La tasa de cesáreas en el mundo ha experimentado un crecimiento alarmante en las últimas décadas. Lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera una intervención médica necesaria en casos específicos se ha convertido en muchos países en una práctica rutinaria que supera ampliamente las recomendaciones sanitarias. Según datos actualizados, la proporción global de nacimientos por cesárea pasó del 12% en el año 2000 al 21% en la actualidad, y las proyecciones indican que para 2030 podría alcanzar el 29%, es decir, casi uno de cada tres partos en el planeta se realizaría por esta vía quirúrgica.
Desde 1985, la OMS recomienda que la tasa ideal de cesáreas oscile entre el 10% y el 15% de los nacimientos totales. Por encima de ese umbral no se observan mejoras en la mortalidad materna o neonatal a nivel poblacional, pero sí aumentan significativamente los riesgos para la madre y el bebé. A pesar de esta recomendación clara, muchas naciones superan ampliamente ese límite, especialmente en América Latina y el Caribe, donde seis de los diez países con mayores tasas del mundo pertenecen a esta región.
Brasil lidera el ranking con tasas que rondan el 55-56%, seguido de cerca por República Dominicana, Chile, Ecuador y México, donde en algunos sectores privados se superan fácilmente el 70%. En Uruguay, más del 50% de los partos terminan en cesárea, una cifra que ha crecido de forma sostenida en los últimos 15 años y que preocupa a las autoridades sanitarias. En Argentina, la tasa nacional se acerca al 50%, con diferencias marcadas entre el sector público y el privado, donde en algunas clínicas supera el 75%.
Las causas de este aumento son múltiples y complejas. En primer lugar, factores médicos reales como embarazos de alto riesgo, presentaciones podálicas o cesáreas previas justifican parte de las intervenciones. Sin embargo, la mayor proporción responde a razones no estrictamente médicas. Preferencia materna por evitar el dolor del parto natural, conveniencia de programar el nacimiento, presión del sistema de salud privado para reducir tiempos de atención, miedo al litigio por parte de los profesionales y, en algunos casos, incentivos económicos para realizar cirugías.
Los riesgos asociados a las cesáreas innecesarias son bien documentados. Para la madre, aumentan las probabilidades de infección, hemorragia, complicaciones anestésicas y problemas en embarazos futuros como placenta previa o ruptura uterina. Para el bebé, hay mayor riesgo de problemas respiratorios, lesiones durante la cirugía y alteraciones en el microbioma intestinal que pueden afectar su sistema inmune a largo plazo. Además, las cesáreas implican un costo económico mucho más elevado para los sistemas de salud y para las familias.
Expertos internacionales advierten que este fenómeno constituye una verdadera “epidemia de cesáreas” que no solo genera riesgos sanitarios, sino que también representa una forma de violencia obstétrica cuando se realiza sin consentimiento informado adecuado o sin justificación clínica. Organizaciones como la OMS y la FIGO (Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia) han lanzado campañas para promover el parto vaginal seguro y reducir las intervenciones innecesarias.
En América Latina, varios países han comenzado a tomar medidas. En Uruguay, el Hospital de Clínicas logró reducir su tasa de cesáreas del 49% al 37% en solo dos años mediante protocolos de atención al parto, mayor capacitación del personal y promoción activa del parto natural. En Chile y México también existen iniciativas para desincentivar las cesáreas electivas y mejorar la información a las embarazadas.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que se necesita un abordaje integral. Esto incluye fortalecer la atención prenatal, capacitar mejor a los equipos de salud, implementar protocolos estrictos para indicar cesáreas, mejorar la comunicación con las gestantes y regular los incentivos económicos en el sector privado. También es fundamental combatir el miedo cultural al parto vaginal y ofrecer acompañamiento adecuado durante el trabajo de parto.


O sea, todo se trata, en el fondo, de un tema económico según lo admiten. Les importa cuarenta mil carajos la madre, el niño, los médicos y la vecina.