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Es preciso consultar a un especialista al experimentar pérdida de cabello abundante

¿Qué es la alopecia?

La alopecia es una condición médica que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Existen varios factores que desencadenan la alopecia
Existen varios factores que desencadenan la alopecia

Aunque se manifiesta principalmente como la pérdida de cabello, sus efectos suelen ir más allá de lo que se observa en primera instancia. Esta constituye uno de los motivos más frecuentes de consulta dermatológica. No debe confundirse con la caída habitual del cabello, proceso constante en el que el pelo se renueva. Ocurre cuando este ciclo se altera: o no se recupera el pelo perdido o el que nace presenta menor grosor (miniaturización).

Cada folículo piloso atraviesa tres fases: anágena o crecimiento (2-6 años), catágena o reposo (3 semanas) y telógena o caída (3-4 meses), con una pérdida diaria de 80 a 100 cabellos. Las alopecias se dividen en dos grandes grupos: cicatriciales, con destrucción irreversible del folículo, y no cicatriciales, potencialmente reversibles. Las alopecias cicatriciales que pueden ser congénitas o adquiridas. Entre estas últimas destacan las secundarias a procesos cutáneos como lupus, liquen plano, foliculitis decalvante o esclerodermia, y las debidas a procesos sistémicos como sarcoidosis o metástasis.

 

Los problemas de salud mental pueden llevar a la pérdida de cabello
Los problemas de salud mental pueden llevar a la pérdida de cabello

Las alopecias no cicatriciales incluyen formas congénitas y adquiridas. Entre las secundarias a procesos cutáneos se encuentran el efluvio telógeno, la alopecia androgénica, la areata y las tiñas. También pueden deberse a enfermedades sistémicas (lupus, tiroides, sífilis, déficits nutricionales, VIH) o fármacos (citostáticos, litio, anticoagulantes). También la alopecia androgénica es la forma más frecuente: afecta al 50% de los varones a los 50 años y al 5-10% de las mujeres. Intervienen factores hereditarios y la acción androgénica sobre los folículos. La enzima 5-alfa-reductasa convierte testosterona en dihidrotestosterona, andrógeno responsable de la miniaturización del cabello. Puede asociarse a seborrea, pero no existe relación causal.

Por otro lado se encuentra la alopecia areata, esta representa el 2-3,5% de las consultas dermatológicas. Un 1,7% de la población experimentará un episodio. Consiste en pérdida de pelo en placas, pudiendo afectar a uñas (traquioniquia) y extenderse a todo el vello corporal. Su origen es multifactorial, autoinmunidad, predisposición genética (20% de casos) y factores ambientales como el estrés. Puede asociarse a dermatitis atópica, tiroiditis autoinmune, vitíligo, lupus o anemia perniciosa, entre otras.

La alopecia no se trata simplemente de la pérdida de cabello. También tiene el potencial de afectar en gran medida la salud mental y emocional de quienes la padecen. Pues la apariencia juega un papel importante en cómo nos percibimos. En algunos casos, las personas que antes se sentían seguras pueden comenzar a sentir preocupación por el juicio de los demás y, como consecuencia, experimentar tristeza, ansiedad o depresión. Es habitual que se relacione la pérdida de pelo con el envejecimiento. Esta es una idea arraigada en nuestra sociedad que desempeña un papel importante en las consecuencias psicológicas de la alopecia. Esta conexión se basa en estereotipos profundamente interiorizados en nuestra sociedad.

La alopecia por estrés constituye una forma de pérdida de cabello no cicatricial, de aparición frecuentemente repentina y localizada, cuya etiología se vincula directamente con factores psicosomáticos. Se diferencia de otros tipos de alopecia más comunes: mientras la androgenética responde a mecanismos genético-hormonales y la inducida por quimioterapia tiene origen farmacológico, la asociada al estrés presenta dos características distintivas: su potencial reversibilidad y su conexión directa con eventos estresantes o estados de ansiedad mantenidos en el tiempo. Esta condición afecta por igual a hombres y mujeres, sin diferencias significativas por sexo o grupo etario, incluyendo también a la población adolescente. No obstante, determinados perfiles presentan mayor susceptibilidad: personas con trastornos autoinmunes subyacentes o con predisposición genética muestran una vulnerabilidad incrementada ante los efectos del estrés sobre el cuero cabelludo.

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