Jorge Luis Borges Acevedo nació el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires. Durante su vida, recorrió el mundo en aras de su formación, estudió en Ginebra e Inglaterra, y vivió en España entre 1919 y 1921. Allí colaboró en revistas literarias francesas y españolas, donde publicó ensayos y manifiestos. Asimismo, a su regreso a Argentina, participó con Macedonio Fernández en la fundación de las revistas Prisma y Prosa, y firmó el primer manifiesto ultraísta.
En cuanto a su obra literaria, en 1923 publicó su primer libro de poemas, “Fervor de Buenos Aires”, y en 1935 apareció “Historia universal de la infamia”. Una serie de relatos breves en un formato que repetiría en publicaciones posteriores. Durante los años treinta su fama creció en Argentina. Colaboró con Adolfo Bioy Casares en varias obras, entre las que se destaca la «Antología de la literatura fantástica». En esa época también amplió su actividad literaria con la crítica y la traducción de autores como Virginia Woolf, Henri Michaux y William Faulkner.

Borges fue bibliotecario en Buenos Aires entre 1937 y 1945. También se desempeñó como conferenciante, profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de la Academia Argentina de las Letras y director de la Biblioteca Nacional Argentina desde 1955 hasta 1974. En 1961 compartió con Samuel Beckett el Premio Formentor, otorgado por el Congreso Internacional de Editores. A partir de 1964 publicó indistintamente en verso y en prosa.
Del mismo modo desarrolló un estilo literario singular basado en la interpretación de conceptos como el tiempo, el espacio, el destino y la realidad. La simbología que utilizó remite a sus principales influencias William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling y Joseph Conrad, además de la Biblia, la Cábala judía, las literaturas europeas primigenias, la literatura clásica y la filosofía.
En 1944 se editó “Ficciones”, una colección de cuentos que, junto con “El Aleph” (1949), constituyen sus dos obras más importantes. Ambas recopilaciones están conectadas por temas como los sueños, los laberintos, las bibliotecas, los espejos, los autores ficticios y las mitologías europeas. Sus argumentos exploran ideas filosóficas vinculadas a la memoria, la eternidad, la posmodernidad y la metaficción.
Como escritor, Borges no se dedicó a las novelas como se estilaba entre los escritores de su época. Sino que se destacó en el cuento, el ensayo y el poema. Sus textos están cargados de cultura universal, mundos alternativos, simbolismos, acertijos y metáforas. Sus obras contribuyeron a la literatura filosófica, al género fantástico y al posestructuralismo, e influyeron profundamente en el realismo mágico de la literatura latinoamericana del siglo XX.
También publicó libros de poesía como “El otro, el mismo”, “Elogio de la sombra”, “El oro de los tigres”, “La rosa profunda” y “La moneda de hierro”. Cultivó la prosa en títulos como “El informe de Brodie” y “El libro de arena”. También publicó volúmenes donde mezcló prosa y verso, e incluso libros que reunieron teatro, poesía y cuentos, como “La cifra” y “Los conjurados”. Pasado el tiempo, para no rendirse a la ceguera que lo aquejaba, se dedicó al estudio del inglés antiguo y la literatura medieval.
La importancia de su obra fue reconocida con el Premio Miguel de Cervantes en 1979. Jorge Luis Borges falleció el 14 de junio de 1986 en Ginebra, Suiza, a causa de un enfisema pulmonar. Al día de hoy sus restos descansan en el cementerio de Plainpalais. En su lápida aparece una frase extraída de un poema sobre la batalla de Maldon (año 991): “Y que no temieran”, como una muestra de lo que era. Esas palabras resumen su espíritu pujante y la creatividad que dejó como herencia literaria en cada rincón del mundo.


FINALMENTE !!! UN EXCELENTE TEMA Y MUY BIEN TRATADO….. FELICITACIONES POR EL ARTICULO…… BORGES UNO DE LOS GENIOS DE LA ESCRITURA DEL PASADO SIGLO…… «NO FUE PROFETA EN SU TIERRA» Y DEBIO IRSE A MORIR A SUIZA LOS ARGENTINOS NO LE PERDONARON QUE ESTUVIERA EN CONTRA DE LA GUERRA DE LAS FALKLAND.
Un gran escritor. Lo descubrí en 6o de liceo merced a la formidable profesora Lisa Block de Behar (tuve el honor de ser alumno suyo) y me atraparon sus cuentos. Siempre le gustó representar el papel de abogado del diablo en temas públicos. Apoyó la dictadura, por lo meno en sus comienzos y renegó de buena parte de la literatura de su páis (denostaba el «Martín Fierro», por ejemplo). Pero por encima de todo, un escritor impresionante.
«Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza».
Admito que escribía bien.
Lo leía de estudiante. Ahora, teniendo idea de que hay infinitos más grandes que otros (teorema de Cantor) lo aprecio de manera diferente. La biblioteca de Babel y Las ruinas circulares, mis preferidos. Infinito y autorreferencia. Las debilidades de la lógica.
Borges lo sabía intuitivamente. Yo tuve que pasar por Gödel y Tarski para saberlo.
No solo de lo mejor en Español. De lo mejor en la literatura.