crujir de una butaca, la respiración de los asistentes o en la actualidad las notificaciones de los teléfonos celulares (silenciados y no silenciados). En nuestro día a día vivenciamos esos silencios mentirosos: un viaje en taxi sin conversar con el conductor, lo hacemos en silencio. Pero ahí están, sin que lleguemos a considerarlos, el rolido de los neumáticos sobre el asfalto o el ladrido de unos perros callejeros. O en la oficina, cuando el jefe dijo: por favor trabajen en silencio. Nadie habla. ¡Qué silencio!.

Mutismo de oficina. Pero ahí están el silbido del aire acondicionado, el zumbido de una mosca que se coló por la ventana, el timbre que retumbó como en una iglesia. En las ciudades, muchos silencios se van colando entre los ruidos. ¿Cuánto conocemos el paisaje sonoro en el que habitamos? Cada uno tiene sus propias voces, su manera de sonar y de callar. A menudo, acostumbrados a lo que se oye, tenemos la ilusión de estar en silencio. Construimos y modificamos ese paisaje sonoro a cada paso. A conciencia e involuntariamente. El silencio mentiroso no es ausencia, es apenas un instante de sonoras revelaciones. Está en nosotros aprender a escucharlas. Tan inmersos estamos en nuestros sonidos cotidianos que a varios de ellos los hemos transformado en silencios

Para escuchar: https://www.youtube.com/watch?v=JTEFKFiXSx4

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