Hasta ahora, adultos y niños operaban como sectores independientes, pero compartían ingreso y sala de espera. Esa convivencia ya no resultaba adecuada ni desde la experiencia del paciente ni desde la gestión interna. “Nos parecía que había que generar un ámbito adecuado”,
En su relato aparece una constante: la dificultad de acceder a la formalidad sin un respaldo inicial. “Es como que te piden estar fuerte para poder entrar, y justamente uno está débil.”