Marta Minujín, con el arte como práctica de vida

Marta Minujín nació el 30 de enero de 1943 en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires. Desde sus primeros años orientó su formación hacia el dibujo y la pintura, pero a comienzos de la década de 1960 su trayectoria tomó un giro decisivo.

Marta Minujín
Marta Minujín

A lo largo de la trayectoria de Marta Minujín varias influencias han formado su arte. Becas obtenidas en Francia le permitieron entrar en contacto con las corrientes del arte contemporáneo y, en particular, con el pop art, que marcaría su producción posterior.

En 1962 presentó en Buenos Aires una serie de obras realizadas con colchones y objetos cotidianos. Ese trabajo señaló su distanciamiento de los formatos tradicionales y anticipó una línea de investigación centrada en la experiencia, los materiales blandos y la participación del público. Dos años más tarde recibió el Premio del Instituto Di Tella, un reconocimiento clave en el desarrollo de la vanguardia argentina.

Su interés por las “ambientaciones” derivó en la realización de happenings. Entre ellos, La Menesunda (1965), creada junto a Rubén Santantonín, se convirtió en una de las obras más influyentes del período. La propuesta planteaba un recorrido inmersivo que involucraba al espectador en situaciones sucesivas, desdibujando los límites entre obra y público.

Su trabajo ha atravesado distintas etapas del arte contemporáneo sin quedar fijado en una categoría única
Su trabajo ha atravesado distintas etapas del arte contemporáneo sin quedar fijado en una categoría única

En 1966 obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim y se instaló en Nueva York. Allí estableció vínculos con artistas de la escena internacional y profundizó su exploración de las prácticas experimentales. En ese contexto realizó La destrucción (1963), una acción en la que invitó a otros artistas a intervenir sus obras para luego destruirlas. El gesto planteaba una ruptura con la idea de obra como objeto permanente y proponía el arte como proceso.

A lo largo de su carrera desarrolló instalaciones de gran escala en el espacio público. Entre las más conocidas se encuentran el Partenón de libros, el Obelisco de pan dulce y distintas versiones de monumentos intervenidos o transformados. Estas obras plantean una relación directa con el público y cuestionan el carácter simbólico de los íconos urbanos.

Durante la década de 1970 incorporó materiales orgánicos y acciones vinculadas a la naturaleza y la alimentación, como Repollos, Toronjas y 3.000 naranjas. En paralelo, inició la serie La caída de los mitos universales, donde abordó los monumentos como dispositivos de poder. Obras como El obelisco acostado propusieron una relectura de esos símbolos a partir de su transformación física y su apertura a la interacción colectiva.

Minujín participó en exposiciones en América y Europa y su obra integra colecciones de instituciones como el Museo Guggenheim de Nueva York, el Centre Pompidou de París y el Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires. En 1982 recibió el Premio Konex de Platino y en 2002 volvió a ser distinguida por la misma fundación.

En las últimas décadas continuó produciendo obras de carácter participativo. En 2018 presentó una nueva versión del Partenón de libros prohibidos en Documenta, en Kassel. En 2019 reeditó La Menesunda en el New Museum de Nueva York. Durante 2020 realizó Pandemia, una obra construida a partir de miles de fragmentos pintados.

Más recientemente, presentó en el Palacio Libertad La escultura de los sueños (2024) y Golosina emocional (2025), dos instalaciones inflables de gran escala que invitan a la circulación del público en su interior. Ambas propuestas retoman una constante de su trabajo: la construcción de experiencias colectivas en las que el espectador deja de ser observador para convertirse en participante.

La trayectoria de Marta Minujín se caracteriza por la continuidad de la idea del arte como acción compartida. Desde sus primeras experiencias hasta sus proyectos más recientes, su producción se articula en torno a la intervención del espacio, la transformación de los materiales y la participación del público. Su trabajo ha atravesado distintas etapas del arte contemporáneo sin quedar fijado en una categoría única, manteniendo una práctica sostenida en el tiempo y abierta a nuevas formas de experimentación.

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