En 2003, cuando Siglo XXI publicó La pasión y la excepción, pocos imaginaron que aquel libro se convertiría en uno de los trabajos más intensos y perdurables sobre la política argentina del siglo XX. Hoy, dos décadas después, vuelve a circular en seminarios, mesas de debate y lecturas públicas, como si sus páginas hubieran encontrado una nueva urgencia en un país que sigue discutiéndose a sí mismo.
Beatriz Sarlo es autora de más de dos decenas de libros, algunos son centrales para la lectura de la literatura argentina y en la comprensión de los fenómenos políticos de los últimos años.
Beatriz Elcidia Sarlo del Río (Buenos Aires, 29 de marzo de 1942-Buenos Aires, 17 de diciembre de 2024)fue una periodista, escritora y ensayista argentina en el ámbito de la crítica literaria y cultural, una de las mayores intelectuales de la Historia reciente de su país. Ganadora del Premio Konex de Platino,del Premio Pluma de Honor de la Academia Nacional de Periodismo de la Argentina y del Premio Internacional «Pedro Henríquez Ureña» 2015 otorgado por la República Dominicana.
La obra está construida como una serie de escenas. No capítulos lineales, no explicaciones cerradas: escenas. Momentos en los que la historia argentina parece haber respirado de manera más agitada, como si la política fuera un territorio donde la pasión irrumpe para dejar cicatrices. Ahí está Eva Perón, convertida no en personaje sino en fenómeno, en símbolo movedizo que muta según quién la mire. El autor disecciona esa figura con la precisión de quien entiende que Evita no fue solo una mujer sino un espejo roto donde la Argentina todavía busca reconocerse.
Pero la escena más inquietante, la más cruda, es la que aparece cuando el libro revisita la declaración de Montoneros por el asesinato de Aramburu, un texto escrito por el propio autor en su juventud. La crónica vuelve sobre ese documento con una mezcla de memoria, culpa, distancia y lucidez. Es uno de esos momentos donde el ensayo se vuelve confesión y la historia se cruza con la vida personal, mostrando que la política argentina no solo se estudia: también marca, hiere y transforma a quienes la vivieron.

El lector avanza como quien recorre una exposición de fotografías antiguas que, sin embargo, parecen tomadas ayer. Cada ensayo abre una ventana a un país que estalla en pasiones, en contradicciones, en excepciones que rompen cualquier normalidad.
El libro no intenta explicar el peronismo, ni a sus antagonistas, ni las derivas violentas de los años setenta. Prefiere mostrar los pliegues, los matices, las pulsiones que habitan detrás de cada gesto político.
Quizás por eso hoy La pasión y la excepción vuelve a tener una intensidad inesperada. En tiempos de discursos crispados y memorias en disputa, su lectura funciona como un recordatorio de que la historia argentina nunca fue lineal ni pacífica. Fue —y sigue siendo— una sucesión de pasiones que se vuelven excepciones, y excepciones que se vuelven destino.
El libro no ofrece respuestas: ofrece preguntas. Preguntas sobre el poder, sobre la violencia, sobre los símbolos y sobre la manera en que un país decide contarse a sí mismo. Y quizá ahí radique la razón por la que el libro resurge. Porque, en el fondo, cada una de sus escenas sigue ardiendo.

