Cuando Joaquín Salvador Lavado Tejón más conocido como Quino, situó a una niña de pelo negro y carácter firme frente al mundo, no imaginó que aquel trazo se volvería un emblema cultural. En la actualidad, la figura del historietista sigue indisolublemente unida a Mafalda. Sin embargo, el vínculo entre creador y la caricatura fue el resultado de una observación muy temprana dentro de su propio hogar. El personaje de Mafalda está inspirado en su abuela materna, Teté. No tanto en su aspecto físico como en su personalidad. Teté era una transgresora, una mujer de armas tomar.
Por otro lado, toda la familia poseía un gran sentido del humor que Quino heredó. Ese humor andaluz del clan fue la clave para construir el universo que hoy compone la tira. Así, desde su primera publicación en 1964 en el semanario argentino Primera Plana, Mafalda no fue solo una niña que odiaba la sopa, sino una conciencia crítica con los adultos y las injusticias mundanas. A partir de ese momento comenzó una “mafaldamanía”. Luego de secciones humorísticas, también llegó en formato libro.

Quino descubrió su vocación como dibujante a los tres años. Durante su infancia, ya había logrado un acercamiento muy lúdico con el dibujo. Al finalizar la escuela primaria se inscribió en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, pero la abandonó para dedicarse por completo a la historieta. A los 18 años viajó a Buenos Aires en busca de editor. Pasaron tres años difíciles hasta que en 1954 publicó su primera página en la revista Esto Es, considerándolo “el momento más feliz de su vida” después de aquella publicación. El origen de Mafalda fue casi accidental, pues en 1963, su amigo Miguel Brascó lo presentó en una agencia de publicidad que buscaba un dibujante para una campaña de electrodomésticos de la marca Mansfield. Necesitaban personajes con la inicial M y ahí Quino creó a Mafalda. Cabe destacar que la campaña nunca se realizó, pero el dibujante conservó a la niña.
Para 1964, la tira apareció en Primera Plana. El 9 de marzo de 1965 dio el salto al diario El Mundo, donde publicó seis tiras semanales. El éxito fue inmediato y llegó a varios países en el mundo. Asimismo, Jorge Álvarez Editor publicó el primer libro recopilatorio para Navidad; en dos días se agotaron los 5000 ejemplares. En Italia, el libro llegó en 1969 con presentación de Umberto Eco. Se conoce que Mafalda se tradujo a más de veinte lenguas, incluido el guaraní. Para 1973, Quino dejó de dibujar tiras de Mafalda, esto desconcertó a muchos. Ya no sentía la necesidad de usar esa estructura expresiva.
Le costaba mucho esfuerzo no repetirse y sufría con cada entrega. Cuando uno tapa el último cuadrito de una historieta y ya sabe cuál va a ser el final, la cosa no va, manifestaba. Por respeto a los lectores, a sus personajes y por su manera de sentir el trabajo, decidió no hacerla más y continuar con el humor que nunca dejó de practicar. Aun así, Mafalda siguió vigente. En 1993 se produjeron 104 episodios animados en España. Quino continuó publicando libros de humor como Yo que usted…, Bien, gracias, ¿y usted? o Quinoterapia. Su labor recibió distinciones como el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2014.
Daniel Divinsky, editor y fundador de Ediciones de la Flor, lo conoció en la librería de Jorge Álvarez y se hicieron amigos. Divinsky recuerda que Quino no se consideraba un buen dibujante. Para dibujar a Mafalda, la copiaba de dibujos anteriores. La gracia, aunque hiciera cuadros mudos, estaba en los conceptos. Manejaba un estilo de pocos cuadros y diálogos breves, pero con mucha reflexión y crítica. Tanto como persona como humorista, lo mejor que tuvo fue su calidad humana y su gran preocupación por los demás. Quino falleció el 30 de septiembre de 2020 en Mendoza logró tener repercusión mundial y construyó, desde el trazo sencillo y la observación familiar, un personaje que sigue presente en el imaginario colectivo.

