El problema no radica en la existencia de gremios fuertes —algo saludable en democracia— sino en la asimetría frente a otros actores menos organizados: usuarios, pacientes, comunidades del interior profundo. Allí donde no hay lobby, suele haber menos capacidad de incidencia.
Allí reside uno de los principales puntos de fricción. Para los países del Mercosur, el acceso ampliado para carne, soja, azúcar y otros bienes agrícolas es clave.