El fútbol era la competencia donde un país pequeño podía desafiar a una potencia y donde el resultado se definía dentro del campo de juego. Sin embargo, el Mundial de 2026 parece confirmar una tendencia que preocupa cada vez más: el mayor espectáculo deportivo del planeta está dejando de ser una competencia para convertirse, antes que nada, en un gigantesco negocio global.
La FIFA administra hoy un poder económico, político y comercial pocas veces visto en una organización deportiva. Sus ingresos alcanzan cifras récord impulsadas por derechos televisivos, patrocinadores multinacionales, licencias comerciales y la ampliación constante de sus torneos. La expansión del Mundial a 48 selecciones y más de un centenar de partidos incrementó aún más el valor comercial del campeonato y las proyecciones de ingresos de la organización.
Pero cuando el negocio adquiere semejante dimensión, inevitablemente aparecen interrogantes sobre las prioridades de quienes gobiernan el fútbol mundial.
Cada decisión de la FIFA mueve miles de millones de dólares. Un equipo eliminado representa pérdidas para cadenas televisivas, patrocinadores, empresas de apuestas, agencias de publicidad y mercados enteros. Una selección poderosa que continúa en competencia significa mayores audiencias, más venta de productos oficiales y una exposición comercial incomparable.
En ese contexto, resulta lógico que crezcan las sospechas cada vez que aparecen decisiones arbitrales polémicas, intervenciones del VAR difíciles de explicar o resoluciones disciplinarias que generan controversia.
Cuando los aficionados comienzan a creer que determinados equipos reciben un trato preferencial, el daño trasciende el resultado de un partido. Lo que se pone en discusión es la esencia misma del deporte: la igualdad de condiciones.
El prestigio de una Copa del Mundo no depende únicamente de la calidad de los jugadores o del espectáculo televisivo.
La FIFA enfrenta hoy un enorme desafío. No alcanza con exhibir balances récord ni romper marcas de audiencia. Debe demostrar que la transparencia, la independencia de sus órganos disciplinarios y el respeto irrestricto por las reglas están por encima de cualquier interés comercial.
Porque cuando el negocio pesa más que la competencia, el fútbol pierde parte de su alma.
Y cuando la pasión de millones queda subordinada al marketing, a los contratos multimillonarios y a la conveniencia política, el Mundial deja de ser la gran fiesta universal del deporte para transformarse en el mayor espectáculo empresarial del planeta.
El fútbol pertenece a los pueblos que lo sienten, no a quienes administran sus millones. Esa es la diferencia entre organizar un torneo inolvidable y convertir la Copa del Mundo en un producto comercial donde el negocio corre el riesgo de eclipsar la esencia del juego.


Lamentablemente la intervención de personas ajenas al campo de juego menoscaban el profesionalismo de los participantes y esto se traduce en manipulaciones que no sólo violan los reglamentos fundamentales y el espíritu del deporte, sino que constituyen en este caso un insulto a la autoridad que representa la investidura de un árbitro.
Es inadmisible que un administrativo, sobre todo estando al frente y representando a la FIFA como institución menoscabe la autoridad y pase por encima del conocimiento directo de un árbitro. Es, como decimos arriba, insultante.
Y no es la primera instancia en la cual se insulta a un miembro del cuerpo de árbitros, la primera fue la negación de entrada al país de un miembro del colegio internacional de árbitros seleccionado para actuar en este mundial ¡una verdadera vergüenza!
Y en las dos instancias las acciones se generaron fuera del ámbito de la FIFA, fueron simplemente órdenes acatadas con un servilismo que asombra.
También asombra la pasividad con la que se acataron esas órdenes.
Esto demuestea que la FIFA es una institución abiertamente corrupta, a la vista de todo el mundo.
Y hay más «intervencinismo», demostrado en actitudes racistas y discriminaciones, menosprecios y obstáculos materiales a selecciones que sufrieron una presión y un stress impuesto por visas válidas «por un rato», debiendo trasladarse fuera de fronteras para dormir y entrenar.
Pero ¿qué es esto, señores de la FIFA?
A ver, Infantino, explique cómo es que el caldo mugriento de la politiquería local salpicó el correcto desempeño de un torneo internacional que nada tiene que ver y que es independiente de la política.
Ante una situación así, desde el arranque con la primera acción intervencionista de negar visado a un juez, pues los jueces deberían haber tenido una actitud solidaria y al menos haber alzado su voz, «o actuamos todos o no actúa ninguno» o en segunda instancia simplemente «sancionar» al país y mover todos los partidos a México y Canadá.
Pero no, esto es por un lado demasiado idealista, y por otro está de por medio la estructura monetaria que ha convertido a la FIFA en una entidad mercenaria.
Y este Infantino si fuese decente no hubiese cedido a las presiones y hubiese al menos renunciado y denunciado el poder corrupto detrás de los cortinajes del espectáculo.
El poder manipulador que corrompe todo ya sabemos que tiene un nombre, que debería haber intervenido sí, para autorizar la entrada del árbitro designado de Somalia, y la estadía del equipo de Irán y su cuerpo técnico durante la duración del mundial.
Pero no, esto sería ser justo, y la palabra justicia no existe en el imperio del megalómano Trump y su cohorte de piratas disfrazados con traje y corbata.
Las parcialidades que alientan sus equipos nacionales merecen algo mejor, pues de última son las que sustentan toda la estructura de un deporte que no conoce divisiones políticas y cuya única frontera es la pasión por el espectáculo honesto y sin manipulaciones.
Pero bueno, «por la plata baila el mono».
Y si no hubo corrupción, si no hubo plata en el medio, entonces hubo un servil y cobarde alcahuetismo.
Pero «algo» hubo en el meduo, sin duda alguna, y ese «algo» ensució la competencia.
👏👏
Excelente la nota y excelente el comentario, a mi entender los únicos que pueden modificar esta penosa actualidad son los jugadores que son los verdaderos protagonistas de uno de los deportes más lindos del mundo, si todos los futbolistas hubieran dicho SI IRAN NO DUERME DONDE JUEGA NO JUGAMOS NINGUNO, SI NO INGRESA EL ÁRBITRO SOMALI NO JUGAMOS NADA, quiero ver donde se meten las cámaras roboticas y los super contratos publicitarios, como último apunte pregunto ¿ no les parece que la pausa de hidratacion va contra el espíritu del juego? Supongan que un equipo se está recuperando y tomando las riendas del juego perdiendo uno a cero y quedando afuera cae la pausa y se enfría todo y vuelve el dominio del que va ganando, es una simple opinión.