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Es preciso tomar medidas preventivas para evitar riesgos

Síndrome Visual Informático, el precio que pagan nuestros ojos

El uso prolongado de pantallas afecta directamente a la visión

Cuando una persona se sienta frente a una pantalla, su cuerpo entra en un estado de concentración que altera funciones fisiológicas básicas
Cuando una persona se sienta frente a una pantalla, su cuerpo entra en un estado de concentración que altera funciones fisiológicas básicas

El avance tecnológico ha transformado la forma en que aprendemos, trabajamos y nos comunicamos. Lo que comenzó como una herramienta de apoyo se ha convertido en un compañero del cual muchos les cuesta separarse. Esto va desde las aulas hasta los hogares, las pantallas de computadoras, tablets y teléfonos móviles manejan las horas de vigilia de millones de personas. Sin embargo, especialistas refieren que esta exposición constante (que comienza a edades tempranas) tiene un alto costo y sí, lo pagan nuestros ojos.

Al día de hoy, el uso excesivo de dispositivos digitales ya no se asocia exclusivamente al estudio o al trabajo. Pues los niños pequeños recurren a las pantallas para jugar, mientras que los adolescentes las utilizan como principal vía de interacción social a través de las redes sociales. Esto es una realidad, que ya preocupa a la comunidad científica, pues cada vez más son las personas que llegan  a las consultas médicas por molestias oculares, principalmente en la población joven. Es por esta razón que hacen tanto énfasis en la concienciación sobre hábitos saludables tanto en el ámbito escolar como en el familiar.

El uso excesivo de pantallas causa resequedad ocular

Según investigaciones recientes, cuando una persona se sienta frente a una pantalla, su cuerpo entra en un estado de concentración que altera funciones fisiológicas básicas. Como por ejemplo, el parpadeo, un acto reflejo esencial para lubricar el ojo, se reduce de manera drástica. Esto quiere decir que mientras que en condiciones normales una persona parpadea alrededor de quince veces por minuto, este ritmo puede disminuir a la mitad cuando la mirada se fija en un dispositivo. Es por esto que se produce la sequedad ocular, uno de los síntomas más reportados por los usuarios.

Muchas veces piensan que por usar lentes se está exento de riesgo, pues no. Varios estudios indican que en ellos la frecuencia de parpadeo puede reducirse aún más, intensificando la sensación de arenilla o ardor. Junto a esto la visión borrosa intermitente y la fatiga ocular aparecen tras largos periodos de exposición. Cuando estos tres síntomas confluyen, los expertos diagnostican lo que se conoce como Síndrome Visual Informático.

Cabe destacar que este síndrome no discrimina por edad, aunque tiene predilección por los grupos que pasan más horas frente a la pantalla. Se estima que afecta a unos sesenta millones de personas en todo el mundo, con una alta prevalencia entre estudiantes universitarios y profesionales que desarrollan su jornada laboral frente a un ordenador. Hay que destacar que la fatiga no solo es ocular, pues viene acompañada de dolor de cabeza, sensación de pesadez en los párpados y lagrimeo, que es una reacción del ojo ante la sequedad extrema. La regla de oro para combatirlo es el descanso. 

Si aún no lo conocías, más allá de todos estos daños, las pantallas emiten un tipo de radiación que preocupa especialmente a los profesionales y es “la luz azul de alta energía». Pues su impacto no se limita solamente a la superficie del ojo. Según expertos, la exposición a esta luz durante las horas previas al sueño puede interferir en los ciclos circadianos. La luz azul engaña al cerebro, inhibiendo la producción de melatonina y retrasando la conciliación del sueño. Adolescentes que utilizan el móvil antes de dormir no solo fuerzan la vista, sino que alteran su descanso, lo que repercute en su rendimiento diurno.

Aunque la exposición a pantallas no causa un daño ocular permanente y estructural, las molestias que genera son reales y pueden cronificarse si no se adoptan medidas correctivas. Además de los síntomas que ya habíamos mencionado  incluyen una mayor sensibilidad a la luz. Manifiestan que la pantalla debe colocarse aproximadamente a la distancia de un brazo, unos sesenta y cinco centímetros, y su borde superior debe quedar ligeramente por debajo del nivel de los ojos. Esto obliga a la vista a dirigirse ligeramente hacia abajo, una posición más natural para la musculatura ocular.

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