Pantallazo cinéfilo

La Odisea y otros filmes.

"La odisea" de Nolan no deja de ser un filme de corte mitológico muy bien filmado.

El Mundial de Fútbol ya es un estado pretérito del que ya nadie habla demasiado mientras que la pantalla local sigue renovándose. Ni hablar que el gran tanque de la temporada viene siendo «La odisea» dirigida por Christopher Nolan y basada en el célebre poema homérico. Con un presupuesto multimillonario, la película ya pagó su costo en el primer fin de semana a nivel taquilla y mucho de lo acontecido puede deberse a varias causas. En primer lugar el suceso se generó a través de una muy  eficaz campaña de marketing a nivel global. Otro dato importante fue la seleccíón de un elenco que reunió estelaridades varias como Matt Damon, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Zendaya, Charlize Teron, John Leguizamo y Lupita Nyong´o, entre otros dando forma a un cóctel explosivo para sus casi tres horas de duración. Además, Nolan (que ha dirigido filmes como Dunkerke, Inception y el Caballero de la noche) tenía carta libre para hacer lo que se viniera en gana y sus exigencias estipularon un rodaje en cámaras Imax 70 -cada cámara está evaluada en medio millón de dólares- para filmar una película cuyo formato puede verse, de manera original total, en unas cuarenta y/o cincuenta salas alrededor del mundo. Lo que significa que para todo el circuito comercial standard, el filme se adecua a los formatos de cada sala y su correspondiente pantalla. En realidad, esto último puede suponer, solamente, un detalle «importante» para cinéfilos ortodoxos pero el comentario es válido de todos modos. Luego de lo señalado, queda una realización que, a través todos los bombos y platillos mundiales, puede decepcionar a quienes forjaron máximas expectativas. Si vamos a lo que realmente interesa, «La odisea» de Nolan no deja de ser un filme de corte mitológico muy bien filmado, (con escenas de acción que no agregan mucho a lo que ya hemos visto en muchas películas por el estilo) y con pretensiones  cuasi filosóficas sobre la moira, el hombre, las divinades olímpicas y el flagelo de la guerra. ¿Es una buena película? Sí, lo es. ¿Es una obra maestra? No, no lo es. Es un largometraje algo extenso donde se da por sobreentendido que los espectadores han leído los textos homéricos y saben de que va la trama en general. (Aunque eso tampoco importe demasiado y haya logrado el extraño furor de convertir un texto del Siglo VIII A.C en un best seller en los tiempos que corren). Va a estar en los nominados al Oscar, por supuesto. Pero eso es otro tema.

«Backrooms» parece haber generado una nueva variable del terror claustrofóbico.

De todas maneras, hay otras opciones que pueden funcionar para gustos variados. En lo particular, un filme como «Backrooms» dirigida por el joven cineasta Kane Parsons parece haber generado una nueva variable del terror claustrofóbico. Lo insólito del tema es que todo el formato conceptual del largometraje comenzó a partir de unas fotos, subidas a internet, que mostraban espacios «raros». Un pedido que desató cierta euforia donde oficinas destartaladas y lugares laberínticos generaron la idea de una pesadilla sin salida. Esta locura, de manera muy básica, es el punto de partida del citado filme donde varios personajes ingresan a una dimensión paralela que parece copiar sus traumas en formatos aterradores. (Algo similar ocurre con la producción nipona «Exit 8» de Genki Kawamura, que ha ido directamente a las plataformas, donde un hombre queda atrapado en un subte que repite sus pasillos de manera interminable. No ha tenido la difusión de «Backroms» pero no deja de generar una sofocante angustia en el espectador).

Tambien «Obsession» de Curry Baker ha llevado el horror a otro plano asociado con la salud mental, pegándose codazos con maldiciones sobrenaturales, a partir del clásico tema sobre «pedir un deseo» y las trágicas consecuencias que puede ocasionar dicho anhelo. (Especial mención para la actriz Inde Navarrete, posible nuevo ícono del universo fantasmagórico).

(Otra producción que se despegó del esquema terrorífico clásico ha sido «Levíticus» de Adrian Chiarella donde la homofobia adquería rasgos siniestros en medio de una comunidad reaccionaria y lo increíble era absoluta metáfora de una represión a la diversidad en pleno siglo XXI. Pero ya salió de cartelera vaya uno a  a saber por qué). Los que prefieran el terror más truculento podrán regodearse con «Evil dead; en llamas» de Sebastián Vanicek  o «Hockum: la maldición de la bruja» de Damian Mc Carthy.

Por su parte «Caso 137» película francesa dirigida por Dominik Moll vira hacia el recuerdo de las protestas parisinas de los denominados chalecos amarillos en clave de thriller. Seleccionada para competir por la Palma de Oro en Cannes, la realización ha obtenido diversas distinciones -sobre todo para la actriz Léa Ducker que obtuvo el Premio César y el Lumiére por su trabajo como inspectora de los Asuntos Internos de la policía- y ofrece un sombrío panorama de la justicia pública en los tiempos que corren. Excelente.

Mientras tanto, Almodóvar parece seguir repitiéndose en «Amarga navidad», al abordar, precisamente, las preocupaciones de un cineasta obsesionado por decir algo nuevo en la pantalla. (Mucho más interesante sigue siendo «Calle Málaga», de Mayran Touzani, con una estupenda Carmen Maura en su rol de mujer que lucha por conservar su residencia en Marruecos luego de una decisión familiar que intenta desalojarla de su propia casa. En esta breve apreciación también se sumaría «Los domingos» de Alauda Ruiz de Azúa, ganadora de cinco premios Goya y que aborda el tema de la vocación religiosa de una jovencita y las reacciones que despierta a su alrededor). Como última sugerencia, para los amantes del buen gusto, se aconseja evitar «Scart Movie: terrorífcamente incorrecta». El público decide.

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