Las guerras perpetuas

Re ensamblajes conceptuales y obras plásticas de Claudio Rama

El libre albedrío acaso sea una de nuestras ilusiones más persistentes. Creemos elegir, pero nos gobiernan pasiones, temores y deseos de dominio. La guerra no es entonces un acontecimiento lejano: habita dentro de nosotros. Permanece dormida hasta que irrumpe cuando alguien amenaza nuestras certezas o fronteras, y el otro se convierte en un inmediato enemigo. La política se organiza en bandos, la economía en competidores y las instituciones en jerarquías que pelean sigilosamente día y noche.

También las ideas y las historias se vuelves territorios en disputa. La paz es apenas una tregua frágil entre conflictos todavía inconclusos que siempre apelan al olor de la pólvora y nuevas herramientas de destrucción personal. El progreso no ha eliminado la barbarie, sino que la ha perfeccionado. La ciencia de las armas ha perfeccionado la destrucción: más rápida, precisa e impersonal que prolongan nuestros miedos y alimentan la falsa ilusión de alguna seguridad permanente. Pero cada victoria prepara otra disputa y cada derrota  reclama su revancha. Vivimos dentro de luchas iniciadas mucho antes de nuestro nacimiento: cambian los combatientes y las máquinas, pero sobrevive el deseo de la batalla final. La guerra es así no sólo una herencia, sino también el lenguaje humano de la comunicación  y una condena que perpetuamos. R.51

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