Este nuevo mandato se ha caracterizado por un intervencionismo directo y una agenda de prioridades que no deja espacio a dudas. Junto a este cambio, hubo un ascenso simultáneo de gobiernos de derecha en la mayoría de los países sudamericanos. Asimismo, esta nueva coyuntura revela una crisis de concepción en las dirigencias regionales, cuya filosofía política parece reducirse a la adhesión a un proyecto geopolítico y económico externo, carente de una visión soberana de integración y desarrollo. El proyecto estratégico de Trump está dirigido a la fragmentación y control. Además, tiene sus objetivos claros, ejecutados mediante la combinación de herramientas de extorsión y manipulación. Una de ellas es la balcanización y el fin de la integración soberana.

Esta estrategia busca debilitar o desmantelar los bloques regionales como la CELAC, UNASUR y Mercosur en su formato político, para evitar la formación de un polo de poder autónomo. Por años, Washington presiona para cambiar esa lógica de inserción. Este viraje está siendo determinante al día de hoy, en medio de una transformación que afecta directamente la relación de América Latina con el resto del mundo.
Y por supuesto la guerra híbrida que hoy aplica con la implementación de un espectro de medidas que van desde sanciones económicas y presión diplomática hasta operaciones de información y apoyo a actores de oposición, como sufren hoy las Repúblicas de Venezuela y Cuba.
Los gobiernos de derecha en la región han actuado, en gran medida, como facilitadores de esta agenda, evidenciando una falta de proyecto político propio más allá de la gestión administrativa y el alineamiento internacional. Desde que Trump llegó por segunda ocasión a la Casa Blanca resurgió en la región la xenofobia, la misoginia, la homofobia, el neofascismo y el racismo. Esto, tras 20 años de avances en diferentes naciones, que contribuyeron a este regreso con su renuencia a implementar reformas estructurales. Además del apego a los principios de la democracia capitalista
Decir que la derecha no tiene ideas, sino intereses “que muchas veces no son los propios” recorre gran parte de latinoamérica. En este sentido se denota una crisis de concepción y filosofía política de los dirigentes latinoamericanos: Washington escribe el guión, mientras los gobiernos repiten los libretos, pero al estilo de la vieja comedia silente. Estos gobiernos (algunos de los cuales reivindican las dictaduras militares y los genocidios) están alineados totalmente con la geopolítica de Trump.

Política que ignora y desprecia el derecho internacional, promociones e imposiciones de guerras arancelarias como lo que sufre hoy Cuba, y la política de “petróleo cero”. El repliegue e intervencionismo en América Latina, junto la captura de Nicolás Maduro en Caracas, como algunas de las medidas de Trump en su defendida Estrategia de Seguridad Nacional que ponen en alerta no solo a “toda la región” sino al mundo.
Hoy el poder no habla de políticas de igualdad, ni de justicia social, menos de sociedades de derechos. Sino de imposiciones de políticas siguiendo un modelo neoliberal donde los ricos son más ricos y los pobres cada vez más pobres. Donde el resultado tangible de esto es una región más fragmentada, con una democracia debilitada, tal y como señalan informes de Human Rights Watch (HRW) que se reportan retrocesos en derechos y libertades, y junto a ello una soberanía al borde del precipicio. Por otro lado, la capacidad de acción colectiva frente a crisis globales o para negociar con potencias como China o la Unión Europea se ve severamente limitadas.
La crisis de concepción reside en que las élites gobernantes en gran parte de América Latina mantienen una venda en la formulación de una política soberana. Se han convertido en administradores de un proyecto diseñado externamente, cuyo fin es la recolonización económica y la subordinación geopolítica de la región.

En Latinoamérica varios gobiernos han incurrido en violaciones sistemáticas a los derechos humanos, tanto de la población extranjera como local, bajo la presión o influencia directa de las políticas impulsadas por la administración de Donald Trump, según Human Rights Watch. Mediante el análisis se evidenció que esta tendencia no es exclusiva del continente americano, y representa una amenaza estructural al sistema internacional de protección de derechos humanos.
Al respecto, también se explicó que “Bajo la presión implacable del presidente de Estados Unidos, el orden internacional basado en normas se está haciendo añicos, y podría arrastrar consigo la arquitectura en la que se han apoyado las defensoras y los defensores de derechos humanos para impulsar estándares y proteger libertades”. Donald Trump calificó como una amenaza a los inmigrantes aplicando la deportación masiva mediante una campaña agresiva de deportaciones con efectos directos en América Latina y el Caribe.
Durante el último año, señala HRW, varios países de la región restringieron el acceso al asilo contra personas migrantes deportadas desde Estados Unidos. “Panamá y Costa Rica han detenido arbitrariamente a ciudadanos de terceros países deportados por Estados Unidos. Por su parte, El Salvador sometió a venezolanos deportados a detenciones arbitrarias. La República Dominicana ha intensificado la expulsión de personas haitianas, retornándolas a contextos de alto riesgo, según documentó el informe.
Lo que realmente se aboga es por una América como la que soñó José Martí, una América de todos. El desafío futuro, para cualquier fuerza política que aspire a gobernar, será desarrollar un pensamiento estratégico propio que responda a las necesidades internas y reconstruya, desde bases nuevas sin destruir la memoria histórica de los pueblos. Que se presente la integración latinoamericana como mecanismo fundamental para defender la soberanía y promover el desarrollo sostenible.


CHE: QUÉ PASÓ QUE NADIE HABLA MÁS DE MADURO ?? PETRO FUE A HABLAR CON TRUMP, LULA VA A HABLAR CON TRUMP, A VER SI LES TIRA UN HUESO…AHORA TODO EL MUNDO CALLADITO…YO SOY MILITANTE DE TRUMP Y CORINA MACHADO, PARA QUE TE QUEDE CLARO.
Felicitaciones