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La mala alimentación como factor de riesgo para la salud pública y enfermedades crónicas

El consumo elevado de productos ultraprocesados está provocando un aumento en la prevalencia de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

La malnutrición “se refiere a las carencias, los excesos y los desequilibrios de la ingesta calórica de nutrientes de una persona”
La malnutrición “se refiere a las carencias, los excesos y los desequilibrios de la ingesta calórica de nutrientes de una persona”

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la malnutrición “se refiere a las carencias, los excesos y los desequilibrios de la ingesta calórica de nutrientes de una persona”. Esto incluye dietas cargadas de grasas y azúcares refinados que no aportan los nutrientes esenciales para el buen funcionamiento del organismo. La malnutrición no debe confundirse con la desnutrición, que abarca emaciación, retraso del crecimiento, insuficiencia ponderal y carencias de vitaminas y minerales.

Los síntomas más comunes de malnutrición incluyen pérdida de peso significativa, reducción de la masa muscular, pelo y uñas débiles y quebradizas, y diarrea crónica. Entre las causas se encuentran la falta de educación nutricional, hábitos y costumbres adquiridas, limitaciones en el acceso a determinados alimentos, alcoholismo y tabaquismo, trastornos de la conducta alimentaria, problemas de absorción de nutrientes, y estrés u otros problemas de salud mental.

La malnutrición tiene múltiples efectos negativos, entre ellos el envejecimiento precoz es una de las consecuencias
La malnutrición tiene múltiples efectos negativos, entre ellos el envejecimiento precoz es una de las consecuencias

En todas sus formas, la malnutrición abarca la desnutrición (emaciación, retraso del crecimiento e insuficiencia ponderal), los desequilibrios de vitaminas o minerales, el sobrepeso, la obesidad, y las enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación.

Según destacan los especialistas la malnutrición tiene múltiples efectos negativos, entre ellos el envejecimiento precoz es una de las consecuencias. Pues una dieta pobre en nutrientes acelera el desarrollo de radicales libres. También provoca alteraciones digestivas y desequilibrio de la microbiota, como reflujo, gases, estreñimiento, diarrea y disbiosis intestinal. Asimismo, genera fatiga y falta de energía crónica, especialmente cuando el consumo elevado de carbohidratos favorece el cansancio.

El desarrollo de enfermedades como la obesidad y la diabetes es una consecuencia directa. Los malos hábitos alimenticios elevan el colesterol LDL y contribuyen a la hipertensión. La OMS confirma que la mala alimentación es uno de los principales factores de riesgo. Según la Asociación Americana de la Diabetes, una alimentación rica en vegetales, frutas, legumbres, grasas saludables y cereales integrales es una de las mejores formas de prevención. La Federación Española de Diabetes señala que un estilo de vida saludable podría reducir en un 76% la mortalidad cardiovascular en diabéticos.

La osteoporosis se asocia a dietas altas en carnes procesadas, azúcares añadidos y grasas de mala calidad, sumado a la falta de consumo de productos ricos en calcio. El cáncer también está vinculado. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) confirman que el sobrepeso y la obesidad se asocian a diferentes tipos de cáncer, como el de mama o el colorrectal. La OMS señala que cerca del 30% de los casos de cáncer se relacionan con la mala alimentación.

La anemia puede desarrollarse por dietas bajas en hierro y vitamina B12, minerales y vitaminas clave para transportar oxígeno a los órganos. Otras enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión y el colesterol alto, incrementan la probabilidad de padecer enfermedades cardíacas y accidentes cardiovasculares, según los CDC.

Para prevenir estas enfermedades, se recomienda priorizar alimentos reales: naturales, vegetales, legumbres y frutas, sobre los alimentos empaquetados. Reducir el consumo de ultraprocesados, identificables por sus octógonos de advertencia, que contienen excesos de azúcar, sodio y grasas saturadas. La educación nutricional desde la infancia es clave para evitar el desarrollo de enfermedades a largo plazo. La nutrición es la causa más modificable en las enfermedades no transmisibles, por lo que cambios en la dieta pueden prevenir y mejorar significativamente estas condiciones.

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