Pablo Cánepa, fue uno de los ciudadanos que asumió un rol público de visibilización en favor de la regulación legal de la eutanasia en el país. El falleció a los 39 años de edad tras acceder al procedimiento médico de muerte asistida. La noticia fue confirmada de manera oficial por su hermano, Eduardo Cánepa, a través de las plataformas digitales del activista. Este destacó que el deceso ocurrió en un entorno de serenidad, rodeado por sus familiares directos y allegados, manteniendo la entonación humorística y la templanza que pautaron su vida pública y privada hasta los últimos instantes de su afección clínica.
Cánepa convivía desde el año 2022 con un diagnóstico médico de ataxia cerebelosa idiopática, una patología de baja prevalencia y carácter neurodegenerativo que lesiona de forma severa y progresiva las estructuras del cerebelo. En un lapso acotado de meses, la enfermedad alteró de manera drástica su cotidianidad, suprimiendo su movilidad corporal general y su autonomía física, restándole únicamente motricidad parcial en los dedos de la mano derecha. Ante el avance irreversible del cuadro y la consecuente dependencia absoluta para realizar las funciones básicas elementales, el paciente manifestó formalmente a su entorno y a los equipos de salud su determinación de ampararse en los mecanismos institucionales para poner fin a su padecimiento.
El caso cobró fuerte repercusión pública en octubre de 2025, cuando su madre detalló ante los servicios informativos de la televisión nacional las complejidades humanas, éticas y asistenciales que atravesaba el núcleo familiar. En aquella instancia, la mujer respaldó la autonomía y madurez civil de su hijo para decidir sobre el tramo final de su existencia, definiendo la eutanasia como una alternativa médica necesaria frente a cuadros de sufrimiento extremo desprovistos de expectativas de mejora. La determinación de Cánepa reavivó los debates ciudadanos en torno al derecho a una muerte digna y el alcance de las voluntades anticipadas en el marco de la legislación sanitaria uruguaya.


No falleció naturalmente «se suicido asistida mente»! La eutanasia es un suicidio consciente y ahora legal. No es, fallecimiento natural! Pero más allá de debates políticos, ideológicos, filosóficos, religiosos, es el propio individuo (paciente) que decide sobre su vida o en caso de inconsciencia de este, supongo la ley dirá que lo solicite un familiar directo. No comparto para nada la eutanasia, pero es un tema personal de cada individuo que esta en una situación límite de salud y muy delicado, sensible y difícil eticamente y moralmente de aceptar, ya que la medicina y profesionales médicos estudian y luchan por la vida!
Confieso que no estoy en condiciones de opinar al respecto. Respeto la opinión de Peteco pero creo que es muy difícil aprobar o desaprobar la muerte asistida. Si, comparto que se podría decir que es un acto de suicidio pero solo podría entender esas decisiones si estuviera en el lugar de quienes deciden «suicidarse». Quiero suponer que el padecimiento que sufren debe ser tan insoportable para sí mismo y su entorno, que optan «conscientemente» por dejar de sufrir; ya dejaron de vivir previo al «procedimiento»…