Gregory Gregoriadis, el bioquímico griego-británico considerado el «padre de la tecnología de liposomas», falleció a los 91 años. Su trabajo pionero en la entrega dirigida de fármacos mediante liposomas que son pequeñas vesículas lipídicas sentó las bases científicas para el desarrollo de vacunas de ARNm como las de Pfizer-BioNTech y Moderna contra el COVID-19, que utilizaron una tecnología similar de nanopartículas lipídicas para transportar el material genético.
En 1971, junto a Brenda Ryman, publicó trabajos seminales demostrando que los liposomas, burbujas microscópicas de grasa, podían encapsular fármacos y proteínas, protegiéndolos y dirigiéndolos selectivamente hacia tejidos específicos, como el hígado o tumores. Esta innovación revolucionó la farmacología. Reducía la toxicidad de medicamentos, mejoraba su eficacia y abría puertas a terapias dirigidas. Más adelante, con Anthony Allison, demostró que los liposomas también actuaban como adyuvantes inmunológicos, potenciando respuestas vacunales contra enfermedades como la hepatitis A e influenza.
Fundó en 1997 Xenetic Biosciences Inc., desarrollando tecnologías como PolyXen (basada en ácido polisialico) e ImuXen para mejorar la estabilidad y entrega de proteínas terapéuticas.
Publicó cerca de 400 artículos científicos, editó libros clave sobre liposomas y drug delivery, y recibió reconocimientos internacionales por su contribución a la nanomedicina y la vacunología. Su investigación influyó directamente en avances modernos: las vacunas de ARNm contra el COVID-19 emplean liposomas ionizables para proteger y entregar el ARNm, un principio que Gregoriadis exploró décadas antes.

