Entregaron premios en San José del concurso literario “Cartas de Amor”

El tema fue “El amor en cualquiera de sus variantes, incluido el desamor”.

Un momento de la entrega de los premios en la Biblioteca Departamental de San José.

Se realizó en la Biblioteca Departamental de San José, la entrega de premios del Segundo Concurso Literario “Cartas de Amor” de la Intendencia de ese departamento. El tema del concurso fue “El amor en cualquiera de sus variantes, incluido el desamor”.

El primer premio fue para Raika Ferreira y consistió en un vale de compra por $ 5.000 en libros, segundo premio fue para Emilze Antonella Santos con un vale de compra por $ 3.000 en libros y el tercer premio para Valentina Aguilar y un vale de compra por $ 2.000 en libros. Se entregaron menciones especiales a Teresa Díaz, Elicet Rodríguez y Jonathan Pérez. El jurado estuvo integrado por el escritor Mag. Pedro Peña, maestra y profesora Lorena Puche, la licenciada y profesora Carolina Díaz y la maestra Mercedes Olazábal. Los premios fueron entregados por la licenciada Gimena Rodríguez, encargada de la Biblioteca Departamental, e integrantes del jurado. En la instancia se destacó la aceptación que tuvo la convocatoria con 96 cartas presentadas y el nivel de los trabajos. A continuación publicamos la carta ganadora, cuya autora es Raika Ferreira.

«Querida profesora:

Hace años ya que no deshojo margaritas en su nombre.

No resultó nada fácil recuperarme luego del encantamiento juvenil que sin querer provocó en mí. Quedé desangelado, roto y con el alma deshilachada.

Usted intentaba aproximarme a la música a través de solfeos, pentagramas y corcheas en aquel conservatorio vetusto que se mantenía en pie casi de milagro.

Mientras, yo habría dado el cielo para que me enviase al menos una señal, un modesto signo que diera cuenta de que se fijaba en mí para amortiguar en algo mis ansias de muchacho enamorado. Estaba tan alerta que olvidé el miedo a delatarme.

Mi magro desempeño como estudiante y mi distracción perpetua no se debían a falta de interés. Sentí culpa por el esfuerzo económico que hacía mi familia para sacar algo del músico que presuntamente se escondía en mí.

En verdad soñaba con que usted y yo pudiéramos cruzar esa frontera cálida que habilita el amor compartido y permanecer toda la vida juntos, quizás abrazados debajo de su adorado piano Bosendorfer. Su admiración hacia él por su sonido claro y profundo la obligaba ocasionalmente a acariciar con exquisita delicadeza sus teclas de abeto seleccionado. En tales circunstancias mis demonios se inquietaban cada vez más resultándome difícil encontrarles una guarida sensata para que no surgieran de pronto y la alejaran de mí. Me distraían su boca y el aliento caliente que presentía podría pausar cada beso relajado y dulce que usted me regalaba en mis elucubraciones y sueños diurnos.

Crecí sin ser pianista y no me volví un maestro, pero sus clases me huelen aún a nostalgia. Rogué al metrónomo que acompasara la realidad de aquellas tardes sincronizando nuestros ritmos, el de nuestros corazones, aunque el mío aceleraba irremediablemente cuando su mano se acercaba a las mías. Yo, transpiraba mojando las benditas teclas y usted sonreía, comprensiva.

En las mejores ocasiones si estaba de suerte, abría la puerta a mi llegada y podía observar con detalle su cuello de cisne que se dejaba ver por debajo del infaltable moño. Y si además, la tarde estaba gris y húmeda y se colaba una niebla sepia por los enormes ventanales del salón de clase, esa luz atemperada, la hacía ver magnífica. Abandoné el conservatorio ofreciéndole alivio a mi padre quien ya no debía hacerse cargo de los costos y un profundo malestar a mi madre que anhelaba un hijo concertista.

En las últimas clases a las que asistí, sentí que no podía siquiera hablarle; me sonrojaba de nada y temí que mis palabras se volvieran de vidrio, transparentando mi corazón apasionado. Ahora me atrevo a escribirle por dos razones. La primera, es para felicitarla por el reconocimiento obtenido. Merecido reconocimiento.

Lo otro, agradecerle por encender para mí el deseo.

He formado una familia y soy feliz.

Sin embargo, algunas noches me pregunto quién será el afortunado que desabotone su blusa. Y otra vez, confirmo que no seré yo.

Con amor, Ricardo».

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