La pieza teatral se sitúa en la tarde del 22 de febrero de 1942, en la casa de Stefan Zweig en Petrópolis, Brasil. El escritor, que había huido del nazismo y se encontraba exiliado, prepara junto a su esposa Lotte los detalles de su suicidio. La obra indaga en el cómo, no tanto en el por qué. El autor de la misma, Antonio Tabares, señala que su intención no fue ahondar en las razones que llevaron a Zweig a quitarse la vida, sino en la actitud que tuvo ante su voluntaria desaparición. Las cartas del escritor revelan un estado depresivo, pero los testimonios de quienes lo trataron describen a un hombre envejecido y agotado. Sin embargo, la meticulosidad con la que preparó su muerte contrasta con ese cuadro.
En medio de esa preparación, aparece el personaje ficticio de Samuel Fridman, un exiliado judío que acaba de llegar de Europa. Su irrupción es inoportuna y genera tensión donde todos se preguntan ¿quién es? ¿es realmente judío o un agente nazi? ¿por qué se interesa obsesivamente por un grabado de William Blake que perteneció a Zweig?. La trama se construye alrededor de estos interrogantes, mientras los tres personajes -Zweig, Lotte y Fridman- se enfrentan en un diálogo que está lleno de suspenso y reflexión.

Al respecto, el propio Tabares explica que le intrigan los “monomaníacos”, las personas obsesionadas por una sola idea, y que la obra de Zweig está cargada de personajes entregados a un único objetivo. En ese sentido, Fridman podría ser el protagonista de una última novela que Zweig nunca escribió. Lotte, en apariencia frágil y enfermiza, se convierte en el catalizador que permite a los demás -y a ella misma- alcanzar la redención, esa posibilidad de ser libres y fieles a sí mismos, incluso contra el mundo entero.
La dirección está a cargo de Sergi Belbel y el espectáculo tiene una duración de 1 hora y 35 minutos y se presenta en castellano. La obra no pretende dar una explicación definitiva del suicidio de Zweig, sino ofrecer una mirada dramatúrgica a sus últimos momentos. Klaus Mann, tras conocer la noticia de la muerte del escritor, anotó en su diario: “Yo pensaba que era el literato cosmopolita y caprichoso que no se toma nada a pecho. ¡Y era un hombre desesperado!”. Romain Rolland, por su parte, escribió: “Es la última desgracia que podía esperar. Parecía tan fuerte, tan seguro de sí”. Tabares, en cambio, prefiere imaginar que en esa hora final existía una determinación firme y consciente, que de alguna manera le había permitido desprenderse de sus últimos miedos.
“Una hora en la vida de Stefan Zweig” es un ejercicio de ficción que toma un hecho real como punto de partida para explorar la complejidad de un hombre que, a pesar de su éxito y prestigio, eligió poner fin a su vida en el exilio. La obra invita al espectador a reflexionar sobre la soledad, la pérdida del mundo espiritual que Zweig describió en sus memorias “El mundo de ayer”, y la lucha por mantener la dignidad en medio de la barbarie. Al final, los tres personajes alcanzan un triunfo póstumo del espíritu.
Stefan Zweig (1881-1942) era prolífico y multifacético, autor de cuentos, novelas, biografías, poemas y ensayos, era al momento de su muerte uno de los escritores europeos en lengua alemana más publicados, traducidos y leídos. Fue, además, precursor de una Europa unida y en la que la literatura trascendía todo tipo de fronteras.
Su producción literaria, pese a su éxito en la época, cayó progresivamente en el olvido durante la mayor parte del siglo XX, hasta su recuperación décadas después, siendo obra de estudio por críticos y académicos. Entre sus libros, habría que destacar títulos tan importantes como Novela de ajedrez, Amok, El amor de Erika Wald o María Antonieta, biografía que fue llevada al cine.

