¿Por qué le cantamos a una ciudad? Quizás porque necesitamos retratarla y hacerla propia. Puede también ser un homenaje. Los cantautores ofrendan su mirada hecha poesía, música y canción. Hay tantas canciones como lentes a través de las cuales observamos la ciudad: esa de la que somos parte o aquella por la que apenas estamos de paso. Hacer canciones es también una forma de hacer memoria, de permitir que quienes alguna vez caminaron esas calles las reconozcan tiempo después, de contagiar algo del afecto con que, casi siempre, fueron concebidas. Hacer canciones es una forma de ayudarnos a imaginar mejor.
De Montevideo a menudo se habla de su nostalgia gris. Pero también de festividades y colores, de encuentros y de mestizaje. En las canciones conviven todas esas ciudades posibles. La Montevideo del recién llegado y la del que allí nació. La de aquel que la vive desde cada barrio, a cada hora. En cada canción oímos una de sus infinitas voces.
Sería difícil en el espacio de una columna recorrer las muchas canciones que se le han dedicado a Montevideo y más difícil aún, ofrecer una selección definitiva. Con las tres que siguen, de diferentes épocas y estilos, pretendo animar al lector oyente a hacer un recorrido que puede ser muy ancho, personal y disfrutable. Tres canciones que les llevarán de viaje por Montevideo con diferentes ojos.
Romeo Gavioli, montevideano del barrio La Comercial, nacido en 1913, grabó un álbum editado por el sello SONDOR en el año 1962, que tituló “Mi Montevideo” y que abre con la canción homónima pero que también incluye otra titulada simplemente “Montevideo”. En ella bautiza a la ciudad como la “tacita del plata”. Un claro ejemplo de canción con una mirada que admira y celebra a la ciudad, casi que la idealiza. Elige Montevideo antes que a otros lugares, tras haber andado “el mapa entero”. No solo es “la flor del mundo” sino que “bajo tu cielo de estrellas se vive y se sueña y todo es amor”. El orgullo ante el sentido de pertenencia. Gavioli fue un músico que disfrutó de un importante reconocimiento. Innovó al incorporar tambores de candombe a su orquesta típica, que por entonces tocaba con frecuencia en grandes bailes.
La obra Montevideo de Romeo Gavioli se puedee escuchar acá: https://www.youtube.com/watch?v=56szuTpyKu4
A principios de los años 80, el autor, compositor e intérprete Leo Masliah escribe “Biromes y servilletas” que si bien describe en cierta forma la ciudad, se dedica a pintar a los poetas: soñadores vocacionales, persistentes, quizá una de las características de los artistas montevideanos. Artistas porque no pueden dejar de serlo. Artistas que forman parte del patrimonio vivo de Montevideo, ese que tanto valoramos y que, paradójicamente, pasa tan desapercibido. Esa montevideana imagen de poetas escribiendo en cafés y bares de cualquier esquina, conversando, dibujando y garabateando, porque no pueden detener el monstruo creativo que los habita. Maslíah no idealiza la ciudad ni describe sus atributos geográficos como lo hace la canción de Romeo Gavioli.
Biromes y servilletas se puede escuchar acá: https://www.youtube.com/watch?v=fz9shANJeio
En los años 2000 Tabaré Cardozo compuso “Montevideo” que estrenó junto a “Agarrate Catalina”. Allí nos canta una historia sobre una identidad que se va construyendo. Y al igual que en las otras dos canciones aparece como algo importante lo que Montevideo hace sentir en la gente más allá de sus atributos desde el punto de vista geográfico. La emoción, la poesía, las músicas. De hecho podría decirse que la define como una suma de músicas: “Murga, tango y milongón». Montevideo”
Montevideo de Tabaré Cardozo se puede escuchar acá: https://www.youtube.com/watch?v=5gUinPxktUA
Ninguna de las canciones contradice a las otras. Aportan una mirada y responden a preguntas diferentes sobre Montevideo. Están latentes la admiración, el afecto, el sentido de pertenencia. Los gestos cercanos y mínimos. Los recuerdos, las historias. Las culturas que nos han hecho montevideanos.

