Juan Rulfo se consideraba más lector que escritor. Quizás por esa apreciación, se consagró con dos obras a lo largo de su vida, las cuales se convirtieron en bibliografía esencial de la literatura latinoamericana. Rulfo nació en Acapulco el 16 de mayo de 1917. Durante su niñez sufrió varios golpes que cambiaron el rumbo de su vida y lo llevaron al camino de la literatura.
En 1953 publicó El llano en llamas, un libro de cuentos en el que recopiló algunos que había publicado previamente en revistas y otros inéditos. Las historias se caracterizan por ser crudas, por retratar las injusticias del mundo, con lenguaje popular y la narración en la voz de los personajes, en su mayoría. También se basan en hechos del pasado como la Revolución Mexicana, que marcó a fuego la vida del autor. El poeta Hugo Gutiérrez Vega destacó que la obra de Rulfo está hecha de murmullos, de silencios y de palabras, de los muertos que se quedaron pegados en los muros ruinosos.

Dos años más tarde, en 1955, presentó su primera novela, Pedro Páramo, que muchos señalan como precursora del realismo mágico sudamericano. Al principio, la forma en que Rulfo encaró la escritura, sin un desarrollo lineal de lo que ocurre en el pueblo de Comala, desconcertó a algunos lectores. Pero el paso del tiempo le dio la razón. Jorge Luis Borges declaró que Pedro Páramo era “una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura”. Se convirtió en un clásico mundial y fue traducida a infinidad de idiomas.
El escritor jalisciense explicó que la escritura de Pedro Páramo fue una búsqueda de estilo. Tenía los personajes y el ambiente, estaba familiarizado con esa región del país donde había pasado la infancia, pero no encontraba un modo de expresarlo. Finalmente utilizó el lenguaje que había oído de la gente de su pueblo. Reconoció que se trata de una novela oscura donde el personaje central no es Pedro Páramo, sino el pueblo mismo. Un pueblo muerto donde no viven más que ánimas. Todos los personajes están muertos, y aun quien narra está muerto. No hay límite entre el espacio y el tiempo. Los muertos no se mueven en el tiempo ni en el espacio así como aparecen, se desvanecen. Rulfo señaló que los problemas humanos son iguales en todas partes: el amor, la muerte, la injusticia y el sufrimiento están sugeridos en su novela.
El crítico Evodio Escalante afirmó que El llano en llamas y Pedro Páramo son “obras extraordinarias que marcan un hito en la literatura mexicana” y siguen siendo libros sumamente leídos. Pueden leerlos tanto campesinos como habitantes de la ciudad, y es uno de los autores nacionales con mayor penetración en todas las capas sociales. En el campo, muchos campesinos se identifican con el mundo que construye Rulfo, el mundo de los campesinos de la época de la Revolución y también de la época actual, porque las cosas no han cambiado mucho.
Existe un tercer libro, El gallo de oro, una novela breve escrita en 1958 pero publicada recién en 1980, que no tuvo el mismo impacto. Para Hugo Gutiérrez Vega, eso es más que suficiente para tener una obra enorme: “Juan se quedó callado porque ya había dicho lo que tenía que decir. Después de escribir Pedro Páramo, quién va a atreverse a escribir otra cosa. Tuvo razón en quedarse callado y en dejarnos esas dos perlas raras de la literatura universal”.
Rulfo recibió numerosos reconocimientos, como el Premio Xavier Villaurrutia en 1956 por Pedro Páramo, el Premio Nacional de Literatura en 1970, el ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en 1980 y el Premio Príncipe de Asturias en 1983. Falleció el 7 de enero de 1986 a causa de un cáncer de pulmón. Sus personajes, tomados de la realidad popular, se convirtieron en arquetipos de la realidad mexicana. Y su prosa, producto de una condensación cuidadosa, sigue siendo un modelo de pericia formal y espontaneidad.

