La poesía en América Latina

En latinoamérica la poesía es una mezcla de influencias indígenas, africanas y europeas

En latinoamérica la poesía es una mezcla de influencias
En latinoamérica la poesía es una mezcla de influencias

Cuando intentamos definir al poeta, quizás la expresión más acertada sea aquella que lo señala como «un pintor del alma». Porque el poeta, en el fondo, no hace otra cosa que expresar, con belleza, eso que todos llevamos dentro, tristeza, nostalgia, alegría, amor, desamor. Los amantes de la cultura han dedicado su vida a documentar la vida y obra de estos referentes para que nosotros comprendieramos el fenómeno poético en nuestra América. Por eso hoy me sigo preguntando cómo es posible que un puñado de palabras bien colocadas pueda remover tanto por dentro. Y sí, lo hace, lo ha hecho desde siempre.

Hubo un tiempo en que la poesía de estas tierras no era del todo nuestra. Después del descubrimiento, los poetas americanos escribían mirando hacia Europa, especialmente hacia Francia y España. Pero poco a poco, la poesía americana se fue sacudiendo de ese espejo extranjero. Primero contando su realidad, esa naturaleza, ese subdesarrollo que dolía, esa mezcla de razas que hoy nos define, que hoy conforman nuestra identidad. Después, y quizás más importante, empezaron a contar su realidad interior, su drama espiritual, con una libertad expresiva que ya no pedía permiso. Sería largo enumerar la cantidad de poetas que han sobresalido en Hispanoamérica. 

Rubén Darío
Rubén Darío

En Bolivia, Juan Hualparrimachi, ese niño triste que pagó con su sangre el tributo a la libertad. Fue un poeta melancólico, de esos que escriben porque les duele algo por dentro. Le dolía, precisamente, ver cómo los de su raza eran explotados. Y su poesía revela este dolor. Desgraciado en amores, murió a los 21 años en una de las batallas por la independencia. Pero ya en ese entonces habría dejado una basta producción literaria. Luego vino Franz Tamayo (1879-1956), a quien una revista editada en Estocolmo definió como «uno de los más profundos conocedores de la lengua castellana». Y qué decir de Adela Zamudio, la sociedad conservadora de su ciudad atribuyó el sentido de sus estrofas a alguna decepción amorosa. Es lo que siempre se hace con las mujeres vinculadas a la poesía, buscarles una explicación sentimental. Reniega de la guerra, como si la batalla fuera el peor de los crímenes. 

A fines del siglo XIX, tres grandes poetas -Rubén Darío, Ricardo Jaimes Freyre y Leopoldo Lugones- le dieron su sello personal a la poesía hispanoamericana. Se sacudieron definitivamente del yugo extranjero y escribieron poemas con un estilo preciosista, independizándose de lo que se hacía en otros países. Nadie puede negar la existencia de esa primera promoción modernista. El modernismo marcó el punto de partida para la obra poética del siglo XX. Rubén Darío fue su figura principal. Sus temas vinculados al urbanismo, la belleza, el escapismo, el ennui (ese aburrimiento del que hablaban los franceses). Sus formas estrictas, con ritmo y rima cuidadosamente medidos. Empleó algunos poemas para protestar contra las políticas de Estados Unidos en Latinoamérica. 

Gabriela Mistral
Gabriela Mistral

José J. Tablada, poeta mexicano, contribuyó a la etapa de transición entre el modernismo y la vanguardia. En su poesía se veían todavía influencias exóticas, especialmente asiáticas. Pero Tablada introdujo en Latinoamérica la forma poética japonesa del haiku y trajo de París la innovación del caligrama, ese poema que se escribe en una forma que visualmente representa al sujeto. También, Gabriela Mistral, la chilena que ganaría el Nobel, correspondió a un movimiento llamado postmodernismo. Para ella, la expresión más verdadera de feminidad era hacer sentir el hogar. Consideraba el papel de la madre más representativo de la mujer que el de la amante. Defendía la división del trabajo por sexos. Pero su obra abrió caminos. Pues, antes del postmodernismo, la literatura femenina en Hispanoamérica y España se consideraba pobre, tanto cuantitativa como cualitativamente. 

Jorge Luis Borges, el argentino, desarrolló el ultraísmo que a diferencia del creacionismo, el ultraísmo no negaba el propósito de la metáfora. Se valía de lo absurdo, la ausencia de ritmo y rima, la supresión de adjetivos, la experimentación con el tamaño de la letra. Esta última técnica lograba convertir la escritura en un arte visual. Cabe destacar que los ideales del ultraísmo eran el antirracionalismo, el subconsciente como fuente artística, el sentimiento antiacadémico. Pero Borges, a pesar de su carácter surreal y cerebral, nunca fue demasiado incoherente. Tomó de las reformas vanguardistas lo que favorecía una mayor flexibilidad expresiva como el verso libre y un vocabulario menos estirado. Además rechazó los excesos que llevaban a la incoherencia.

Pablo Neruda
Pablo Neruda

Tres poetas contribuyeron enormemente a la evolución hacia una poesía más comprometida, Nicolás Guillen, César Vallejo y Pablo Neruda. Los tres comenzaron como vanguardistas y fueron testigos de la Guerra Civil Española. La guerra, para ellos, fue un motivo de cambio, pues empezaron a emplear su arte como medio para hermanar, en lugar de mantener el elitismo. Guillen, el cubano, desarrolló la poesía negra. Usaba ritmos bailables, inventaba palabras como «sóngoro» y «cosongo» que no tienen significado pero funcionan para dar ritmo.

Utilizaba la tradición africana de la llamada y la respuesta. En «Balada de los dos abuelos» expresó la reconciliación entre el pueblo blanco y el negro, las dos herencias de muchos cubanos. Por su parte Vallejo, el peruano, comenzó con una poesía tan compleja que dejaba perplejos a los críticos. Pero luego introdujo temas sociales. José Mariategui lo identificó como el primer autor en dar a la poesía una voz indígena. El simbolismo, la nostalgia, el pesimismo, la importancia de la comunidad sobre el individuo, todo eso venía de la tradición indígena. 

Neruda, ocupa quizás la mayor cantidad de etapas en esta evolución. De joven produjo poemas de amor que están entre los mejores del mundo. Luego se unió a la vanguardia con poemas surrealistas excelentes como «Walking around». Pero la Guerra Civil Española y las injusticias de la dictadura en Chile le inspiraron el deseo de usar su poesía para el bien de la humanidad. Rosario Castellanos, la mexicana, se distinguió como una poeta que luchó contra el sexismo. Octavio Paz había establecido el contexto: «la virtud que más estimamos en las mujeres es el recato». Castellanos se burló de ese recato. En «Salomé» escribió, «Mi madre en vez de leche / me dio sometimiento». 

Nicanor Parra, otra vez Chile, nos trajo la antipoesía. En «Versos sueltos» se burló de Huidobro: «yo también soy un dios a mi manera, un creador que no produce nada». Para Parra, la función del poeta consistía en expresar rigurosamente sus experiencias, sin comentarios, sin abstracciones metafóricas, sin hermetismos crípticos. Presente en su obra está también la protesta política contra la dictadura de Pinochet. La poesía latinoamericana ha experimentado cambios, la ascética escapista del modernismo resultó incapaz de realizar cambios prácticos en la sociedad.

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