El Hospital de Clínicas atraviesa el proceso de transformación más ambicioso desde su creación. Con once obras simultáneas, una inversión que superará los 100 millones de dólares y un horizonte fijado en 2030, el centro universitario busca convertirse en un hospital del siglo XXI. Pero para su director, Álvaro Villar, el desafío va mucho más allá del cemento: implica redefinir el rol de la salud pública, impulsar la innovación y promover un cambio cultural profundo.
“Un sistema de salud tiene que basarse en hospitales públicos fuertes y en un hospital universitario innovador fuerte que innove”, afirma Villar, en una definición que sintetiza su visión estratégica.
Al cierre de la extensa entrevista, Villar eligió una frase para reafirmar su forma de ver la gestión, el liderazgo y los momentos de éxito o dificultad y que tiene, entre otras, escritas en tiza sobre un antiguo pizarrón. No fue una cita académica ni médica, sino una referencia futbolera.
El director del Hospital de Clínicas recordó una reflexión del excapitán de la selección uruguaya, Diego Lugano.
“A mí me gusta mucho esto de Lugano: ‘no somos tan buenos como nuestras victorias ni tan malos como nuestras derrotas’”, expresó.
Villar destacó el contexto en el que el exdefensor dijo esa frase, tras un triunfo resonante ante Inglaterra (Mundial 2014), cuando el clima invitaba a la euforia. “Era el momento para salir a festejar y sin embargo dijo eso”, señaló.
“No somos tan buenos como a veces parecemos, ni tan malos cuando perdemos”, reflexionó. Para el director, la idea resume una actitud clave tanto en el deporte como en la gestión pública: evitar los extremos y mantener el equilibrio.
Un “monstruo” que se gestiona en equipo
Dirigir el Clínicas —23 pisos, 110.000 metros cuadrados y unos 4.000 funcionarios— no es tarea individual. Villar lo deja claro desde el inicio: la conducción es colectiva.
“El hospital de clínicas ha ido y tiene que ir hacia una dirección colectiva”, explica. “La cantidad y complejidad de conocimientos que se requieren hacen imprescindible un equipo con distintas capacidades”.
Ese enfoque implica delegación real de autoridad. “Cualquier funcionario sabe que los integrantes del equipo de dirección tienen la autoridad delegada del director”, señala. La gestión, en ese sentido, se apoya en estructuras horizontales y en la profesionalización creciente de áreas clave, como la logística o la cadena de suministros, que maneja unos 7.000 productos distintos.
A esa complejidad técnica se suma otra más difícil: definir el propósito del hospital. “Es muy complejo definir para qué estamos”, reconoce Villar. “Es una discusión que lleva décadas”.
Un hospital que cambió con la medicina
El Clínicas fue pensado originalmente para albergar hasta 1.000 camas. Hoy, la lógica de la medicina es otra.
“Antes había pacientes que requerían meses de internación. Hoy la mayoría de los tratamientos son ambulatorios”, explica Villar. Ese cambio permitió reducir la estadía promedio de 21 a 9 días en los últimos años.
El hospital atiende unos 100.000 pacientes al año y realiza alrededor de 5.500 cirugías (algo así como un Palacio Peñarol lleno). Además, subraya que el conocimiento médico se disparó. Hoy cuenta con 53 especialidades (al inicio eran menos de 10) reflejo de una medicina cada vez más segmentada.
“Ya no alcanza con tener un grupo de neurocirujanos: necesitás especialistas en distintas áreas muy específicas”, detalla. Esa hiper-especialización plantea desafíos en la formación, la contratación y la retención de talento en un país de escala pequeña. “Tengo que tener un especialista en neurocirugía de columna. Tengo que tener un especialista en neurocirugía de tumores de base de cráneo. Tengo que tener un especialista en neurocirugía vascular. Tengo que tener un especialista en neurocirugía funcional. Que haga tratamiento del Parkinson, tratamiento del dolor, tratamiento de trastornos obsesivos compulsivos o de agresividad. Entonces el que me hace, los cirujanos, neurocirujanos que son especialistas en columna, dicen no, la que opera hipófisis es la doctora Tal”, agregó.
La mayor transformación en décadas
El plan de obras- que está resumido en uno de los pizarrones que Villar tiene en su despacho y que sigue día a día- está en marcha y es la columna vertebral de la renovación. Incluye la construcción de un nuevo block quirúrgico de 3.000 metros cuadrados con 10 salas, la creación de 80 nuevas camas de internación y la reorganización del hospital bajo un modelo de “compactación”.
La idea es concentrar la actividad asistencial en los primeros 11 pisos y liberar los superiores para funciones académicas y de investigación.
“Estamos moviendo el hospital como si fuera un puzzle”, describe Villar. “Para reformar un piso, primero tenemos que tener otro pronto para trasladar a los pacientes”.
Entre las obras destacan también la incorporación de tecnología de última generación, como un acelerador lineal para radioterapia, el desarrollo de cirugía robótica y la mejora integral de servicios básicos: cocina, lavandería, residuos y áreas de descanso del personal.
Pero Villar subraya que la calidad no se mide solo en tecnología. “Creemos que darte una sábana limpia y planchada es uno de los actos de amor más concretos para el paciente”, afirma.
Innovación y dignidad: dos pilares
El hospital ya está aplicando técnicas avanzadas, como cirugía robótica en procedimientos urológicos y digestivos. Además, apuesta a la formación de nuevas generaciones.
“Estamos formando más de 12 cirujanos en cirugía robótica, todos jóvenes”, destaca. Y agrega: “Hoy el concepto es nunca aprender por primera vez en un paciente; antes se entrena en simuladores”.
Sin embargo, Villar insiste en que la transformación no puede limitarse a lo tecnológico.
“La calidad en salud no es solo el acto médico, es todo el ecosistema”, sostiene. Eso incluye desde la infraestructura hasta el trato humano.
En ese punto aparece uno de los conceptos más fuertes de su discurso: la dignidad del paciente.
“Cuando una persona se interna, pierde autonomía. Tenemos que cuidar ese proceso”, advierte. Y agrega: “El buen trato es un desafío tan importante como la tecnología”.La salud como derecho, no como caridad.
Villar reivindica la evolución del sistema uruguayo desde una lógica asistencial hacia una de derechos.
“Antes se hablaba de medicina de caridad. Hoy hablamos de medicina como derecho”, señala. “El paciente tiene derecho a recibir atención de calidad”.Ese enfoque implica también una responsabilidad en el uso de los recursos. “Cada peso que se gasta es el esfuerzo de toda la sociedad”, enfatiza.
El hospital tiene un presupuesto anual de unos 1.100 millones de pesos, financiado indirectamente por el trabajo de todo el país. “Para que esto funcione, hay un país entero produciendo”, dice.
Esa conciencia se traduce en una exigencia interna: eficiencia, compromiso y profesionalismo. “La mejor militancia por la salud pública es hacer rendir cada peso”, afirma.
“Hoy para poder tratar a un solo ser humano se necesita una sociedad entera para financiar este hospital. tenemos que tener todo el país vendiendo vacas vendiendo arroz, vendiendo celulosa, vendiendo software tiene que haber todo un país funcionando para que nosotros podamos costear la salud y los estudios y el tratamiento contra el cáncer y comprar las drogas del Fondo Nacional de Recursos”, afirmó.
Un símbolo nacional y una política de Estado. El Clínicas no es solo un hospital: es un símbolo. Villar lo define como “un monumento a la solidaridad del uruguayo”.
Esa dimensión simbólica explica el respaldo político que ha tenido históricamente. “Todos los proyectos presentados en los últimos años fueron votados por unanimidad”, destaca.
El objetivo es llegar a 2030 —año del bicentenario del país y, también, centenario del Mundial de 1930— con el hospital renovado. “Es una fecha cargada de significado”, dice Villar. “Mide cuánto nos queremos como sociedad”. “A mi me parece que sería un orgullo colectivo dar el pitazo inicial del Mundial de 2030 (cuyo partido inaugural se jugará en el Estadio Centenario) con un hospital a nuevo y que pueda decirle a la FIFA ¿saben qué? si ustedes necesitan asistencia sanitaria se lo va a dar un hospital público con el máximo de calidad”.
Integración al sistema y rol regional. La reciente incorporación al Sistema Nacional Integrado de Salud –diciembre de 2025- consolidó su papel como hospital de referencia para una población de unos 350.000 habitantes del este del país del área metropolitana, este y noreste del país.
Eso implica una red escalonada de atención, donde el Clínicas actúa como centro de alta complejidad. “Los casos más complejos deben resolverse acá”, explica.
Al mismo tiempo, mantiene su rol nacional en áreas específicas, como embarazos de alto riesgo.
El gran desafío: el cambio cultural. Más allá de las obras, Villar identifica un reto central: transformar la cultura institucional.
“Lo más difícil es el cambio cultural”, afirma. Eso incluye redefinir el rol del Estado, fortalecer el orgullo del funcionario público y promover una lógica de innovación permanente.
“La tendencia natural de las instituciones es conservar, no innovar”, advierte.
También plantea la necesidad de recuperar el sentido del servicio. “El hospital no está para nosotros; nosotros estamos para el hospital”, sostiene. Uno de los aspectos que más preocupa a Villar es la despersonalización de la medicina.
“Hoy un paciente es atendido por muchos profesionales y puede perderse el vínculo humano”, señala.
Por eso insiste en la importancia de la empatía y la cercanía. Introduce incluso un concepto poco habitual: la compasión.
“La compasión es acompañar la emoción del otro”, explica. Y reconoce que no siempre se enseña, pero sí puede fomentarse.
Recuerda una experiencia personal para ilustrarlo: “Yo hice un diagnóstico correcto, pero la compasión la tuvo la enfermera que abrazó a la madre”.
Tecnología y gestión en tiempo real. La modernización también alcanza a la gestión. El hospital utiliza herramientas digitales para coordinar camas, resolver problemas operativos y mejorar la comunicación interna.
“Tenemos información en tiempo real que antes era impensable”, señala Villar.
Grupos de mensajería instantánea permiten gestionar desde traslados de pacientes hasta reparaciones edilicias. “El que responde es el que se hace cargo y luego muestra que lo resolvió”, explica.
Mirando hacia 2030
El objetivo es claro, aunque desafiante: completar la transformación en 2030. Para ello aún faltan unos 50 millones de dólares.
“Nosotros mantenemos la esperanza de que si obtenemos los 50 millones de dólares que faltan se logre terminar en el 2030. Queremos hacerlo en el menor tiempo posible”, dice Villar.
Pero más allá de los plazos, insiste en que el verdadero cambio no es solo material.
“Esto es una forma de lucha social”, afirma. “Lograr que la población acceda a una atención sanitaria de excelencia es un objetivo de vida”.
En esa frase se condensa la apuesta del Clínicas: no solo renovarse como edificio, sino reafirmarse como pilar de un sistema de salud que busca ser más justo, más eficiente y, sobre todo, más humano.
De Hospital Maciel a la política
Antes de asumir la dirección del Hospital de Clínicas, Álvaro Villar estuvo al frente del Hospital Maciel, una experiencia que recuerda con afecto.
“Extraño el Maciel. Me encanta el Hospital de Clínicas, pero extraño mucho la escala humana que tiene el Maciel. Es un lugar adorable”, afirmó. Y destacó el clima de trabajo: “La gente que trabaja en salud, tanto en lo público como en lo mutual, genera un ambiente muy lindo”.
Su trayectoria también incluye un paso por la política, cuando fue candidato a la Intendencia de Montevideo.
“Fue una experiencia que me encantó. Me permitió conocer un Montevideo que no conocía”, señaló. La campaña, marcada por la pandemia de COVID-19, tuvo características atípicas: “Fue muy rara, con tapabocas, sin poder abrazar a la gente ni hacer actos públicos”.
Aun así, la recuerda como una instancia enriquecedora. “Estuvimos a 20.000 votos de ganar, estuvimos ahí”, dijo. Y valoró especialmente el equipo con el que compartió ese proceso: “Fue un grupo humano increíble, con figuras como Carolina, Daniel, Mujica, Lucía, Bergara o Liliam Kechichian”.
Para Villar, tanto en la gestión como en la política hay un principio común: el compromiso total. “Cuando uno asume una responsabilidad, tiene que darlo todo por eso”, concluyó.
La relación de Villar con el Clínicas es también biográfica. Vivió allí con su familia durante su infancia, cuando su padre era director.
“Entraba y salía por la emergencia”, recuerda. Esa experiencia marcó su vínculo con la medicina, aunque intentó evitarla.
“Me anoté en ingeniería para no estudiar medicina, pero terminé en una asamblea de la facultad y sentí que ese era mi lugar”, cuenta.
Hoy, esa historia personal se combina con una visión de largo plazo: convertir al hospital en un modelo de innovación, equidad y calidad.
Dos historias que desnudan el sistema
Días pasados, en medio de una jornada quirúrgica compleja, el Hospital de Clínicas estuvo a punto de suspender una operación por la falta de un insumo clave: una bolsa especial para cubrir el microscopio.
“Hoy tuvimos un problema para empezar una cirugía extremadamente costosa”, confió Villar. “Faltaba una bolsa para el microscopio. No es una bolsa cualquiera: cuesta más de 200 dólares y se descarta después de cada operación”, afirmó durante la entrevista.
La situación era crítica: el equipo completo estaba listo —neurocirujanos, anestesistas, personal de enfermería y el paciente preparado— pero sin ese insumo, la intervención no podía comenzar.
“Si esa bolsa no estaba, se suspendía toda la cirugía”, explicó. Finalmente, un funcionario salió de urgencia a conseguirla en Montevideo y logró que llegara a tiempo. La operación se realizó según lo previsto.
Para Villar, el episodio resume la complejidad del sistema sanitario: “Para que una persona se pueda tratar, no puede faltar absolutamente nada y todo tiene que estar en el momento correcto”.
Tecnología o trato: la elección de los pacientes
Otra historia que suele mencionar el director del Clínicas ilustra un aspecto menos visible, pero igual de decisivo en la atención sanitaria: el trato humano.
“Hay dos hospitales en el norte de Chile, uno del lado chileno y el otro del lado peruano”, contó. “El hospital chileno tiene toda la tecnología, pero los pacientes cruzan a atenderse al peruano porque dicen que los tratan mejor”.
“El buen trato es fundamental. No alcanza con tener la mejor tecnología si no cuidamos cómo se siente el paciente”, afirmó.






