Jorge Asís en estado puro

 “Milei es un poema libertario recitado en un sauna lleno de peronistas transpirados”.

“La Argentina es un templo del desconcierto. Milei es su nuevo sacerdote.”

Capítulo apócrifo de la saga turca que nunca escribió, pero que hubiera escrito encantado. El Turco Asís aparece envuelto en una bufanda que no necesita, porque la bufanda no abriga: jerarquiza. Entra al café como quien entra a un territorio recién conquistado. Los mozos lo miran con respeto clandestino, como si adivinaran que está ahí para hablar del país que agoniza pero nunca muere. Se sienta, cruza las piernas con teatralidad y lanza la primera puñalada verbal: “La Argentina es un templo del desconcierto. Milei es su nuevo sacerdote.”

La escena: Buenos Aires, clima de novela. Desde la ventana se ve la ciudad con ese gris húmedo que invita a la desesperanza o a la literatura, que en Argentina viene a ser lo mismo. Huele a café viejo, poder oxidado y oportunidades mal aprovechadas. Asís se enciende el cigarrillo imaginario —el único permitido en esta época de prohibiciones triviales— y la entrevista empieza.

– Turco, defínalo sin metáforas sobrias.

– ¿Sobrias? Ese concepto no existe en estas coordenadas. Milei es un poema libertario recitado en un sauna lleno de peronistas transpirados, un acontecimiento que ni la astrología política supo anticipar. Es un presidente que gobierna con una motosierra simbólica, pero sin manual para cambiar la cadena.Los peronistas, los pobres, están desorientados: se les quemaron las brújulas y las antenas. Y mire que han olido tempestades… pero este huracán viene con posturas económicas que no caben en el almacén mental del peronista promedio. Es otra fauna.

– ¿Y cómo está la fauna peronista?

– Con la melancolía del tango mal tocado. El peronismo está en modo velorio largo, ese donde se sirve café frío y todos hablan bajito para no despertar al muerto que, por las dudas, podría reaccionar.Tienen dirigentes que se creen estadistas porque recibieron dos likes en Twitter. Una inflación de vanidades. Cristina calla, porque cuando calla multiplica. Y los gobernadores rezan para que Milei no los convierta en provincias escandinavas sin presupuesto para calefacción.

– ¿Y el PRO? ¿Respira? ¿Late? ¿Existe?.

(Asís suelta una carcajada que podría romper vidrios).

– El PRO, querido, es un souvenir político dentro de una góndola que ya nadie visita. Tienen dirigentes que insisten en hablar de futuro, pero su futuro es un PowerPoint de 2015: moderno, pero vencido. Macri cree que sigue siendo el copiloto del sistema. Milei, si lo ve, lo ve por el espejo retrovisor.

– Volvamos al libertario. ¿Cómo se lleva con el poder real?

Como se puede llevar un cruzado medieval en el Ministerio de Economía: con fervor, pero sin articulación. A los empresarios les explica teoría monetaria con la pasión de un seminarista. Los empresarios quieren otra cosa: un dólar razonable, reglas claras, paz social… no un tratado epistemológico. A los gobernadores les dice “ajusten”, como si fueran empleados de su call center espiritual. A los sindicalistas les manda señales a distancia, como si negociara con hologramas. Milei tiene convicciones muy profundas, pero una paciencia superficial. Le falta el arte del roce, que es el arte más sofisticado del poder.

– Turco, tire la frase que de verdad quiere tirar.

(Asís se estira como un gato satisfecho).

– Está bien, querido. Le digo: “Milei no negocia: te beatifica o te quema.” En este país, que es una gran parrilla institucional, quemar es un deporte nacional.

«El PRO es un souvenir político dentro de una góndola que ya nadie visita».

– Usted conoció al menemismo desde la cocina. ¿Cómo lee aquella época hoy?

– El menemismo era una fiesta barroca. Había glamour, perfume importado, helicópteros, cenas con jeques y traiciones limpias, casi profesionales. Menem sabía que la historia lo excedía y jugaba con eso. Comparado con la actualidad, el menemismo es literatura universal. Hoy tenemos política subtitulada, mal doblada, con actores improvisados que se olvidan sus parlamentos.

– ¿Cómo termina esta novela?

(Asís mira por la ventana. La ciudad gotea).

– La Argentina siempre termina igual: en un melodrama estabilizado, una especie de empate perpetuo entre el desastre y la supervivencia. Si Milei aprende a negociar, podrá escribir una saga. Si no, será un capítulo brillante y breve, como esos romances que duran dos semanas pero dejan tatuajes. La Argentina no se rompe: se acomoda. Sufre, se reinventa, se empantana y vuelve a empezar. Es la amante perfecta del caos. Y Milei… Milei es apenas el galán de esta temporada.

– Turco, defínala en una línea

(Asís sonríe con esa mezcla de cinismo y ternura que solo él domina).

– “La Argentina es una novela interminable que se escribe sola… y siempre pide un corrector nuevo.”

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