La incorporación de animales en procesos terapéuticos se ha implementado hace varios años incluso siglos. Griegos y egipcios ya incluían el acompañamiento animal en sus prácticas de salud, por ejemplo en paseos con caballos. Los cuales se utilizaban para fortalecer la autoestima de personas con enfermedades que muchas veces consideraban incurables. Con el paso de los siglos, la comunidad científica ha evidenciado los efectos positivos de estas interacciones. El sonido de los pájaros desde la ventana de una habitación de un paciente inmóvil o un perro que permanece junto a su dueño se consideran factores que favorecen la recuperación y el bienestar. Dada las pruebas que se fueron gestando, a finales de los años setenta, la terapia asistida con animales comenzó a expandirse por todo el mundo.

Asimismo, en los programas de terapia, los perros han tenido tradicionalmente mayor presencia en los tratamientos. Sin embargo, los gatos se han ido incorporando de forma progresiva. Estudios recientes han mostrado resultados positivos en el trabajo con personas que presentan trastorno por déficit de atención e hiperactividad. La interacción con gatos refuerza actitudes tranquilas y relajadas, lo que exige una mayor autorregulación por parte de la persona. Se conoce que el autocontrol que muestran los gatos transmite tranquilidad a quienes padecen ansiedad o hipertensión. Los especialistas afirman que acariciarlos reduce el estrés, disminuye la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Por otro lado, el ronroneo fomenta emociones positivas y refuerza la sensación de seguridad.
Un estudio piloto realizado en 2020 indicó que los niños con trastorno del espectro autista pueden experimentar aumentos en la empatía y disminuciones en comportamientos problemáticos después de adoptar un gato de refugio en sus familias. Para el control de impulsos, el deseo de interactuar con el gato motiva al niño a utilizar estrategias aprendidas. También hay que implementar cuidados cómo evitar acercarse rápida o bruscamente, esperar a que el animal se acerque y mantener la calma para facilitar la interacción. Esto reduce la impulsividad y aumenta las estrategias de regulación emocional. En cuanto a la tolerancia a la frustración, el comportamiento de los gatos no se rige por la deseabilidad social.
Beneficios de las mascotas en niños con autismo
Los beneficios de las mascotas en niños con autismo están respaldados por diversas investigaciones. Elegir una mascota para un niño autista es una decisión importante para toda la familia. Antes de adoptar, es necesario considerar todos los cambios que implica la integración de un nuevo miembro en la unidad familiar. Entre los beneficios documentados se encuentran el fomento del compañerismo, la enseñanza de responsabilidades y la ayuda en la regulación emocional.
Muchos niños se sienten más comprendidos por las mascotas que por los adultos, ya que los animales no juzgan, no se enfadan ni gritan. Esto facilita la comunicación, ya sea verbal o no verbal. Algunas investigaciones apuntan a una conexión entre tener una mascota y una mejor conducta prosocial. Aprender a cuidar de un animal puede ayudar a desarrollar la empatía y la consideración sobre cómo el comportamiento propio impacta en los demás. Incluso los niños pequeños pueden participar en actividades básicas de cuidado, como proporcionar comida y agua o cepillar al animal.

Sin embargo, también existen factores que conviene evaluar. La responsabilidad que implica una mascota es similar a la de adoptar a otro niño en la familia. Los niños pequeños suelen necesitar más supervisión cuando interactúan con animales para garantizar la seguridad. Algunas mascotas pueden sentirse molestas por ruidos fuertes o comportamientos impredecibles. Para los padres que ya se sienten abrumados, asumir las responsabilidades adicionales de una mascota puede resultar excesivo. Las mascotas requieren adiestramiento, atención, alimentación y cuidados veterinarios. Los niños con autismo pueden necesitar enseñanza específica para interactuar de manera segura con el animal, lo que exige una supervisión exhaustiva.
Perros de servicio para personas con epilepsia
Los animales de servicio, especialmente los perros, pueden ayudar a las personas con epilepsia proporcionando alertas de convulsiones, asistencia durante los episodios y apoyo emocional. Los perros de alerta de convulsiones muestran un comportamiento específico cuando perciben que una convulsión es inminente. Esto puede dar tiempo a la persona para llegar a un lugar seguro o avisar a un cuidador. Los investigadores no están seguros de cómo algunos perros detectan las convulsiones, si es por cambios físicos en la persona o por alteraciones en su olor.
Cabe destacar que estos no detectan los episodios antes de que ocurran, pero pueden ayudar después. Los perros de asistencia para convulsiones realizan tareas similares y además ofrecen apoyo emocional. En la mayoría de los casos, suelen estar acompañados por niños. Además de notificar a los adultos si se produce una convulsión, ofrecen consuelo y permiten que los niños duerman solos en su habitación o afronten procedimientos médicos con mayor confianza. Tener un animal de servicio conlleva responsabilidades importantes.

Requiere tiempo y energía. Es necesario asegurar ejercicio, atención y cuidados veterinarios durante toda la vida del animal. Toda la familia debe estar dispuesta a aceptar su presencia y aprender a convivir con él. La terapia asistida con animales consiste en una intervención directa con objetivos prediseñados, dirigida a personas con dependencia funcional, alteraciones psiquiátricas o trastornos de conducta. Y es necesario reconocer que el animal participa como parte indispensable del tratamiento.
Varias investigaciones documentan que entre los beneficios físicos y psicológicos se encuentran la mejora en las habilidades motoras, el equilibrio y la coordinación. Junto a esto, se ha demostrado que reduce el estrés y la frecuencia cardíaca, disminuyendo los estados de ansiedad y la depresión. También, aumenta la autoestima y la confianza en uno mismo. De igual forma, mejora el control de impulsos y reduce la conducta agresiva, estimula la memoria y otras habilidades cognitivas.
Del mismo modo ayuda a fomentar la socialización, actúa como refuerzo positivo y mejora la calidad de vida. En el caso de las personas mayores, la interacción con mascotas ha demostrado eficacia en enfermedades crónicas como las cardíacas, mentales u oncológicas. Así como en afecciones como el Alzheimer, el Parkinson, la parálisis cerebral y el deterioro cognitivo y funcional. La decisión de incorporar un animal en procesos terapéuticos o como mascota familiar debe basarse en una evaluación de las necesidades y capacidades de todas las personas implicadas, así como en el bienestar del animal.


ES UNA DE LAS TERAPIAS QUE HIZO TRIBILIN, PERO NO LE DIO RESULTADO.
Es verdad pero siempre bajo control por los riesgos de los cuales hay que ser conscientes
Tanto por parte del animal hacia un niño como viceversa hay riesgos de contagio de enfermedades como de maltrato