La enfermedad de Parkinson se produce por la muerte progresiva de un grupo específico de neuronas, aquellas encargadas de producir dopamina. Esta sustancia química es esencial para que el cerebro regule el movimiento muscular. Cuando las neuronas mueren, los niveles de dopamina disminuyen y las células que controlan la motricidad no logran enviar órdenes adecuadas a los músculos. Que trae como resultado una dificultad creciente para controlar los movimientos del cuerpo. Los investigadores no han determinado aún por qué estas neuronas se deterioran con el tiempo. Sin embargo, la OMS señala que existen factores que aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad. Como por ejemplo tener antecedentes familiares directos, haber estado expuesto a contaminación atmosférica, plaguicidas o disolventes químicos.
Cabe señalar que el Parkinson es uno de los trastornos del sistema nervioso más frecuentes en la tercera edad. La mayoría de los casos se diagnostican después de los 60 años, aunque la enfermedad también puede presentarse en adultos jóvenes, generalmente vinculada a factores genéticos. Asimismo, la afectación es mayor en hombres que en mujeres. Los especialistas sostienen que el mal de Parkinson tiene un componente hereditario. En cuanto a los primeros signos se puede apreciar temblor mínimo en una mano, leve rigidez en una pierna que hace arrastrar el pie al caminar, o un parpadeo más lento de lo normal. También puede aparecer temblor en la mandíbula. Estos síntomas pueden comenzar en un solo lado del cuerpo o en ambos.

Con el avance de la enfermedad, los problemas motores se vuelven más evidentes. Se presenta lentitud de movimientos, dificultad para iniciar una acción, como levantarse de una silla o empezar a caminar, así como para mantener el movimiento. También rigidez muscular donde los músculos permanecen tensos, lo que genera molestias y dolores. Por otro lado están los temblores en reposo, aquí las extremidades tiemblan cuando no están activas. Un ejemplo característico es el frotamiento involuntario del pulgar contra los dedos, conocido como «temblor de rodamiento de píldoras». El temblor desaparece al mover la parte afectada y empeora con el cansancio, la excitación o el estrés. Con el tiempo puede aparecer en cabeza, labios, lengua y pies.
Además aparecen problemas de equilibrio y marcha, junto a esto una postura encorvada, pérdida del equilibrio, dificultad para continuar caminando una vez iniciado el paso. Se presentan alteraciones de la motricidad fina que es la dificultad para escribir con claridad (la letra se vuelve muy pequeña, micrografía) y para comer. Además de los síntomas motores, el Parkinson genera manifestaciones no motores que afectan gravemente la calidad de vida. Dentro de ellos están los trastornos autonómicos como la presión arterial baja al levantarse (hipotensión ortostática), estreñimiento, sudoración excesiva e incapacidad para regular la temperatura corporal. Problemas orofaríngeos como la dificultad para tragar (disfagia), babeo, habla más lenta, tranquila y monótona.
Se puede padecer de alteraciones faciales que incluyen falta de expresión en el rostro, conocido como «máscara párkinsoniana». De igual manera están los síntomas neuropsiquiátricos como ansiedad, depresión, confusión, pérdida de memoria y, en fases avanzadas, demencia. Muchas personas con Parkinson desarrollan demencia durante el transcurso de la enfermedad. Quien padece esta enfermedad presenta trastornos del sueño como insomnio o somnolencia diurna excesiva. También dolor y alteraciones sensoriales, dos complicaciones agravan el cuadro: las discinesias (movimientos involuntarios) y las distonías (contracciones musculares dolorosas). Ambas dificultan el habla y la movilidad, generan altas tasas de discapacidad y hacen que el paciente requiera.

